La ropa barata tiene un precio que no aparece en la etiqueta. Lo pagan las trabajadoras de los talleres de Bangladesh, Pakistán o Camboya, que cosen prendas por salarios que no llegan a cubrir sus necesidades básicas mientras la industria factura billones. Este 1 de Mayo, SETEM y la Campaña Ropa Limpia han presentado el manifiesto Tejiendo una Transición Justa en la Moda, una propuesta colectiva para transformar un sector que, dicen, no puede seguir funcionando sobre la explotación.
El documento ha sido elaborado junto a organizaciones aliadas de Europa y Asia, con participación directa de trabajadoras y movimientos sociales. Su mensaje central es claro: la transición ecológica de la industria textil solo será justa si va acompañada de justicia social, redistribución de la riqueza y responsabilidad real de las empresas. Sin eso, advierten, el lenguaje verde se queda en eslogan.
"Si las personas trabajadoras no cobran lo suficiente para vivir con dignidad, entonces no hay una transición justa real", resume Armin Šestić, de la organización croata Zora. "Puede haber nuevos estándares, nuevas obligaciones de reporte o un nuevo lenguaje de sostenibilidad, pero no será justa si quienes realizan el trabajo siguen atrapadas en la pobreza."
El manifiesto reclama, entre otras cosas, salarios dignos y protección social universal, reducción de la sobreproducción, voz real para las trabajadoras en la toma de decisiones, y que los costes de la adaptación climática no recaigan sobre quienes menos se han beneficiado del sistema.
En el Estado español se han adherido ya una veintena de organizaciones, entre ellas SETEM Navarra-Nafarroa, Traperos Emaús Nafarroa, Laudato Si' Navarra y la Coordinadora Estatal de Comercio Justo.
Es el inicio de una nueva democracia climática global». Con esta promesase cerró el miércoles 29 de abril la primera Conferencia para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, celebrada en la ciudad colombiana de Santa Marta. La pronunció, en nombre del país anfitrión, la ministra de Ambiente de Colombia,Irene Vélez.
La cita, en la que participaron 56 países, además de comunidades indígenas, tradicionales, organizaciones sociales y expertos, reclamó una transición energética «obligatoria, eficiente y fácilmente monitoreable». Y logró elaborar un plan inicial para acelerar el abandono de los combustibles fósiles.
«El evento ha resonado profundamente con el llamado urgente que la Iglesia católica ha formulado en sus documentos magisteriales: el fin de la era de los combustibles fósiles es un imperativo moral». Lo asegura Eduardo Agosta, director del Departamento de Ecología Integral de la Conferencia Episcopal Española.
«Aunque esta conferencia no tuvo carácter vinculante como una COP, su impacto es político y estratégico», en la línea de un «multilateralismo desde abajo», prosigue Agosta. «Los resultados servirán de base para fortalecer la posición del bloque ambicioso en las futuras negociaciones de la ONU».
Facilitará también «impulsar leyes nacionales de transición» en los países convencidos y «presionar para que los sistemas financieros globales dejen de subsidiar la destrucción del clima». Este esfuerzo refleja el llamado de Laudato si, que insiste en que «la tecnología basada en combustibles fósiles muy contaminantes […] debe ser reemplazada sin demora».
Agosta en la COP30, el año pasado, en Brasil. Foto: cedida por Eduardo Agosta.
Así, se empezará a trabajar, de momento a nivel nacional, es «la necesidad de establecer una moratoria global en la exploración de nuevos yacimientos» petrolíferos. Esta idea está íntimamente unida a lo que propone una iniciativa similar, la campaña para aprobar un Tratado de Combustibles Fósiles.
Se basa en el consenso científico de que para cumplir con el límite de 1,5ºC de aumento de la temperatura global respecto a la era preindustrial no se pueden iniciar nuevos proyectos de extracción.
Los participantes decidieron además que se realizará un mapeo global sobre los subsidios e incentivos a los combustibles fósiles. El objetivo es identificar cuánto peso tienen en las economías nacionales estas medidas, que lastran la transición energética, y diseñar estrategias para eliminarlos.
«Uno de los resultados más potentes fue el enfoque de la justicia económica», resalta además el director del departamento de Ecología Integral de la CEE. Tanto el presidente colombiano, Gustavo Petro, como otros representantes del sur «subrayaron que no se puede exigir a los países en desarrollo que abandonen sus ingresos provenientes de combustibles fósiles si están asfixiados por la deuda externa».
Es decir, «no se puede hablar de transición si esta genera más pobreza», advierte Agosta. Por ello, reclamaron que una transición justa tiene que ir acompañada de mecanismos para aliviar la deuda. Se propuso también un Fondo Global de Transición Justa que ayude a estos países a diversificar sus economías.
