3 de febrero de 2026

El proyecto del Vaticano que une fe y naturaleza: “Ponemos al ser humano en el centro, abrazando la Creación”

 En las colinas de Castel Gandolfo, unos terrenos que durante décadas fueron residencia de verano de los papas, ha tomado forma uno de los proyectos más singulares impulsados por la Iglesia en los últimos años. Se trata del Borgo Laudato Si’, una iniciativa promovida por el Papa Francisco para llevar a la práctica el mensaje de su encíclica Laudato Si’ y convertir el cuidado de la creación en una experiencia educativa, social y espiritual.

El Borgo ocupa 55 hectáreas, una extensión incluso mayor que la del propio Estado de la Ciudad del Vaticano. Lejos de ser un simple parque natural, el espacio ha sido concebido como un lugar vivo, donde naturaleza, formación y compromiso social se dan la mano.

DEL MENSAJE A LA ACCIÓN  

La encíclica Laudato Si’, publicada en 2015, supuso un llamamiento claro del Papa Francisco a cuidar la “casa común” y a replantear el modo en que el ser humano se relaciona con el medio ambiente, la economía y los más vulnerables. El Borgo Laudato Si’ nace precisamente con esa intención: traducir ese mensaje en hechos concretos. 

Aquí se desarrollan proyectos de sostenibilidad ambiental, agricultura responsable, protección de la biodiversidad y economía circular, pero siempre con un enfoque educativo. La idea es que quienes pasan por el Borgo no solo aprendan conceptos, sino que vivan una forma distinta de relacionarse con la naturaleza y con los demás.

UN ESPACIO PARA APRENDER VIVIENDO  

El Borgo funciona como un centro educativo integral, en el que se organizan programas formativos, encuentros y experiencias prácticas en contacto directo con la tierra. Huertos ecológicos, jardines históricos y espacios agrícolas conviven con zonas pensadas para la reflexión y el diálogo. 

Uno de los ejes del proyecto es la inclusión social. El Borgo ofrece oportunidades formativas y laborales a personas en situación de vulnerabilidad y pone el acento en una ecología que no se limita al medio ambiente, sino que incluye también a las personas y a las comunidades. “Ponemos al ser humano en el centro, abrazando la Creación”.

UN LABORATORIO DE ECOLOGÍA INTEGRAL

Desde el Vaticano insisten en que el Borgo Laudato Si’ no es un lugar para contemplar desde fuera, sino un laboratorio de ecología integral. Aquí se ensayan modelos de producción sostenible, se fomenta el respeto por la biodiversidad y se busca un equilibrio real entre tecnología, trabajo humano y cuidado de la creación. 

El objetivo es que este espacio sirva como referente y pueda inspirar iniciativas similares en otros países y contextos educativos.

UN LEGADO QUE MIRA AL FUTURO  

El Borgo Laudato Si’ se enmarca también en el horizonte del Jubileo y se presenta como una de las apuestas del Vaticano para mostrar una Iglesia comprometida con los grandes desafíos de nuestro tiempo. Un proyecto que mira al futuro sin perder de vista su raíz espiritual y que propone una forma concreta de vivir el cuidado del planeta desde la fe y la responsabilidad. 


2025: tercer año más cálido del registro y signo epocal para la teología de la creación

 Eduardo Agosta Scarel, O. Carm.

Director del Departamento de Ecología Integral, CEE
Científico del clima, Grupo CLIMAMET, Universidad de Valencia

La anomalía térmica global registrada en 2025, de aproximadamente +1,45 °C respecto al periodo preindustrial (1850-1900), constituye un indicador robusto de la intensificación del forzamiento antropogénico sobre el sistema climático (ver Figura). El ligero descenso relativo al 2024, el pico del registro, se debe a que el 2025 estuvo dominado por el fenómeno atmosférico-oceánico global La Niña, que enfría el aire de la atmósfera. Con toda probabilidad, en el próximo evento global de El Niño, bateremos otro récord térmico.

Por esta razón, el valor térmico del 2025 se inscribe en una tendencia de calentamiento sostenido que, según los principales centros de análisis, refleja la transición hacia un nuevo estado energético del sistema Tierra, caracterizado por desequilibrios radiativos persistentes, retroalimentaciones positivas y una creciente frecuencia de los extremos climáticos, tanto en intensidad como en ocurrencia. Desde una perspectiva científica, estos datos confirman que el planeta se aproxima a umbrales críticos que comprometen la estabilidad de los ecosistemas, los sistemas socioeconómicos y las estructuras de gobernanza.

En el ámbito teológico, este diagnóstico adquiere una relevancia singular. La tradición cristiana entiende la creación como un orden relacional y una armonía fundamentales, sostenidos por la justicia divina, en la que la humanidad participa como agente responsable dentro de una red de interdependencias. La alteración profunda de los equilibrios climáticos puede interpretarse como una manifestación contemporánea de rupturas estructurales de la justicia, en las que la acción humana desborda los límites que permiten la continuidad de la vida en condiciones dignas. La teología moral y la doctrina social de la Iglesia reconocen en estas dinámicas una forma de pecado social, o mejor dicho, socioambiental, que afecta de manera desproporcionada a los pobres, a los pueblos vulnerables y a las generaciones futuras.

