22 de septiembre de 2026

Compromiso con la Casa Común y la Justicia. De la escucha a la acción junto al papa León XIV.

Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.
Director del Departamento de Ecología Integral conferencia Espicopal Española

Del 9 al 12 de septiembre de 2026, la Santa Sede fue escenario de un encuentro histórico que marcó un hito en el camino de la ecología integral y el diálogo socioambiental. Bajo el impulso del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la Conferencia Eclesial Amazónica (CEAMA), la Pontificia Comisión para América Latina (PCAL) y la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB), nos reunimos en Roma junto a líderes sindicales, académicos, organizaciones eclesiales, empresarios, bancos de desarrollo y organismos internacionales para consolidar una «Agenda de responsabilidad compartida Norte-Sur».

En este marco, tuvimos el profundo honor de ser recibidos en audiencia por el papa León XIV, quien no solo respaldó este esfuerzo multisectorial, sino que también bendijo y dio luz verde a una agenda de seis proyectos estratégicos de solución diseñados para afrontar las grandes transformaciones de nuestro tiempo. Entre ellos, la iniciativa sobre «evaluación e integridad socioambiental de la actividad minera (minería justa)» ha sido aprobada como uno de los seis proyectos de alcance global, en calidad de proyecto piloto. En ella, el carmelita fray Eduardo Agosta, nuestro director, ha puesto gran esfuerzo de colaboración, con la esperanza y responsabilidad de operativizar los principios éticos de una transición energética justa.

Construir sobre roca: La mirada del papa León XIV

En sus palabras a la delegación, el Santo Padre nos recordó que la Doctrina Social de la Iglesia no es un mero manual abstracto de normas, sino «un proceso de discernimiento compartido» orientado a proteger a los más vulnerables y garantizar el bien común.

Inspirándose en la figura bíblica del profeta Nehemías, quien, ante una Jerusalén en ruinas, organizó a su pueblo para reconstruir la ciudad, León XIV nos convocó a entrar sin miedo en las «obras de la historia»: los laboratorios de investigación, las universidades, los sindicatos y las comunidades locales. Con su llamado a asumir la «lógica de la subsidiariedad», cerró su mensaje con palabras que resumen la esencia de nuestro compromiso:

«A cada persona le corresponde el tramo de muralla que le toca edificar […] Que el progreso de nuestro tiempo no deje nuevas ruinas a su paso, y que todo lo que construyamos sea verdaderamente una casa y un refugio para todos, empezando por los más necesitados».

Nuestro compromiso: ciencia, transparencia y dignidad en el territorio

Nuestro proyecto de evaluación de la integridad socioambiental en sitios mineros nace con una intención clara y transparente: poner la ciencia universitaria independiente al servicio de las comunidades, de la justicia social y de la protección de la Casa Común.

Lejos de cualquier intento de encubrimiento o de negociación táctica, la iniciativa se fundamenta en la rigurosidad y la veracidad fáctica. A través de la red de universidades católicas (ODUCAL), con el liderazgo de la PUC-Rio, laboratorios acreditados bajo estrictos estándares (norma ISO/IEC 17025), herramientas de monitoreo participativo comunitario (Mecanismo de Alerta Comunitaria – MAC) y registros digitales inalterables, queremos demostrar que es posible auditar de manera independiente y con justicia la actividad extractiva, midiendo parámetros ambientales, laborales (alineados con la OIT), sociales y de seguridad territorial, en consonancia con los principios éticos de la justicia integral.

Buscamos demostrar que la transición energética justa no puede realizarse a costa del sacrificio socioambiental del Sur global ni de la precarización del trabajo. La verdad de los datos es la única base sólida para construir confianza, prevenir conflictos y promover la paz social.

La cultura del encuentro como método

Este proyecto piloto y la agenda respaldada por el papa León XIV son el testimonio vivo de la «cultura del encuentro». Frente a un mundo marcado por la polarización y las narrativas contrapuestas, sentar a la misma mesa a la Iglesia, la academia, las centrales sindicales, las organizaciones eclesiales, la gobernanza climática (UNFCCC) y el sector productivo demuestra que las diferencias no son un obstáculo, sino una fuente de energía creativa cuando están guiadas por la corresponsabilidad.

