5 de enero de 2026

La masiva reforestación de China, llamada la Gran Muralla Verde, provoca cambios en las precipitaciones del país

 No es ningún secreto que China es especialmente hábil construyendo cosas. ¿La presa más grande del mundo? En China. ¿La red de trenes de alta velocidad más extensa? También en China. ¿El mayor parque eólico? China. ¿Una planta solar gigante? Argentina… ¿de verdad? No, también China. ¿El monumento antiguo más grande? Ya te haces una idea.

Junto a toda esa infraestructura, China también ha crecido en verde. Inspirándose en su último logro en construcción, el país comenzó en 1978 a desarrollar la Gran Muralla Verde, o “Three-North Shelterbelt”, con el objetivo de combatir la erosión del suelo y disminuir las tormentas de arena. Según medios estatales chinos, el proyecto se completó finalmente el año pasado.

Más árboles, menos agua

Según Reuters, China plantó árboles en 116.000 millas cuadradas, aumentando la cobertura forestal del país del 10 % en 1949 a aproximadamente el 25 % en 2024. Pero un estudio reciente publicado en la revista Earth’s Future revela que todos esos árboles adicionales —unos 78.000 millones desde los años 80, según algunas estimaciones— tienen consecuencias inesperadas sobre la distribución del agua en el país.

Investigadores de la Universidad de Tianjin, la Universidad Agrícola de China en Pekín y la Universidad de Utrecht en Países Bajos encontraron que entre 2001 y 2020, la mayor vegetación redujo los recursos hídricos tanto en la región monzónica del este como en la árida del noroeste. Esto es significativo, considerando que estas áreas representan aproximadamente el 74 % del territorio chino, según Live Science.

Cambios en la evapotranspiración

El estudio indica que los esfuerzos de reforestación, como la Gran Muralla Verde, junto con otros programas como Grain for Green y el Programa de Protección del Bosque Natural, ambos iniciados en 1999, aumentaron la evapotranspiración, término que combina evaporación y transpiración (el proceso por el que las plantas liberan vapor de agua a través de los estomas).

“Estos cambios provocaron variaciones en la precipitación, dirigiendo más humedad hacia la meseta tibetana, que experimentó un aumento en la disponibilidad de agua”, escriben los autores. “En contraste, el este y noroeste de China sufrieron una disminución en la disponibilidad de agua, siendo el noroeste la zona más afectada debido al traslado significativo de humedad hacia la meseta tibetana”.

Desafíos para la gestión hídrica

Al estudiar estos rápidos cambios en el uso y cobertura del suelo (LUCC), los autores también señalan que ciertas transiciones de zonas, como pastizales a bosques o tierras de cultivo a pastizales, impactaron en la evapotranspiración, la precipitación y la disponibilidad de agua de manera desigual. Por ejemplo, transformar pastizales en bosques aumentó la evapotranspiración y la precipitación, pero redujo la disponibilidad de agua.

Desafortunadamente, el agua disponible en China no se distribuye de forma conveniente para su población. Las regiones del norte concentran aproximadamente el 46 % de la población y más de la mitad de la tierra cultivable, pero solo el 20 % del agua disponible. Los autores subrayan que estos cambios en los ciclos hidrológicos deben considerarse en la planificación de futuras reforestaciones.

“Nuestros hallazgos destacan que los cambios en la cobertura del suelo pueden redistribuir los recursos hídricos entre regiones”, escriben los investigadores. “Comprender estos efectos es crucial para planificar una gestión sostenible del suelo y el agua en China”.

La dehesa extremeña se está muriendo.

 La 'seca' avanza por las dehesas de la España occidental. Y es normal, no solamente es una enfermedad grave que causa la muerte de encinas y alcornoques; es la consecuencia de décadas de malas prácticas forestales que han minado el ecosistema desde dentro. 

Pero eso no es nuevo. Hace ya muchos años que sabemos que la dehesa ibérica tiene fecha de caducidad. La novedad ahora es que los productores de jamón ibérico han empezado a darse cuenta de las consecuencias del problema y algunos de ellos han decidido tomar cartas en el asunto.

Así es como el jamón de bellota quiere salvar uno de los bosques más característicos de la península Ibérica.

¿De qué hablamos cuando hablamos de la dehesa? Empecemos por esto último: pese a lo que muchos pueden pensar desde lo alto de la Vía de la Plata, la dehesa no es "naturaleza virgen", ni nada parecido. Se trata de un complejisimo sistema agro-silvo-pastoral resultado de siglos de clareo forestal, pastoreo extensivo y usos humanos de todo tipo. 