Así actúan las petroleras
También se puso el foco en las formas que tienen las petroleras para presionar a los Estados para no implementar legislaciones climáticas ambiciosas. Se trata, explica Agosta, de los mecanismos de solución de controversias entre inversores y estados (ISDS), que permiten a estas grandes empresas demandar a los Gobiernos si aprueban medidas que los perjudican.
Ya Laudato si habló de las limitaciones del «paradigma tecnocrático», según el cual el mercado no necesita límites éticos porque se autorregula. «En Santa Marta se avanzó en la idea de anular estas protecciones legales que blindan los activos fósiles frente al interés común. Es un paso hacia la recuperación del control político sobre la economía en favor de la vida», explica Agosta.
Acto preparatorio de la COP30 el 7 de noviembre pasado. Foto: AFP / COP30 / Rafa Neddermeyer.
Por otro lado, este experto apunta que gracias a la presencia «no meramente ornamental» de pueblos indígenas y comunidades locales la hoja de ruta exige que la nueva matriz energética sea descentralizada, democrática y respetuosa con la biodiversidad. Esto no ocurre con la actual, donde se están repitiendo patrones de explotación en la extracción de minerales, lo que ha llevado a hablar de «colonialismo verde».
El mismo León XIV durante su viaje a África denunció este fenómeno. «Es un cambio de cosmovisión», puesto que en esta cuestión «las comunidades indígenas no son una minoría más, sino los principales interlocutores».
¿Por qué ha sido más eficaz que una COP?
Una de las fortalezas del encuentro fue que «no se buscaba un consenso unánime de casi 200 países», como en el caso de las cumbres del clima. En vez de esta estrategia, que paraliza los avances, la Conferencia de Santa Marta «se diseñó como un espacio para los países que ya están listos para acelerar el ritmo».
Se buscaba crear «un bloque de más de 50 naciones decididas a implementar políticas de salida real del modelo extractivista». Es decir, la pregunta ya no era «si debemos dejar los combustibles fósiles, sino cómo hacerlo sin dejar a nadie atrás».
Este encuentro «nos ha demostrado que hay vida —y esperanza— más allá del petróleo. El camino hacia un futuro descarbonizado es complejo y lleno de retos económicos, pero por primera vez contamos con una coalición decidida a recorrerlo con una brújula clara: la justicia». La Conferencia de Santa Marta tendrá una segunda edición en Tuvalu, un pequeño país insular del Pacífico. Será en 2027.
Con motivo de la Conferencia internacional sobre transición energética que se celebra desde el 24 de abril en Santa Marta (Colombia), la Delegación de Ecología Integral de la Archidiócesis de Zaragoza ha hecho pública su adhesión a una reflexión teológica católica que respalda la propuesta de un tratado global para la eliminación progresiva de los combustibles fósiles, en comunión com el Manifiesto de la Iglesias del Sur Global por Nuestra Casa Común (Manifiesto conjunto de los organismos episcopales católicos continentales de África, América Latina y el Caribe y Asia, junto con representantes de la Iglesia católica em Europa y Oceanía)
El texto, titulado Una reflexión teológica católica sobre la propuesta de una iniciativa para un tratado sobre combustibles fósiles, sitúa la crisis climática en el terreno de la conciencia moral y la define como «un momento de la verdad» que interpela directamente a la responsabilidad de la Iglesia y de la comunidad internacional.
El documento vincula esta llamada con los grandes principios de la doctrina social de la Iglesia, como la dignidad de la persona, el destino universal de los bienes y la opción preferencial por los pobres. Desde esta clave, la transición energética deja de ser únicamente un desafío técnico o económico para convertirse en una cuestión de justicia: con las generaciones futuras, con los países más vulnerables y con quienes ya sufren hoy las consecuencias del deterioro ambiental.
En este sentido, la propuesta de un tratado internacional sobre combustibles fósiles plantea avanzar hacia una eliminación ordenada del carbón, el petróleo y el gas, complementando los acuerdos climáticos actuales y poniendo el foco no solo en las emisiones, sino también en la producción.
La reflexión subraya, además, la necesidad de una “transición justa”, que tenga en cuenta a los trabajadores y a las comunidades más afectadas, y advierte del riesgo de que la inacción o las respuestas parciales agraven las desigualdades existentes.
En un momento en el que la comunidad internacional vuelve a situar la transición energética en el centro del debate, la Delegación de Ecología Integral quiere contribuir a este discernimiento desde la fe, promoviendo una mirada que integre responsabilidad ambiental, compromiso social y esperanza cristiana.
Con esta adhesión, la Iglesia en Zaragoza se alinea con una corriente creciente dentro del ámbito eclesial que, a la luz del magisterio reciente, insiste en la urgencia de una conversión ecológica integral. Una llamada que no se limita a planteamientos teóricos, sino que invita a decisiones concretas capaces de orientar el presente y proteger el futuro común.