Como miembros de la comunidad de fe, asumimos con humildad y determinación este «tramo de muralla» que se nos ha encomendado. Seguimos caminando juntos, convencidos de que la fe, el rigor científico y el diálogo sincero son los puentes indispensables para cuidar nuestra Casa Común y garantizar una vida digna para todos.

Maite Mompó: «Destruir la casa común es un ecocidio»

Este mes de septiembre, la Santa Sede ha puesto sobre la mesa el pecado que constituye «infringir daño a la naturaleza». Lo ha hecho a través de un documento, donde también nombra el ecocidio, un término sobre el que esta albaceteña lleva trabajando casi diez años. Actualmente es directora del movimiento Stop Ecocidio en lengua hispana y el 23 de septiembre estará en la Fundación Pablo VI hablando sobre inteligencia artificial (IA) y ecología integral.

—Su trabajo se vertebra en torno al término ecocidio. ¿Qué es exactamente?
—El ecocidio se resume en causar un grave daño extenso y / o duradero a la naturaleza. Aquí en España tenemos el ejemplo del Prestige, cuyo vertido no solo alcanzó a las costas de Galicia y al Cantábrico español, sino también a otros países como Portugal y Francia.

—¿Qué hace el movimiento Stop Ecocidio?
—Nuestro objetivo es que se reconozca el ecocidio como el quinto crimen contra la paz bajo la jurisdicción de la Corte Penal Internacional (CPI) y que también se incluya como delito en las legislaciones nacionales y regionales. La CPI, que juzga los crímenes más terribles, recoge cuatro: genocidio, crímenes de guerra y de lesa humanidad, y crimen de agresión. Queremos que el ecocidio sea el quinto crimen mundial.

—¿Por qué?
—Porque asistimos a una destrucción a gran escala de las bases de la vida planetaria y no tiene consecuencias penales. La impunidad es total y nosotros queremos responsabilidades penales individuales para los que toman decisiones.

—¿En qué punto se encuentran esas negociaciones?
—En 2024 se ingresó la propuesta en la CPI para modificar el Estatuto de Roma e incluir el ecocidio. También en la directiva europea sobre delitos ambientales se ha incorporado como un delito cualificado y el nuevo convenio de protección del medio ambiente del Consejo de Europa ha incluido delitos comparables. En muchos países se están desarrollando leyes nacionales; el último ha sido Mauricio, y Croacia está a punto de hacerlo. Bélgica, Francia y Chile ya lo tienen. Los avances han sido enormes en muy poco tiempo.

—En Magnifica humanitas, el Papa advierte del impacto ambiental oculto de la IA y extiende el concepto de casa común al entorno digital. ¿Estamos subestimando esta nueva forma de impacto?
—Al comienzo de una actividad, los seres humanos deberíamos poner la protección de la naturaleza en primer lugar y minimizar a casi cero el impacto en ella, y esto no se está haciendo con la IA. La estamos desarrollando y nos hemos volcado en ella sin ver su efecto en el consumo de agua, energía o minerales raros. Y también sobre la propia dignidad humana. La mayoría de las empresas que pueden causar daños ambientales incluyen ya en sus presupuestos la posible multa que van a pagar.

—En el reciente documento publicado por la Comisión Teológica Internacional habla del término ecocidio y propone el «pecado ecológico».
—Es muy interesante, porque se ha acotado en una terminología adecuada a la Iglesia la destrucción ambiental, que se especifica como un pecado contra la creación y el Creador. Al parecer, el ecocidio está ya incluido dentro de ese «pecado ecológico», que va más allá, porque también lo define como una desobediencia a Dios. Cuando en vez de cuidar la casa común la destruimos, eso es un ecocidio y estamos pecando, según respalda ese documento pastoral.

—¿Qué tendría que cambiar en la manera en que desarrollamos y utilizamos la IA para que sea compatible con la ecología integral?
—Tendría que desarrollarse de forma que acompañe a la naturaleza, no contra ella, y que los humanos siempre tengan control de los sistemas. Además, hay que aprovechar la parte buena que nos puede dar, porque puede ayudar a conservar mejor lo que tenemos y a regenerar la Tierra. Cuidar la casa común es una obligación de todos los católicos y la IA puede ayudar en esta tarea.

