27 de abril de 2026

40 años del accidente de Chernóbil: del pánico al replanteamiento del uso de la energía nuclear en Europa

 El accidente del reactor nuclear de Chernóbil, en la URSS, hace 40 años, representa el mayor desastre de su tipo en la historia y generó un punto de inflexión sobre el uso de la energía nuclear en Europa que aún perdura. 

La catástrofe ha marcado la percepción social, así como las políticas públicas energéticas del viejo continente, por cuatro décadas, transformando la gobernanza nuclear a nivel internacional e impulsando el abandono institucional de esta tecnología. 

Sin embargo, la crisis energética global y la inteligencia artificial podrían reconfigurar la estrategia energética nuclear de Europa.

Todo ocurrió el 26 de abril de 1986. El peor accidente nuclear de la historia tuvo lugar como resultado de fallos en el diseño y la operación de los reactores. En realidad, fue una combinación de fallos humanos, diseño defectuoso del reactor RBMK y la desactivación de sistemas de seguridad que provocaron una enorme explosión que expulsó grandes cantidades de material radiactivo a la atmósfera, varias veces superior a las bombas nucleares de Hiroshima y Nagasaki

El impacto humano, político y ambiental

Las consecuencias fueron catastróficas: cientos de personas muertas (31 de ellas fallecieron en el momento) o afectadas por la radiación, a la que estuvieron expuestas más de ocho millones de personas en Ucrania y en otros países

Instituciones como la Organización de Naciones Unidas (ONU), la Organización Mundial de la Salud (OMS) o el Organismo Internacional de Energía Atómica (OEIA) debaten la suma de fatalidades, que podrían alcanzar los 100 000 muertos. Se calcula que ha habido entre 9 000 y 3 000 muertes causadas por cáncer y anomalías congénitas en las regiones afectadas del norte y este de Europa (Bielorrusia, Ucrania, Rusia, Alemania y Reino Unido).

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La nuble tóxica radiactiva alcanzó el 40 % de Europa. Materiales radiactivos como el cesio-137 siguen presentes en el medioambiente, cerca de medio siglo después, según el Comité Científico de las Naciones Unidas sobre los Efectos de la Radiación Atómica. El evento destruyó el llamado “bosque rojo”, con una mortalidad masiva de flora y fauna.

Edificios abandonados de una ciudad inundada de vegetación con la central de Chernóbil al fondo

















Una vista aérea de la ciudad de Pripyat, abandonada desde el accidente, situada a tres kilómetros de la central nuclear de Chernóbil. Petr Pavlicek/OIEA/FlickrCC BY-SA

El pánico generalizado

Podemos señalar que el impacto de Chernóbil fue multidimensional. Más allá de la tragedia humana y ambiental, el desastre redefinió la estrategia energética de Europa por cuatro décadas. Esta incluía el abandono paulatino de las energías nucleares como resultado del pánico generalizado a los riesgos del accidente radiactivo. 

La pésima política de gestión de las crisis por parte de la Unión Soviética disparó un miedo generalizado en la población de Europa que resuena en los grupos ecologistas, políticos y representantes de la UE. Fue tal su impacto social que pese a la altísima dependencia energética del Viejo Continente, la capacidad instalada se ha venido desmantelando desde la tragedia.

El proceso de desmantelamiento de la energía nuclear ha pasado por varias etapas. Desde una creciente legitimidad y cuestionamiento a finales de los 80 a un abandono por parte de Alemania del modelo en los 90. La preocupación por el cambio climático y la seguridad ambiental de los 2000, aunada al incidente de la central de Fukushima (Japón), terminaron de condenar a la energía nuclear al ostracismo. 


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Países como Italia y Suiza se sumaron al rechazo nuclear, mientras que Francia, Reino Unido y Europa del Estemantuvieron o han expandido sus capacidades.

Europa enfrentará en los próximos años una demanda de generación eléctrica que no alcanza para la nueva etapa de desarrollo tecnológico. Sobre todo, para impulsar la digitalización y la inteligencia artificial, dos áreas estratégicas para el futuro desarrollo. El informe Draghi sobre la competitividad de la Unión Europea (UE) destaca esa necesidad. El Viejo Continente está inmerso en una transición energética, sustentada en las energías renovables que buscan en el fondo la soberanía energética, pero que avanza lenta frente a las disrupciones tecnológicas.


