23 de febrero de 2026

España seguirá pescando anguilas hasta su extinción

 El mundo está inmerso en una espiral de descrédito del conocimiento científico, promovido por intereses económicos y auspiciado por corrientes políticas populistas. Europa se está subiendo a ese carro, por ejemplo al relajar las regulaciones ambientales que afectan a actividades contaminantes. 

El rechazo a la protección de la anguila europea en España por parte de las comunidades autónomas, materializado este martes 17 de febrero, podría considerarse otro ejemplo de esta corriente.

La anguila europea (Anguilla anguilla) se encuentra al borde de la extinción. Desde 1980 su población se ha derrumbado. Los declives superan el 90 % en todos los indicadores, y la tendencia sigue siendo negativa. A pesar de esa pésima situación, la especie es aún objeto de pesca comercial y se vende y se consume con total normalidad.

El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) es el organismo asesor de la Unión Europea en temas de pesca. Su grupo de trabajo sobre la anguila lleva 25 años aconsejando que cese la explotación de este animal. Inicialmente se recomendaba “llevar las capturas a valores tan cercanos a cero como sea posible”, pero desde 2021 se pide de forma inequívoca el cierre de las pesquerías.

El pobre estado de conservación de la anguila europea llevó a su catalogación como especie “en peligro crítico de extinción” en 2008, según los criterios de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN). 

Recientemente se ha llevado a cabo una evaluación de la especie en España. El resultado, preocupante pero poco sorprendente, ha sido el mismo que el de la evaluación global: “En peligro crítico de extinción”

La evaluación española fue independiente de la global y se basó exclusivamente en datos españoles. Buena parte de ellos fueron generados por las comunidades autónomas que ahora se oponen a su protección.























Resumen gráfico de algunos de los datos usados en la evaluación del estado de conservación de la anguila en España.

La propuesta de protección

El Catálogo Español de Especies Amenazadas (CEEA), creado por la Ley del Patrimonio Natural y de la Biodiversidad, incluye los componentes de la biodiversidad amenazada. En él se consideran “en peligro de extinción” las especies “cuya supervivencia es poco probable si los factores causales de su actual situación siguen actuando”. 

Parece poco opinable que la anguila cumple las condiciones para estar en este catálogo ya desde su primera versión, publicada en 2011. Pero, por sorprendente que pueda parecer, la anguila no está amparada por ninguna figura de protección. Y seguirá sin estarlo. 

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) cuenta con dos dictámenes de su Comité Científico, de 2020 y 2024, que promueven la protección de la anguila.

El último, apoyado unánimemente por las 19 personas que integran ese comité, todas ellas reconocidas expertas en conservación de la biodiversidad, proponía su inclusión en el Catálogo Español de Especies Amenazadas como especie en peligro de extinción. Esta catalogación implicaba el fin de la explotación comercial.

A finales de enero, la ministra del MITECO Sara Aegesen se rodeó de reconocidos chefs para anunciar que propondría a las comunidades autónomas la protección de la anguila siguiendo el consejo del Comité Científico.

Anguila. Miguel Clavero










El papel de las comunidades autónomas

En España la competencia de los listados estatales de protección es del MITECO, pero éste ha delegado esa responsabilidad en la Comisión Estatal para el Patrimonio Natural y la Biodiversidad. Se trata de un organismo consultivo con representación del Estado y las comunidades autónomas. Dentro de éste, los temas de biodiversidad se tratan en el Comité de Flora y Fauna Silvestres, el que se ha reunido este martes y ha decidido, contra toda evidencia científica, aparcar la protección de la anguila.

Durante los días previos a la reunión varios responsables políticos autonómicos se han pronunciado en contra de la protección de la anguila. Usaban dos tipos de argumentos: que la anguila es el medio de vida de muchas familias y que falta información.

La consellera do Mar de la Xunta de Galicia, Marta Villaverde, decía en Instagram que la protección de la anguila no está avalada por informes técnicos, mientras el director general de Pesca del Gobierno de Asturias, Francisco J. González, defendía que la gestión de la especie en la región, donde sólo se pesca angula, es “un modelo de sostenibilidad […] cuyos buenos resultados son verificables”. 

El director general de Política Marítima y Pesca Sostenible de la Generalitat de Catalunya, Antoni Espanya, también considera que su administración hace una gestión sostenible, que la pesca tiene un efecto “mínimo” sobre la anguila, y que faltan datos completos de la situación.