Reflexión para el Tiempo de la Creación: «Agua que brota de la fuente»

 «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te pide de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.» (Jn 4,10)

I. El Cántaro de la Cotidianidad: Junto al pozo, junto al río

El papel fundamental de las mujeres en la gestión del agua y el cuidado del medio ambiente es hoy incontestable. En nuestras tierras amazónicas, como en tantas geografías del mundo en África o en Oriente Medio, hay imágenes profundamente grabadas en nuestro imaginario: ver a las mujeres en los márgenes de los ríos lavando sus ollas, la ropa, o cargando baldes y cántaros hasta sus casas al inicio del día o al terminar la jornada, después de bañar y asear a sus hijos.

En la Biblia, el agua entrelaza constantemente la vida cotidiana. Buscar agua era la tarea diaria que convertía a los pozos y manantiales en puntos clave de encuentro social y en escenario de relatos trascendentales. Como aquella mujer de Samaria que llegó al pozo de Jacob con su cántaro (cf. Jn 4,1-42), son las madres, abuelas y jóvenes de Loreto quienes abren la puerta de la casa desde la madrugada, bajan por la escalinata de barro hacia el puerto y sostienen con sus manos la vida del hogar entero.

Por décadas, el pozo y la ribera han sido el espacio cotidiano al que se ha reducido a las mujeres para socializar y compartir los acontecimientos del día a día. Ha sido un tiempo robado al descanso y a la organización comunitaria por estar dedicadas exclusivamente a las tareas de cuidado. Sin embargo, esta historia la estamos cambiando: hoy, el cántaro de la rutina se transforma en conciencia y en causa compartida.

II. «Dame de beber»: La paradoja del agua viva y la fuente sedienta

En la Biblia, el contexto de la revelación es frecuentemente el desierto y la escasez. En Loreto, en cambio, vivimos la conmovedora paradoja de estar rodeadas de agua sin «agua viva». En la cultura judía, la expresión «agua viva» se refería al agua pura y corriente, proveniente de la lluvia y del arroyo natural, indispensable para los rituales de purificación y restauración de relaciones. En Loreto, rodeadas de cochas, quebradas y ríos navegables, casi el 30% del territorio es humedal, pero la mitad de la población no tiene conexión a una red municipal, y beber directamente de las quebradas o bañarse en aguas transparentes va quedando relegado a la memoria de las generaciones más antiguas, que conocieron épocas de abundancia cuando el agua no era mercancía ni objeto de explotación, sino lugar de relación sagrada.

Al hablar del agua, nuestro lenguaje revela su condición viva: hablamos de «cuerpos de agua», de «ojos de agua» para nombrar los manantiales subterráneos, de «brazos del río» para sus afluentes y de la «boca del río» para su desembocadura. Expresamos así una corporalidad latente. El pueblo Kukama enseña que el río tiene boca, brazos, lomo y que tiene «madre» porque en él habitan otras gentes; por eso el río es sujeto de derechos, tal como un grupo de mujeres valientes logró recientemente reconocer para el río Marañón y sus afluentes.

Jesús entabla diálogo con la mujer samaritana en el Pozo de Sicar, en el lugar mismo de su cotidianidad, y le pide: «Dame de beber» (Jn 4,7). Es el mismo pedido que hace al inicio de su misión en el Evangelio de Juan y al final de su vida en la Cruz: «Tengo sed» (Jn 19,28). Allí, acompañándolo al pie de la Cruz, las mujeres contemplan la paradoja de la Fuente Sedienta. Es la misma sed que sienten hoy los pueblos de nuestro territorio: la sed de anticipar el Reino. La sed de Jesús en la Cruz desbloquea el manantial definitivo. El agua brota ya no solo del pozo de Samaria ni de las estructuras del Templo, sino de su propio cuerpo entregado, del mismo modo en que las mujeres, al dar vida, abren sus entrañas y derraman el «agua de fuente» (el agua de raíz, como ellas mismas la llaman).

III. La esponja con vinagre (posca) y las heridas de nuestras aguas

En el Calvario se produce un estremecedor choque entre el «agua viva» y la «posca» (el vino agrio). La vasija llena de vinagre (Jn 19,29) contenía la bebida avinagrada que usaban los soldados romanos. Jesús ofrece un agua pura, dulce, corriente y medicinal (Jn. 4,14), y el mundo le devuelve agua estancada, agria y retenida en una esponja. Cuando la Fuente de la vida tiene sed, la creación herida por intereses puramente económicos solo le ofrece agua ácida, contaminada con mercurio, petróleo y coliformes.