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El ecosistema energético y la inestabilidad geopolítica global

Los mercados energéticos son altamente volátiles y vulnerables a los conflictos geopolíticos. Testimonio de ello son los efectos en el suministro y precio de los hidrocarburos después de la invasión de Ucrania en el 2022, y recientemente con el conflicto en medio oriente. Estos eventos han causado importantes disrupciones en el mercado de gas natural y petróleo. 


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Estas variables han puesto de manifiesto la fragilidad del ecosistema energético y la vulnerabilidad europea por su alta dependencia de las energías fósiles externas. 

Múltiples voces llaman a repensar la estrategia energética europea en el mediano plazo, a no esperar a nuevas tecnología que mejoren la producción, intermitencia y almacenamiento de las energías renovables; a no cerrar la puerta a la siempre constante energía nuclear. 

Muchos tabúes se construyeron hace cuatro décadas sobre los riesgos y gestión de las plantas nucleares. Hoy representan una alternativa viable para mantener a Europa en la competencia tecnológica global. La estrategia fue desconectarlas, en lugar de mejorar su desempeño y gestión. Es necesaria una revalorización estratégica de la producción nuclear de electricidad.

Cuatro décadas después, el desastre de Chernóbil sigue influyendo tanto en la percepción pública como en la formulación de políticas relacionadas con el uso de la energía nuclear y la autosuficiencia estratégica de Europa. La alta dependencia energética sigue condicionando la competitividad de la UE. 

En el contexto del 40 aniversario del accidente adquiere renovada relevancia repensar la alternativa nuclear.

Chernóbil, 40 años después: un refugio natural en guerra

 El 26 de abril se cumplen 40 años de la explosión en el reactor 4 de la central nuclear de Chernóbil (Ucrania), que causó la mayor liberación de material radiactivo al medio ambiente de la historia. Las predicciones en el momento del accidente indicaban que la zona afectada se convertiría en un lugar inhabitable, desprovisto de vida durante miles de años. Una idea que sigue en la mente de mucha gente.

Pero la realidad es bien distinta. Cuatro décadas después, Chernóbil se ha transformado en una de las mayores reservas naturales de Europa. Con una extensión de más de 4 500 km², su superficie es mayor que la de casi cualquier parque nacional del continente. En esa zona la actividad humana ha cesado prácticamente por completo, dejando espacio a la naturaleza.















Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania), noviembre de 2019. Denis Vishnevskiy (Chornobyl Radiation and Ecological Biosphere Reserve)CC BY

La situación actual de la fauna

Los trabajos desarrollados durante años por investigadores ucranianos e internacionales han mostrado que Chernóbil mantiene hoy una diversidad y abundancia de fauna excepcional. Allí se encuentra ahora la mayor densidad de lobos de toda Europa. El oso pardo, que había sido cazado hasta la extinción, vuelve a ocupar sus bosques. La zona es el hábitat natural de linces boreales, castores, nutrias, urogallos, cigüeñas negras, pigargos… Más de 200 especies de aves se han visto en la zona, muchas de ellas amenazadas a nivel continental.


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Un ejemplo revelador es el de los caballos de Przewalski. Una especie recuperada de la extinción a partir de sólo doce ejemplares mantiene hoy en el área una de las mayores poblaciones naturales del mundo. Desde su liberación en 1998, su población se ha multiplicado por siete. Los caballos no muestran ningún síntoma de mala salud, ocupando incluso el “bosque rojo”, una de las zonas más afectadas inicialmente por la contaminación radiactiva.























Caballo de Przewalski en la Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania), enero de 2017. Denis Vishnevskiy (Chornobyl Radiation and Ecological Biosphere Reserve)CC BY

El territorio se encuentra en plena trasformación ambiental. Los campos de cultivo han sido sustituidos por bosques. La superficie forestal se ha duplicado desde el accidente. Las especies dependientes de la actividad agrícola, como golondrinas, aguiluchos y cernícalos, han disminuido su abundancia. Sin embargo, especies forestales como pigargos, águilas moteadas y alcotanes han incrementado su número. Estos procesos son consecuencia del cambio ecológico, no de la radiación.
