La anomalía térmica de 2025 debe ser leída, por tanto, como un signo epocal que exige una hermenéutica crítica. No se trata únicamente de un fenómeno físico, sino de un síntoma de un modelo civilizatorio basado en la extracción intensiva de energía fósil, la mercantilización de los bienes comunes y la externalización sistemática de los daños socioambientales. Desde una perspectiva profética, este escenario demanda una denuncia explícita de las estructuras que generan degradación ecológica y desigualdad social, así como una propuesta transformadora que articule justicia climática, transición energética y protección de la vida: el espacio propio es la acción pastoral orgánica de la Iglesia que cumple su misión evangelizadora. 

Figura: Anomalías de la temperatura global (1850–2025). Este gráfico combina datos de las seis principales fuentes científicas del mundo. Mientras que las barras azules muestran años más fríos que el promedio preindustrial, las barras rojas reflejan el calentamiento provocado por la actividad humana. La línea oscura suaviza la variabilidad natural para mostrar la tendencia real: un ascenso imparable que culmina en el periodo 2023-2025, estableciendo un nuevo régimen de temperaturas extremas. [Elaboración propia].

En el plano académico, la articulación entre las ciencias del clima y la teología requiere un enfoque interdisciplinar que reconozca la crisis climática como un lugar teológico emergente. La teología no puede limitarse a una lectura simbólica de los datos científicos; debe integrar los conocimientos empíricos en su reflexión ética y en su comprensión de la misión eclesial. Esto implica incorporar conceptos como los límites planetarios, la resiliencia socioecológica, la justicia intergeneracional y la vulnerabilidad diferencial en el análisis teológico y en la formulación de criterios normativos.

Desde una perspectiva profética, la Iglesia está llamada a ejercer una autoridad moral pública que confronte las lógicas que sostienen la crisis climática. Esto incluye cuestionar modelos económicos basados en el crecimiento ilimitado, denunciar la captura corporativa de la política climática y promover marcos de transición justa que integren equidad, participación y sostenibilidad. La conversión ecológica, en este contexto, no es un mero cambio de hábitos, sino una reconfiguración estructural de las relaciones entre la humanidad, la economía y la biosfera.

La anomalía térmica de 2025, interpretada a partir de este doble registro científico y teológico, revela que la humanidad se encuentra en un punto de inflexión histórico. La respuesta eclesial no puede ser meramente exhortativa: debe traducirse en acciones institucionales, incidencia pública, formación académica y prácticas comunitarias que encarnen la ecología integral como principio operativo. Solo así la Iglesia podrá ofrecer una palabra intelectualmente rigurosa, espiritualmente significativa y políticamente relevante en un tiempo marcado por la urgencia climática.

Asís convoca a voluntarios

 Asís no es solo la ciudad de San Francisco, sino que se ha convertido en el corazón palpitante y la casa de todos aquellos que desean vivir intensamente los valores de la ecología integral. Inspirado en el Cántico de las Criaturas, poema escrito por San Francisco, nació aquí un proyecto que está cambiando nuestra forma de relacionarnos con el planeta: ASSISI Terra Laudato Si’ (ATLS). Inaugurado el 22 de abril de 2024, ATLS no es un lugar físico, sino un verdadero “ecosistema” donde podemos encontrarnos, recargar nuestras energías espirituales y vivir nuestro compromiso con la casa común. 

Este proyecto crucial se basa en los cuatro aspectos inseparables de la ecología integral identificados por el papa Francisco: preocupación por la naturaleza, justicia para los pobres, compromiso con la sociedad y paz interior. Es la respuesta contemporánea al llamado que escuchamos de “ir y reparar nuestra casa común”. 

El Ecosistema del voluntariado: Laudato Si’ y los focolares en acción

ASSISI Terra Laudato Si’ ofrece un programa intensivo de Retiros Laudato Si’ y, sobre todo, un Programa de voluntariado que permite a las personas disfrutar de una experiencia inmersiva, ofreciendo su tiempo a los demás. La actividad está impulsada por un deseo compartido y un fuerte espíritu de intercambio “sinodal” entre los diversos interlocutores. 

Un ejemplo de esta colaboración proviene del Movimiento de los Focolares, lo que confirma una profunda y significativa colaboración carismática. Cristina Calvo, focolarina argentina, se ofreció como voluntaria durante 40 días, participando activamente en la metodología y el contenido de ATLS. Alojada en el Santuario de San Damián, compartió no solo momentos litúrgicos con frailes, visitantes, grupos escolares y grupos parroquiales, sino también la reflexión sobre la vida de los santos Francisco y Clara, destacando su conexión profética con la encíclica Laudato Si’

Cristina calificó esta oportunidad como un “inmenso regalo de Dios”, una prueba concreta de que la amable colaboración y la discreta hospitalidad son una fórmula ganadora para una experiencia de vida en beneficio de la creación.

Si tú también sientes una fuerte llamada a contribuir y deseas vivir los valores de la ecología integral en un contexto espiritual único, la invitación es sencilla: “¡Ven y verás!”. Puedes inscribirte ya en un retiro o como voluntario en el sitio AssisiLaudatoSi.org. ¡Te esperamos en Asís, la tierra de Laudato Si’

por Carlos Mana


2 de febrero de 2026