Jesús absorbe en la esponja la escasez y la miseria humana antes de liberar el Manantial Definitivo: el vinagre entra para que el agua pura pueda brotar. Jesús moja sus labios con el agua agria del mundo para cerrar el antiguo ciclo de sequía. Como mujeres consagradas e itinerantes en Loreto, hemos bebido y bebemos junto a tantas mujeres ribereñas este «agua avinagrada» marcada por los vertidos tóxicos y el abandono.

La esponja fue colocada en una rama de hisopo, la planta litúrgica que se sumergía en agua y sangre para los rituales de purificación y para marcar las puertas en la primera Pascua tal como las mujeres de nuestras comunidades conocen y usan las plantas medicinales para sanar y purificar. Al gritar «Tengo sed», Jesús experimenta la deshidratación identificándose con los 2.200 millones de personas en el mundo que carecen de agua potable, y con el 93,5% de la población de Loreto no tiene agua segura para tomar, privada de este derecho fundamental por causa del extractivismo desenfrenado.

La falta de saneamiento es una herida social abierta en las aguas residuales de Iquitos y en los desagües a cielo abierto de nuestros asentamientos humanos. Ver a los niños jugar entre la basura y beber agua contaminada que causa enfermedades y muertes nos confirma que esta es una realidad que clama por sanación. El «hisopo moderno» exige infraestructuras dignas de agua limpia que devuelvan la salud y el derecho a nuestras comunidades.

IV. La Fuente Abierta: De la deuda social al agua de la vida

La gratitud de la Fuente que brota del costado traspasado de Jesús y del cuerpo de las mujeres al dar a luz choca frontalmente con el agua convertida en simple mercancía privatizada. ¿Cómo es posible que, en la comunidad de Trompeteros, a orillas del río Marañón, una familia tenga que pagar 7 soles por un galón de agua para beber?
Si la vida se nos da gratuitamente, el agua debe compartirse sin exclusión. Como nos recuerda el Papa Francisco en Laudato Si’, el acceso al agua potable es un derecho humano básico, fundamental y universal que determina la supervivencia de las personas (LS 27-31). La escasez y la contaminación no son desastres accidentales, sino consecuencias de decisiones políticas e injusticias sistémicas.

Como mujeres creyentes y consagradas, no podemos permanecer junto a la Fuente de agua viva y tolerar que nuestros hermanos enfermen o mueran por consumir agua contaminada. Con Jesús queremos seguir gritando en este Tiempo de la Creación: «Tengo sed». Luchar por este derecho no es una obra de caridad facultativa; es devolver al pobre lo que le pertenece y le ha sido retenido (cf. Populorum Progressio, 23).

 

Vida Consagrada · Vicariato Apostólico de Iquitos
Maria Eugenia Lloris Aguado, Fraternidad Misionera Verbum Dei
Yolanda Guzmán Ruiz, Misionera Verbum Dei
Maria Elena Bravo Cubas, Compañía de Maria
Auria Saavedra Pisco, Misioneras Agustinas

«La transición energética debe ser justa e inclusiva»

 «Sobre todo, independencia y tranquilidad». Así explica John Arias, participante en la formación en aerotermia de Cáritas Madrid y Fundación Endesa, lo que le ha devuelto una oportunidad laboral después de más de tres años buscando trabajo. Durante ese tiempo hizo diferentes cursos, tanto con Cáritas como con otros lugares, realizó voluntariado en Cruz Roja y trató de ocupar su tiempo aprendiendo todo lo que podía.

Cuando le hablaron de la posibilidad de una formación en aerotermia, John no conocía mucho sobre este sector. «Pero lo vi como una oportunidad para aprender algo nuevo y adquirir una formación que pudiera ayudarme a encontrar trabajo». Durante el curso fue descubriendo que era «un sector con futuro y con posibilidades reales».