Bosque en la Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania), julio de 2019. Denis Vishnevskiy (Chornobyl Radiation and Ecological Biosphere Reserve)CC BY

Desde 2016, trabajamos en Chernóbil evaluando la situación de la naturaleza de la Zona de Exclusión. Mediante campañas de muestreo de varias semanas y trabajo en el laboratorio hemos examinado el estado de diferentes organismos, desde bacterias hasta vertebrados.

Gran parte de nuestros trabajos han estudiado el estado de salud de anfibios como la rana de San Antonio Oriental (Hyla orientalis). Estas ranas no presentan diferencias en indicadores de estado fisiológico, ni en su edad, entre Chernóbil y otras zonas de Ucrania sin contaminación radiactiva. Los actuales niveles de radiación en Chernóbil no parecen afectar a su salud.


















Examen de estado fisiológico en un macho de rana de San Antonio oriental (Hyla orientalis), Zona de Exclusión de Chernóbil, mayo de 2017. Germán Orizaola (Universidad de Oviedo)CC BY

Nuestras investigaciones sí han encontrado ejemplos de adaptación y evolución rápida en estas ranas. Los ejemplares que viven en zonas afectadas severamente por contaminación radiactiva son más oscuras. Una piel más oscura, con más melanina, habría dado más capacidad de supervivencia frente a la radiación en estos anfibios.


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Chernóbil como zona de guerra

En febrero de 2022 las tropas rusas iniciaron, a través de Chernóbil, un intento de invasión a gran escala de Ucrania. Además del sufrimiento que experimenta el pueblo ucraniano, la guerra que aún continúa ha cambiado radicalmente la situación de la Zona de Exclusión.

A consecuencia de la guerra han muerto varios técnicos que habían trabajado a lo largo de los años estudiando la naturaleza de la zona. La actividad militar en la frontera con Bielorrusia ha aumentado considerablemente. Una frontera que antes era totalmente permeable se ha vallado en parte, impidiendo el paso natural de fauna. Los puentes que atravesaban varios ríos de la zona han sido volados, haciendo casi imposible el acceso a la parte este de la Zona de Exclusión. 

















Puente sobre el río Uzh, destruido durante la ocupación rusa de la Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania), mayo de 2022. Denis Vishnevskiy (Chornobyl Radiation and Ecological Biosphere Reserve)CC BY

El área quemada durante la invasión rusa de Chernóbil se ha estimado en 22 000 hectáreas. Varios caballos de Przewalski han muerto al pisar minas dentro de la Zona de Exclusión. El impacto total que el incremento de actividad humana está teniendo sobre la fauna está por evaluar.

Gran parte de los laboratorios de investigación de la Zona de Exclusión fueron destruidos y saqueados durante los meses que duró la ocupación rusa de Chernóbil. Numerosos vehículos, ordenadores y material científico desaparecieron o fueron dañados intencionadamente. 




















Consecuencias de la invasión rusa de la Zona de Exclusión de Chernóbil (Ucrania): armamento abandonado y laboratorios saqueados, mayo 2022. Denis Vishnevskiy (Chornobyl Radiation and Ecological Biosphere Reserve)CC BY

La investigación internacional ha cesado casi en su totalidad en la zona. Aún bajo estas circunstancias, el personal de la Reserva Natural de Chernóbil sigue manteniendo parte de sus trabajos de seguimiento de especies y ecosistemas. Gracias a su labor es posible tener una información que será imprescindible para entender en el futuro la situación de la naturaleza de Chernóbil.

Un laboratorio único que conservar

Chernóbil sigue siendo un área con valores naturales excepcionales y un laboratorio único en el que estudiar el impacto a medio y largo plazo de un accidente nuclear. Se ha convertido, además, en un símbolo a nivel mundial de los procesos de renaturalización que ocurren cuando la actividad humana cesa en un área. 

Debe ser prioritario conservar la zona no sólo como un lugar de memoria sobre el accidente, sino también como un lugar clave para la conservación y el estudio de la diversidad biológica. Cuando termine la guerra será necesario potenciar la zona como reserva natural y restaurar Chernóbil como el fantástico lugar de cooperación científica internacional que era.