Estos ejemplos son fácilmente desmentidos con la información disponible. En el Delta del Ebro, por ejemplo, la propia Generalitat tiene un seguimiento científico a largo plazo que debería ser un modelo en el Estado, y que aporta esos “datos completos” de la situación de la anguila que esa misma administración dice necesitar. En la reunión de este martes se ha acordado la creación de un grupo de trabajo para promover nuevos seguimientos y tener más datos científicos, cuando los ya existentes justifican más que de sobra la protección.

Respecto a la importancia socioecómica de la explotación de la anguila, los datos hablan por sí mismos. En el Delta del Ebro, Antoni Espanya habla de 250 familias que “complementan sus ingresos” con la anguila. En Galicia se estima que casi 100 embarcaciones generaron algo menos de 600 000 euros con la pesca de esta especie (no llega a 6000 euros por embarcación). En Euskadi, en la última campaña de pesca de angula, 150 licencias generaron unos 100 000 euros en ventas (ni 1000 euros por licencia). Está claro que en España no se puede vivir de pescar anguilas.

Angula. Miguel Clavero

Negar la evidencia













Las comunidades autónomas han negado la protección de la anguila. Se basan en información falsa o tendenciosa y niegan o minimizan el amplio, sólido e inequívoco conocimiento sobre el estado de la especie. El desprecio al saber acumulado para favorecer intereses cortoplacistas resulta en un perjuicio para el bien común.

Las dificultades para proteger a la anguila nos ponen en el espejo de cuánto estamos dispuestos a cambiar como sociedad para paliar las diversas crisis ambientales a las que nos enfrentamos. Parece que es casi nada. Dejar de pescar, vender y comer anguila debería ser muy fácil. Los sacrificios personales de los consumidores son minúsculos y la sociedad puede perfectamente dar alternativas y asumir compensaciones para las personas que pudiesen verse afectadas. 

Si no podemos afrontar un cambio tan sencillo y respaldado por una información científica tan abrumadora como es la protección de la anguila, ¿cómo encararemos los retos gigantescos que tenemos por delante? Por ejemplo, la aridificación del territoriola pérdida de costa y las invivibles olas de calor.

Escocia obliga ya a poner ladrillos nido para vencejos en los edificios

 El Parlamento de Escocia aprobó el pasado mes de enero una enmienda que obliga a que todos los edificios de nueva construcción incorporen swift bricks, los llamados ladrillos nido, para facilitar el anidamiento de los vencejos en las ciudades. La noticia ha dado pie a organizaciones como SEO/BirdLife a recordar que estas aves se encuentran amenazadas en nuestro país y reclaman medidas similares también para España.

Los vencejos son, como las golondrinas, aves insectívoras migratorias que pasan los meses fríos de invierno en África y vuelven a Europa en primavera para la época de cría. Son animales adaptados casi por completo a la vida aérea, pues prácticamente jamás tocan el suelo, del que normalmente son incapaces de volver a alzar el vuelo por sí solos dada la morfología de sus alas. Solo se posan al entrar y salir de sus nidos, que construyen habitualmente en construcciones humanas.

Según la Lista Roja Europea de Aves 2021, la población europea muestra una tendencia negativa a corto plazo, y en España se identifica un declive del 40 %entre los años 1998 y 2018. Por ello, desde SEO/BirdLife consideran más que justificada su consideración como especie vulnerable, así como la adopción de medidas urgentes que ayuden a la recuperación de esta especie.

La clave, según la organización, está en lograr que tanto la rehabilitación como la construcción de edificios de nueva planta sea compatible con la conservación de estas aves y otra fauna urbana, obligada a adaptarse a la vida de las ciudades para anidar y sacar adelante a sus crías. 

Vencejo2

Establecer medidas integradas en el Código Técnico de la Edificación (CTE) sería una forma fácil y económica de facilitar a los animales refugios accesibles para instalar sus nidos. La propia organización ha desarrollado una propuesta de norma junto con la Escuela de Arquitectura de la UPM, contemplando una medida muy similar a la escocesa pero incluyendo además los proyectos de rehabilitación de edificios, como pueden ser los aislamientos térmicos.

Los ladrillos nido son económicos y muy fáciles de instalar durante las obras de un edificio, sin apenas coste añadido. Consisten en piezas de ladrillo hueco con una abertura frontal pequeña que se integran por completo en la fachada, ofreciendo un espacio adecuado para las aves.

16 de febrero de 2026

El olivo viaja a una cámara de conservación en el Polo Norte que podría salvar a la humanidad de morir de hambre ante catástrofes

 El 25 de febrero una delegación internacional llevará 500 muestras de olivo a una cámara acorazada del Polo Norte para conservar su patrimonio genético durante años.