Para John, tener un trabajo supone mucho, pero no es lo único que valora. «Tener un empleo es importante, porque te da estabilidad y te permite valerte por ti mismo, pero no creo que el objetivo tenga que terminar ahí». Lo que más destaca de la formación es el conocimiento: «El empleo puede cambiar, pero lo que aprendes permanece contigo y te permite seguir adaptándote y aprendiendo».

Su experiencia es también la historia que hay detrás de los datos de esta iniciativa. Doce personas han recibido formación especializada en aerotermia y cinco de ellas encontraron empleo pocos días después de finalizarla. El itinerario ha incluido formación técnica, prevención de riesgos, competencias transversales y prácticas en empresas.

Para Alfonso Loriga, responsable del Centro de Formación de Cáritas Madrid, el resultado confirma la importancia de apostar por profesiones que tengan una demanda real. «Dentro de la programación de Cáritas Madrid intentamos hacer cursos en sectores emergentes donde la posibilidad de contratación de las personas que formamos sea lo más fácil y rápida posible. En estos momentos, el sector de la aerotermia es uno de ellos».

La elección no fue casual. «La colaboración con el tejido empresarial es fundamental a la hora de diseñar nuevas formaciones a través de la agencia de colocación. Nos llegan propuestas de solicitud de personas formadas en este sector y cualificadas, por lo que fue muy fácil saber dónde estaba la oportunidad», explica Loriga.

Ya desde hace un par de años, la entidad ha pasado de hacer formaciones y presentarlas después a las empresas a preguntarles «qué tipo de formaciones necesitan». La razón está clara: «Son ellos los que al final van a contratar a las personas que formamos y, por lo tanto, tenemos que ir muy de la mano a la hora de generar este tipo de acciones».

Esto no significa abandonar otras formaciones que Cáritas ha realizado históricamente. Hay personas que necesitan un reciclaje, organizar su vida en cuanto a horarios y tiempos o recuperar la confianza necesaria para volver a realizar una búsqueda activa de empleo. Pero, en aquellos casos en los que existe una oportunidad clara, el objetivo es conectar la formación con el mercado.

No solo transición tecnológica

La colaboración con Fundación Endesa incorpora, además, la perspectiva de la transición energética. Ana Berengena Collantes, directora de Proyectos de Fundación Endesa, explica que desde la entidad creen «en una transición justa y sostenible, mejorando la vida de las personas y su entorno». Por eso, añade, la transición «debe traducirse en oportunidades reales para las personas». La aerotermia es una tecnología vinculada «a la eficiencia energética y a la electrificación de la demanda, con una demanda creciente y una clara proyección de futuro», por lo que les pareció «una excelente oportunidad para formar a personas en situación de vulnerabilidad y conectarles con un sector que necesita cualificación».

Berengena considera que la transición energética va a requerir nuevos profesionales en energías renovables, eficiencia energética, electrificación de los consumos, rehabilitación de edificios y nuevas tecnologías energéticas. Y esa transformación no será solo tecnológica. «La transición energética solo será verdaderamente exitosa si es también justa e inclusiva», afirma. «No se trata únicamente de transformar la forma en que producimos y consumimos energía, sino de garantizar que nadie quede atrás».

Esta iniciativa cobra especial sentido durante el Tiempo de la Creación, cuando la Iglesia pone el foco en el cuidado de nuestra casa común. «No podemos decir que cuidamos el planeta si no cuidamos a la persona y, sobre todo, si no cuidamos a las personas que están en un riesgo de exclusión y en una situación de vulnerabilidad», concluye Loriga.

La historia de John, después de años esperando una oportunidad, no termina con un contrato. «Para mí esto es un punto de partida, no un punto final».

La Iglesia auspicia la paz frente a la degradación ecológica

 Violencia y degradación ecológica no son líneas infinitas sin puntos de intersección. Así lo aseguró León XIV en su mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, una celebración que marca el inicio del Tiempo de la Creación en el que estamos inmersos: «La guerra deja una destrucción social y ecológica que perdura por generaciones». Más aún, «la interacción entre conflictos armados y degradación ambiental a menudo crea círculos viciosos que destruyen ecosistemas, contaminan recursos esenciales, como el aire y el agua, y merman la seguridad de los alimentos».