Recientemente, el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral y el Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida han presentado un documento conjunto fundamental: «La Ecología Integral en la vida de la Familia». Este manual no es solo una guía teórica; es un llamado vibrante a que cada hogar asuma su papel como el actor principal en la transformación que nuestro planeta y nuestra sociedad necesitan con urgencia.
La familia, protagonista del cambio
El mensaje central del documento es claro: la familia es el sujeto protagonista de una ecología integral. Al ser el grupo social más básico y el lugar donde se dan las relaciones primarias, constituye el espacio privilegiado para aprender virtudes como la paciencia, la protección de la vida y la solidaridad intergeneracional. Como nos recuerda el manual, «todo está conectado»: el ambiente, la vida familiar, la sexualidad y las relaciones sociales no pueden analizarse de forma aislada.
Un mapa práctico para el hogar
El subsidio se estructura en torno a siete temas clave que aterrizan las enseñanzas de la encíclica Laudato Si’, junto a otras encíclicas como Fratelli Tutti y Amoris Letizia, a la realidad cotidiana de los cónyuges e hijos:
Escuchar el clamor de la tierra: reconocer que la creación es un don confiado a la familia, no una propiedad absoluta.
El clamor de los pobres: fomentar la ternura y la compasión hacia los más vulnerables y combatir la «cultura del descarte».
Economía ecológica: aprender a gestionar los recursos domésticos mediante la reducción, la reutilización y el reciclaje.
Estilos de vida ecológicos: Adoptar la sobriedad y la simplicidad como caminos hacia una mejor calidad de vida.
Educación integral: Los padres tienen el derecho-deber esencial de transmitir una cultura de la vida y el respeto al ecosistema.
Espiritualidad ecológica: Cultivar una «pasión por el cuidado del mundo» (LS 216) que nazca de un encuentro profundo con Jesucristo.
Participación comunitaria: Las familias deben trabajar en red y participar activamente en la vida pública para influir en políticas más justas.
Más que acciones, una conversión del corazón
El manual no solo ofrece propuestas de actuación, como el compostaje, el ahorro de agua o el voluntariado, sino que también invita a una reflexión profunda mediante preguntas diseñadas para el diálogo familiar. Se trata de gestar grandes procesos de transformación que operen desde las profundidades de la sociedad.
El mensaje de este subsidio puede expresarse con esta imagen:
La familia es el «jardín doméstico» (el Carmelo doméstico) donde se cultivan las semillas de un mundo nuevo. Así como un jardín necesita raíces sólidas (la fe y la educación) para que sus plantas crezcan y den fruto, la familia es el suelo fértil donde el amor se transforma en gestos cotidianos de cuidado. Cada hogar es un ecosistema de vida que, al florecer en armonía, tiene el poder de transformar el desierto de la indiferencia global en un vergel de esperanza y fraternidad para toda la familia humana.
Presentación de la asociación Laudato Sí Navarra.UNAI BEROIZ
Tras dos años de actividad continuada, en la que destacan sus salidas de naturaleza e historia a Irati, Doneztebe, Pitillas o la Valdorba, varias plantaciones de árboles, celebración de jornadas relacionadas con el medio ambiente (como los dias de la Tierra y el Agua o el Tiempo de la Creación, en septiembre y octubre), o charlas sobre las sucesivas cumbres del clima, la COP, o las elecciones europeas y la agenda verde europea, la asociación Laudato Si Navarra-Nafarroa convocaba el viernes pasado en Civivox Iturrama un sencillo acto de presentación pública donde explicar sus objetivos e invitar a formar parte de la asociación.
Asistieron unas 60 personas procedentes en su mayor parte de Pamplona y Comarca: algunas integradas en parroquias, colegios, o diversas comunidades religiosas; y otras muchas sin vinculación con grupos pero interesadas en la filosofía Laudato Si.
Laudato Si Navarra se constituyó como asociación el año pasado, con la finalidad principal de “concienciar y cuidar el medio ambiente del Planeta y a todas las personas que lo habitamos”, para lo cual apoya la labor de los grupos Laudato Si que existen ya en Navarra, impulsa la creación de nuevos grupos, divulga el mensaje de la encíclica Laudato Si en la sociedad navarra y propone y coordina diversas acciones conjuntas de celebración, formación, talleres, incidencia social y política, excursiones y paseos naturalísticos.
Tras una somera relación de las actividades realizadas por la asociación hasta el momento, se abrió un turno de preguntas y sugerencias, donde se anunció la convocatoria de una primera asamblea para el próximo curso, donde socias y socios renovarán la Junta provisional ahora vigente y se aprobará el programa y presupuesto correspondiente. Igualmente, a raíz de algunas preguntas, se aclaró que la asociación no tiene carácter religioso, sino enteramente civil, aunque en coherencia con sus objetivos mantiene relación cercana con la Delegación de Ecología Integral de la Diócesis de Pamplona y Tudela y con otros organismos religiosos.