30 de agosto de 2022

Salvar los olivares

 Un agresivo patógeno que aniquila los olivos podría causar pérdidas de miles de millones de euros en Italia en los próximos 50 años. La bacteria Xylella fastidiosa (llamada así por lo complicado que resulta cultivarla en el laboratorio) se detectó en el sur de ese país en 2013. En la Unión Europa está catalogada como «organismo de cuarentena», y los árboles infectados, algunos de ellos centenarios, deben talarse para frenar la propagación de la enfermedad, que afecta a lugares como la región italiana de Apulia.

«Estamos obligados a destruir las plantas in­fectadas por Xylella, pero los habitantes de Apulia se oponen», señala Valeria Scala, fitopatóloga del Consejo de Investigación Agrícola y Análisis de la Economía Agraria de Italia. Como científicos, prosigue, «estamos entre dos mundos». Por ello, Scala y sus colaboradores buscan formas de combatir Xylella sin cortar todos los árboles infectados. Por medio de un algoritmo de aprendizaje automático que examina los datos metabólicos de los árboles, tratan de averiguar cuáles son más vulnerables a la enfermedad y cómo seleccionar ejemplares para someterlos a tratamiento en vez de talarlos. El trabajo se detalla en Frontiers in Plant Science.

Xylella genera ácidos grasos complejos llamados lípidos, los cuales actúan como moléculas de señalización, y los árboles también producen sus propios lípidos en respuesta a la infección. Los investigadores recogieron muestras de ramas de 66 árboles y usaron su algoritmo para comparar los perfiles lipídicos y otros datos, como la variedad del árbol, si este estaba infectado o si había sido tratado con Dentamet, una mezcla metálica que alivia los síntomas, pero no los cura.

El equipo halló que la concentración de una cierta clase de lípidos era mayor en los árboles infectados. Y los olivos enfermos de una variedad autóctona de la castigada Apulia presentaban niveles más elevados de esos lípidos que los de otra variedad muy extendida y conocida por su resistencia. En ambos casos, el tratamiento con Dentamet redujo la concentración de lípidos en los individuos atacados por la bacteria.

Massimo Reverberi, fitopatólogo molecular de la Universidad La Sapienza de Roma y coautor del estudio, señala que las dos variedades de árboles se comportaron como personas que combaten la gripe con sistemas inmunitarios más o menos fuertes. «Nuestra hipótesis es que, en cierto sentido, se trata de algo "personal"», manifiesta. El desarrollo del algoritmo quizás permita a los investigadores diagnosticar la gravedad de la infección midiendo la concentración de lípidos. Los casos leves podrían tratarse con Dentamet y solo habría que sacrificar los ejemplares más afectados. Además, conocer cómo responden los árboles a la infección por Xylellatambién ayudará a buscar nuevos tratamientos y a identificar variedades de árboles más resistentes, añade Scala.

Francesco Paolo Fanizzi, químico de la Universidad de Salento ajeno al estudio, considera que es «un método prometedor que podría aliviar la difícil situacióneconómica que sufre el sur de Apulia». Y subraya que «tenemos que coexistir con las bacterias».

Una versión de este artículo apareció publicada en la sección de Actualidad científica el 20 de julio de 2022.

29 de agosto de 2022

Que el hombre frene la destrucción

 El Consejo de Conferencias Episcopales de Europa, en un mensaje firmado por Monseñor Angelo Massafra, responsable de la sección de Salvaguarda de la Creación, retoma la afirmación del Papa sobre la urgencia de una conversión de hábitos y actitudes para detener el desastre al que asiste el planeta en términos de contaminación, incendios y guerras

Gabriela Ceraso – Vatican News

Los enormes daños medioambientales a los que asistimos, ligados a las guerras, los incendios y la contaminación, exigen urgentemente una «seria conversión de actitudes y hábitos»: la mano del hombre que destruye aún puede ponerle freno. Que los cristianos sean los iniciadores. Este es el centro del mensaje del CCEE, el Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa, firmado por Monseñor Angelo Massafra, responsable de la Sección para la Salvaguarda de la Creación, con vistas a la próxima Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación que se celebrará el 1 de septiembre, fecha en la que también comenzará el Tiempo de la Creación, un momento especial para que los cristianos reflexionen y actúen para proteger nuestro medio ambiente, don de Dios al hombre.

Los obispos se unen, rastreando el contenido y el llamamiento a los líderes mundiales, al mensaje que el Papa escribió para la Jornada, hecho público el pasado 16 de julio, en un momento -recuerdan- en el que «varias partes del mundo se vieron afectadas por la devastación de los incendios que han destruido gran parte de las zonas verdes del planeta».

La tierra está ardiendo y la próxima era será «pirocénica»

La fotografía tomada por los obispos de Europa no deja lugar a interpretaciones: una auténtica catástrofe en el Viejo Continente, atribuible en un 97% a la mano del hombre. En los 27 países de la Unión Europea – afirma la CCEE basada en estimaciones recientes – desde principios de año, los incendios forestales han devastado ya un total de 517.881 hectáreas, frente a las 470.359 del año anterior. Preocupa especialmente lo que los estudiosos han establecido, a saber, la transición de nuestra época (antropoceno) a la siguiente, a la que ya han dado el nombre de «piroceno», cuyos efectos ya son visibles, teniendo en cuenta que las emisiones de CO2 han alcanzado niveles que el planeta no conocía desde hace más de 3 millones de años.

El «ecocidio» de las guerras

A todo ello, explican los obispos, hay que añadir los enormes daños medioambientales que provocan los conflictos, el de Ucrania es todavía incalculable – y en todo caso lo será en términos de cáncer y enfermedades respiratorias -, pero se puede utilizar el triste término ya en boga en los años 60 de «ecocidio», acuñado a raíz de la campaña militar en Vietnam. Y esto no es suficiente: también está la contaminación atmosférica provocada por la quema de instalaciones petrolíferas en Kuwait durante la Guerra del Golfo (1990-1991) y las guerras en Yemen y Siria con la contaminación del suelo y los cursos de agua.

Que la mano que salva sea ante todo la de los cristianos

Todavía no está todo perdido: «Si la mano del hombre», escriben los obispos, «es la causa principal de este estado de cosas, también es motivo de esperanza que la misma mano pueda poner un límite a todo esto».  Por eso vale la pena relanzar con fuerza lo que el Papa escribió en su Mensaje para el 1 de septiembre, «no una exhortación piadosa, sino un verdadero desafío lanzado a los poderosos de la tierra y a los dirigentes de las naciones» ricas y pobres, «así como la llamada a actitudes de conversión concretas por parte de todos los cristianos, para que seamos esa mano capaz de poner freno a una destrucción que se anuncia».

Que la Jornada del 1 de septiembre, como todo el Tiempo de la Creación que se prolongará hasta el 4 de octubre, sea una ocasión para la oración, pero sobre todo para la «conversión» de actitudes y hábitos. L obispos de Europa se hacen portavoces del pensamiento de Francisco: los cristianos – es su invitación – dejen que el mundo escuche las peticiones del Planeta que grita de dolor, un «grito amargo» que el Señor, esperamos, pueda escuchar, concediendo a la humanidad un «corazón capaz de compasión». A partir de esto, pueden comenzar los «gestos concretos» de los que se espera la recomposición de la armonía del universo.



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