Pero lejos de ser una hipótesis, las palabras del Pontífice se encarnan en infinidad de zonas de la geografía mundial. México es una de ellas. «La violencia que vivimos en el país tiene un impacto directo sobre los recursos naturales», asegura el padre Jorge Atilano González, que es el director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz. Se trata de una iniciativa impulsada por la Conferencia del Episcopado Mexicano y la Compañía de Jesús —junto con la sociedad civil, universidades y otros colectivos— para reconstruir el tejido social y combatir la violencia. «Hay grandes zonas del país controladas por la delincuencia». En ellas, por un lado, «se da la mercantilización de la vida, a través del secuestro y la extorsión». Pero también «sufrimos la apropiación de bosques y la tala ilegal de árboles. Arrasan con todo para luego vender la madera», denuncia Atilano. 

Amor frente a los homicidios

Frente a estas prácticas, el Santo Padre en su mensaje llama «a construir una civilización del amor». Un horizonte que en México, a pesar de que en 2025 todavía hubo 27.989 homicidios —según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI)—, no se percibe como imposible. De hecho, el dato es un 16,6 % menor que el de hace un año.

Entre las causas hay que citar al Diálogo Nacional por la Paz, que nació entre 2022 y 2023, y que desde entonces ha desarrollado cientos de proyectos en las zonas afectadas por la violencia. «Hemos montado 200 consejos de paz y justicia cívica y se han creado también más de 300 mesas de diálogo, hemos implementado programas de salud mental…».

Como objetivo común a todas estas iniciativas, el director ejecutivo habla de «rehacer el tejido social, recuperar el sentido de pertenencia, la confianza, la participación ciudadana» o de «articular puentes entre las distintas fuerzas de seguridad para que pueden colaborar contra la corrupción».

Un militar destruye una de las armas entregadas en el marco de la iniciativa 'Sí al desarme, sí a la paz'

Un militar destruye una de las armas entregadas en el marco de la iniciativa Sí al desarme, sí a la paz. Foto: @padrehayen.

Armas por juguetes 

La contención de los datos sobre violencia también tiene que ver con la iniciativa Sí al desarme, sí a la paz puesta en marcha por el Gobierno de México, en la que ha colaborado la Iglesia católica. De hecho, muchos de los puntos de recogida de armas se encontraban en parroquias o incluso en catedrales. «Se trata de un desarme voluntario. Cualquiera podía ir a entregar un arma y, a cambio, se le recompensaba con dinero en efectivo o con material educativo y de ocio para los niños», explica Jorge Atilano González en conversación con Alfa y Omega.

Entre octubre de 2024 y julio de 2026 los mexicanos entregaron 11.500 armas de fuego. Además, se sacaron de la calle 700.000 cartuchos y 2.000 granadas.

Arrasan cultivos para coca

Junto con México, en Colombia también se ha violentado la casa común con fines espurios. Allí el «círculo vicioso» que denuncia el Papa tiene nombre propio: Erythroxylum coca. Ese es el nombre técnico de la hoja de coca, a partir de la que se elabora la cocaína. «La demanda internacional de esta droga hace que se hayan multiplicado los cultivos en nuestro país», lamenta el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social – Cáritas Colombiana (SNPS-CC), Juan Carlos Barreto, que atiende a este periódico en mitad de la Semana por la Paz. «Es una iniciativa anual con la que, a través de actividades de todo tipo, desde eclesiales hasta deportivas, tratamos de animar la reflexión en torno a la construcción de la paz y la eliminación de la violencia».

En el país, según Barreto, hay cerca de 260.000 hectáreas dedicadas a la coca. Parte de ellas se han plantado arrasando los cultivos originarios. «El problema es que hay zonas que no están controladas por el Estado». Allí los grupos armados campan a sus anchas y «han obligado a los campesinos a plantar la coca». Para ellos, además, es una forma de subsistencia ante «al abandono estatal y las necesidades económicos que padecen».

Sin embargo, «cuando el campesinado es apoyado —concluye el también obispo de Soacha— la situación cambia por completo». Se hace honor de alguna forma al título del mensaje del Papa para mensaje para la Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación: Con sus espadas forjarán arados y podaderas con sus lanzas. Unas palabras de Isaías que en Colombia han tomado la forma de todos esos «campesinos» que «al ser apoyados han dejado los cultivos de uso ilícito y han vuelto a la senda de una agricultura respetuosa con la vida y la casa común».