Este plan contempla la incorporación de semillas de olivo en una instalación subterráneadiseñada para preservar la diversidad genética de cultivos, con el objetivo de salvaguardar este árbol milenario frente a plagas, catástrofes climáticas y otros riesgos que pudieran poner en peligro su cultivo y por ende, la seguridad alimentaria en diversas regiones del mundo. 

Este depósito se encuentra en Svalbard, a mil kilómetros del Polo Norte, en una cámara acorazada con paredes de hormigón. Resiste terremotos e incluso erupciones volcánicas. En su interior, a una temperatura de -18ºC, se conserva este tesoro que podría salvar a millones de personas de morir de hambre si ocurriese cualquier catástrofe.

La Bóveda Global de Semillas alberga 1,37 millones de granos de más de 6.500 plantas de todo el mundo.

El olivo, que ha acompañado culturas agrícolas desde hace miles de años y es símbolo de alimentación , se une así a otras especies clave cuya conservación se considera estratégica para garantizar provisiones ante posibles crisis futuras. Un movimiento, que pretende proteger no solo las variedades más comunes, sino también aquellas menos conocidas que podrían aportar resistencia genética frente a enfermedades, un cambio climático e incluso un ataque con misiles nucleares.

3 de febrero de 2026

El proyecto del Vaticano que une fe y naturaleza: “Ponemos al ser humano en el centro, abrazando la Creación”

 En las colinas de Castel Gandolfo, unos terrenos que durante décadas fueron residencia de verano de los papas, ha tomado forma uno de los proyectos más singulares impulsados por la Iglesia en los últimos años. Se trata del Borgo Laudato Si’, una iniciativa promovida por el Papa Francisco para llevar a la práctica el mensaje de su encíclica Laudato Si’ y convertir el cuidado de la creación en una experiencia educativa, social y espiritual.

El Borgo ocupa 55 hectáreas, una extensión incluso mayor que la del propio Estado de la Ciudad del Vaticano. Lejos de ser un simple parque natural, el espacio ha sido concebido como un lugar vivo, donde naturaleza, formación y compromiso social se dan la mano.

DEL MENSAJE A LA ACCIÓN  

La encíclica Laudato Si’, publicada en 2015, supuso un llamamiento claro del Papa Francisco a cuidar la “casa común” y a replantear el modo en que el ser humano se relaciona con el medio ambiente, la economía y los más vulnerables. El Borgo Laudato Si’ nace precisamente con esa intención: traducir ese mensaje en hechos concretos. 

Aquí se desarrollan proyectos de sostenibilidad ambiental, agricultura responsable, protección de la biodiversidad y economía circular, pero siempre con un enfoque educativo. La idea es que quienes pasan por el Borgo no solo aprendan conceptos, sino que vivan una forma distinta de relacionarse con la naturaleza y con los demás.

UN ESPACIO PARA APRENDER VIVIENDO  

El Borgo funciona como un centro educativo integral, en el que se organizan programas formativos, encuentros y experiencias prácticas en contacto directo con la tierra. Huertos ecológicos, jardines históricos y espacios agrícolas conviven con zonas pensadas para la reflexión y el diálogo. 

Uno de los ejes del proyecto es la inclusión social. El Borgo ofrece oportunidades formativas y laborales a personas en situación de vulnerabilidad y pone el acento en una ecología que no se limita al medio ambiente, sino que incluye también a las personas y a las comunidades. “Ponemos al ser humano en el centro, abrazando la Creación”.

UN LABORATORIO DE ECOLOGÍA INTEGRAL

Desde el Vaticano insisten en que el Borgo Laudato Si’ no es un lugar para contemplar desde fuera, sino un laboratorio de ecología integral. Aquí se ensayan modelos de producción sostenible, se fomenta el respeto por la biodiversidad y se busca un equilibrio real entre tecnología, trabajo humano y cuidado de la creación. 

El objetivo es que este espacio sirva como referente y pueda inspirar iniciativas similares en otros países y contextos educativos.

UN LEGADO QUE MIRA AL FUTURO  

El Borgo Laudato Si’ se enmarca también en el horizonte del Jubileo y se presenta como una de las apuestas del Vaticano para mostrar una Iglesia comprometida con los grandes desafíos de nuestro tiempo. Un proyecto que mira al futuro sin perder de vista su raíz espiritual y que propone una forma concreta de vivir el cuidado del planeta desde la fe y la responsabilidad. 


2025: tercer año más cálido del registro y signo epocal para la teología de la creación

 Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.