Estamos acostumbrados a ecosistemas que se mantienen a pesar de la actividad económica, pero en este caso el ejemplo es el contrario: hablamos de una singularísima estructura productiva de cuatro millones de hectáreas de la que dependen los pastos, el corcho, la caza, la miel y, por supuesto, el jamón. Si cae la dehesa, cae la bellota y, con ella, cae el jamón.

Una pesadilla llamado 'Seca'. Ese es, al menos, su nombre popular. Se trata de un patógeno (Phytophthora cinnamomi), vinculado directamenteal decaimiento y muerte de estos bosques. El CICYTEX lo describe como una amenaza de primer orden a la dehesa ibérica. Y, en fin, tiene razón.

Es verdad que el hongo es, en cierta medida, oportunista: necesita de estrés hídrico y alternancia de periodos secos y húmedos para diseminarse e infectar los árboles. Sin embargo, una vez que hace acto de presencia, activa toda una serie de cambios funcionales (desde la defoliación y la muerte regresiva de brotes y ramos a la necrosis del sistema radical) que desembocan en la muerte del árbol.

Por eso, poco a poco, la pesadilla de la seca ha ido haciéndose más terrible y lejana.

Intervención. Hasta el punto en el que las empresas del jamón han tomado cartas en el asunto. El grupo Joselito, por ejemplo, ha invertido más de 6 millones de euros en I+D. Su apuesta es cambiar el enfoque, dejar de centrarse en conseguir mejores fungicidas y apostar por la regeneración de ecosistemas que puedan enfrentarse a las enfermedad.

Según los datos de la empresa, se han intervenido en más de 2.700 hectáreas (Badajoz, Cáceres, Sevilla y Portugal) y, por el momento, se ha conseguido una mejoría del 7,5% en índices de vegetación en zonas tratadas. No es el único proyecto y la verdad es que, a priori, son buenas noticias. Es una gota en un océano; pero es el principio de lo que quizás sea un nuevo paradigma. Y eso, al menos, nos permite encarar la situación con algo más de esperanza.

¿De quién es la dehesa? Más allá del marketing, de la necesidad de las empresas de mantener la dehesa y del cambio de concepto frente a la Seca, la iniciativa genera muchas incertidumbres. La principal tiene que ver con la privatización de la conservación del campo.

Es una buena noticia que las industrias agropecuarias empiecen a hacerse solidarias del medio en el que desarrollan su actividad. Como hemos aprendido en los últimos años, la tendencia es justo la contraria

El riesgo. Sin embargo, sostener el mantenimiento y la gestión de cuatro millones de hectáreas sobre los hombros de la industria jamonera (o sobre el resto de la que se "aprovecha" de la infraestructura productiva de la dehesa) es una decisión arriesgada. Ya hemos comprobado cómo la despoblación ha destrozado los ecosistemas de medio país: ¿de verdad queremos dejar en manos de una industria tan frágil como la agropecuaria nuestro patrimonio natural?

30 de diciembre de 2025

2 de diciembre de 2025

Una universidad colombiana construye “hoteles” para abejas y otros polinizadores

 El campus de la Universidad del Quindío, en Armenia, Colombia, es uno de los principales centros de biodiversidad de la ciudad. En este lugar, la investigadora Mónica Patricia Valencia Rojas, en colaboración con Delly Rocío García y Óscar Humberto Marín, del programa de Biología, han desarrollado una red de alojamientos poco convencionales. No están pensados para turistas, sino para otros huéspedes esenciales: los polinizadores, que enfrentan una crisis mundial.

Según la ONU, el 75 % de los cultivos alimentarios del mundo dependen de la polinización. No obstante, estas especies están desapareciendo a un ritmo alarmante por la urbanización y el uso de pesticidas.

“Los hoteles y jardines surgen como una estrategia de conservación, pero están pensados más como un recurso para educar a las personas”, explica la investigadora y líder del proyecto, Valencia Rojas.


















Mónica Patricia Valencia, profesora de la Universidad del Quindío y líder del proyecto, coordinó la apropiación social del conocimiento a partir de la comprensión de la percepción comunitaria, con el fin de diseñar estrategias de educación y cambio. Fotografía: John Aider Dávila Fernández.

No se trata de una iniciativa inexplorada. Diversas instituciones han utilizado los hoteles para polinizadores con el objetivo de acercar a la sociedad a las abejas, concienciar sobre su cuidado y derribar mitos en torno a ellas. Sobre todo en Colombia, donde existe la creencia generalizada de que solo hay un tipo de estos insectos.

“Al escuchar la palabra "abeja”, las personas piensan inmediatamente en miel y polinización", explica Delly Rocío García. De hecho, según cuenta la docente, la única mesa ciudadana para polinizadores en la ciudad giraba en torno a la apicultura. Eso planteó la hipótesis de la investigación: “Los ciudadanos solo visualizan a la abeja amarillita con rayas negras, es decir, Apis mellifera, desconociendo especies nativas”, agrega la investigadora.

La biodiversidad de las abejas

La Apis mellifera no es originaria del continente americano. Fue introducida por los europeos en tiempos de la conquista, haciendo que esta especie altamente social fuera adaptando sus gigantes colonias a los entornos del nuevo mundo y, así, dominara el forrajeo frente a otras especies. 

Al ser más robustas y contar con millones de individuos en sus colonias, Apis mellifera tiene la capacidad de llegar en masa a un cultivo y apropiarse de él, desplazando no solo a las abejas nativas, sino también a otros polinizadores. Como curiosidad, su dieta no se limita al néctar de las flores, sino que incluye diversos recursos, incluso de origen humano, como residuos azucarados en basureros.


Leer más: El declive de las abejas amenaza nuestra seguridad alimentaria


“El tamaño y forma de organización de las colonias de Apis mellifera le han otorgado un protagonismo tal que han obligado a las especies de abejas nativas a desplazarse, no solo hacia zonas más apartadas de la ciudad, sino también a desaparecer del imaginario de la comunidad”, señala García.

Algunas de estas especies son las meliponinas o ANSAs (abejas nativas sin aguijón), conocidas también como abejas “angelitas” (Tetragonisca angustula). Aunque la mayoría de las abejas son solitarias, estas forman parte del 10% que vive en colonias organizadas. Además, producen una miel muy apreciada por sus propiedades medicinales y por su valor en diversas culturas ancestrales.

No obstante, el panorama de estos insectos está cambiando gracias a los hoteles para polinizadores, que no solo constituyen una herramienta educativa, sino que atraen especies nativas que no se habían reportado en el departamento del Quindío. “Hay posibilidades de haber encontrado especies no reportadas para Colombia o potencialmente nuevas para la ciencia; estamos a la espera de los resultados”, comenta la investigadora García.


















Delly Rocío García, docente e investigadora, lideró un semillero centrado en identificar los primerosFotografía: John Aider Dávila Fernández.

Un resort amigable

Los hoteles para polinizadores tienen un diseño pensado en la comodidad de sus huéspedes. Los investigadores uniquindianos utilizaron madera reciclada de las podas hechas por la universidad para construir cajones con sustratos de arcilla, bambú o paja, y perforaciones de 1 cm de diámetro. Los techos son de color azul, el favorito de muchos polinizadores. Y para hacer del complejo algo más atractivo, a su alrededor se sembraron jardines con más de 30 especies distintas, especialmente plantas nativas.



































El equipo construyó los hoteles, reciclando la madera de árboles podados en la universidad. Fotografía compartida por la profesora Delly Rocío García

De esta forma, este complejo hotelero no solo busca ofrecer un refugio para las abejas solitarias y demás polinizadores, sino que también se suma a las estrategias colombianas para responder a un proyecto internacional que hace frente a la crisis ambiental. La Iniciativa Internacional de Polinizadores (International Pollinators Initiative) se estableció por el Convenio de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica (CDB) y es coordinada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).



Ciencia participativa para recuperar el valor de estos insectos

La estrategia de los docentes uniquindianos no solo ha beneficiado a los polinizadores, que a un mes de la instalación de los hoteles, el pasado junio, ya tenían “huéspedes” que incluían a abejas solitarias de la familia Halictidae y especies como la avispa esfécida. Su impacto también ha transcendido a la comunidad, que se ha ido apropiando del conocimiento sobre abejas y polinizadores nativos.

“El valor que la gente le ha dado a las abejas está centrado en la producción de miel y la polinización, y las amenazas principales identificadas son las fumigaciones. Además, suele confundir otras especies como moscas, avispas, abejorros con abejas, o solo identifica a Apis mellifera”, destaca Valencia, parte del equipo de investigadores colombianos que, a través de actividades lúdicas, acercaron el mundo de las abejas a la comunidad.

La tecnología también ha sido fundamental para hacer ciencia ciudadana. A través de la aplicación iNaturalist, la comunidad sube fotografías de abejas que posteriormente son identificadas. De igual forma, se dispuso en cada uno de los hoteles un código QR con el que se puede acceder a paisajes sonoros de cada uno de los ejemplares que van llegando a los albergues.

La iniciativa de hoteles para polinizadores, financiada por la Universidad del Quindío con el apoyo de Jardín Botánico del Quindío, ha comenzado a cambiar la percepción de la comunidad, que pasó de concebir en un solo tipo de abeja –vista únicamente como productora de miel y potencialmente peligrosa por su picadura– a reconocer y apropiarse de las especies nativas. El proyecto ha tenido tanto éxito que, como asegura Valencia, “la gente está pidiendo que estos jardines y hoteles se repliquen en colegios y otras instituciones”.