Director del Departamento de Ecología Integral, CEE
Científico del clima, Grupo CLIMAMET, Universidad de Valencia

La anomalía térmica global registrada en 2025, de aproximadamente +1,45 °C respecto al periodo preindustrial (1850-1900), constituye un indicador robusto de la intensificación del forzamiento antropogénico sobre el sistema climático (ver Figura). El ligero descenso relativo al 2024, el pico del registro, se debe a que el 2025 estuvo dominado por el fenómeno atmosférico-oceánico global La Niña, que enfría el aire de la atmósfera. Con toda probabilidad, en el próximo evento global de El Niño, bateremos otro récord térmico.

Por esta razón, el valor térmico del 2025 se inscribe en una tendencia de calentamiento sostenido que, según los principales centros de análisis, refleja la transición hacia un nuevo estado energético del sistema Tierra, caracterizado por desequilibrios radiativos persistentes, retroalimentaciones positivas y una creciente frecuencia de los extremos climáticos, tanto en intensidad como en ocurrencia. Desde una perspectiva científica, estos datos confirman que el planeta se aproxima a umbrales críticos que comprometen la estabilidad de los ecosistemas, los sistemas socioeconómicos y las estructuras de gobernanza.

En el ámbito teológico, este diagnóstico adquiere una relevancia singular. La tradición cristiana entiende la creación como un orden relacional y una armonía fundamentales, sostenidos por la justicia divina, en la que la humanidad participa como agente responsable dentro de una red de interdependencias. La alteración profunda de los equilibrios climáticos puede interpretarse como una manifestación contemporánea de rupturas estructurales de la justicia, en las que la acción humana desborda los límites que permiten la continuidad de la vida en condiciones dignas. La teología moral y la doctrina social de la Iglesia reconocen en estas dinámicas una forma de pecado social, o mejor dicho, socioambiental, que afecta de manera desproporcionada a los pobres, a los pueblos vulnerables y a las generaciones futuras.

La anomalía térmica de 2025 debe ser leída, por tanto, como un signo epocal que exige una hermenéutica crítica. No se trata únicamente de un fenómeno físico, sino de un síntoma de un modelo civilizatorio basado en la extracción intensiva de energía fósil, la mercantilización de los bienes comunes y la externalización sistemática de los daños socioambientales. Desde una perspectiva profética, este escenario demanda una denuncia explícita de las estructuras que generan degradación ecológica y desigualdad social, así como una propuesta transformadora que articule justicia climática, transición energética y protección de la vida: el espacio propio es la acción pastoral orgánica de la Iglesia que cumple su misión evangelizadora. 

Figura: Anomalías de la temperatura global (1850–2025). Este gráfico combina datos de las seis principales fuentes científicas del mundo. Mientras que las barras azules muestran años más fríos que el promedio preindustrial, las barras rojas reflejan el calentamiento provocado por la actividad humana. La línea oscura suaviza la variabilidad natural para mostrar la tendencia real: un ascenso imparable que culmina en el periodo 2023-2025, estableciendo un nuevo régimen de temperaturas extremas. [Elaboración propia].

En el plano académico, la articulación entre las ciencias del clima y la teología requiere un enfoque interdisciplinar que reconozca la crisis climática como un lugar teológico emergente. La teología no puede limitarse a una lectura simbólica de los datos científicos; debe integrar los conocimientos empíricos en su reflexión ética y en su comprensión de la misión eclesial. Esto implica incorporar conceptos como los límites planetarios, la resiliencia socioecológica, la justicia intergeneracional y la vulnerabilidad diferencial en el análisis teológico y en la formulación de criterios normativos.

Desde una perspectiva profética, la Iglesia está llamada a ejercer una autoridad moral pública que confronte las lógicas que sostienen la crisis climática. Esto incluye cuestionar modelos económicos basados en el crecimiento ilimitado, denunciar la captura corporativa de la política climática y promover marcos de transición justa que integren equidad, participación y sostenibilidad. La conversión ecológica, en este contexto, no es un mero cambio de hábitos, sino una reconfiguración estructural de las relaciones entre la humanidad, la economía y la biosfera.

La anomalía térmica de 2025, interpretada a partir de este doble registro científico y teológico, revela que la humanidad se encuentra en un punto de inflexión histórico. La respuesta eclesial no puede ser meramente exhortativa: debe traducirse en acciones institucionales, incidencia pública, formación académica y prácticas comunitarias que encarnen la ecología integral como principio operativo. Solo así la Iglesia podrá ofrecer una palabra intelectualmente rigurosa, espiritualmente significativa y políticamente relevante en un tiempo marcado por la urgencia climática.