3 de julio de 2024

Los incendios forestales extremos son cada vez más intensos y se han duplicado en los últimos 20 años

 Últimamente parece que el mundo entero está en llamas. La semana pasada hubo más de 70 incendios simultáneos en Grecia. A principios de año, Chile sufrió su peor temporada de incendios, con 130 muertos y 370 desaparecidos. En 2023, Canadá batió todos los récords, con incendios que empezaron en marzo y no acabaron hasta noviembre. Y en agosto, las llamas devastaron la isla de Maui, en Hawái. Y la lista sigue y sigue.

Viendo las noticias parece que los incendios extremos y catastróficos son cada vez más frecuentes. Pero ¿es correcta esta percepción? ¿Realmente están aumentando? Desafortunadamente sí. Un nuevo estudio publicado en Nature Ecology & Evolution muestra que, a nivel global, el número y la intensidad de los incendios más extremos se han duplicado durante las dos últimas décadas.

Los autores de este nuevo estudio, de la Universidad de Tasmania (Australia), midieron la energía liberada por los incendios durante los últimos 21 años. Para ello utilizaron un sensor satelital que detecta el calor de los incendios y calcularon la energía liberada por las llamas.

Los investigadores identificaron un total de 30 millones de incendios (incluyendo también grupos de incendios cercanos). A continuación seleccionaron los 2 913 que mayor energía liberaron, es decir, el 0,01 % más extremo. El estudio muestra que estos incendios extremos se están haciendo más frecuentes, tanto que se han duplicado en las últimas dos décadas. Además, en los últimos años el mundo ha sufrido seis de los siete años con mayor número de incendios extremos (todos los años desde el 2017 menos el 2022).

Este estudio también remarca que estos incendios extremos son cada vez más intensos: los incendios catalogados como extremos los últimos años emitieron más del doble de energía que los incendios extremos de los años iniciales del periodo analizado.

Estos resultados encajan con los de otras investigaciones recientes que muestran que los incendios están empeorando. Por ejemplo, la superficie arbolada quemada está aumentando ligeramente, lo que conlleva el correspondiente aumento de las emisiones de carbono asociado. Globalmente, la superficie total que arde cada año está disminuyendo, debido al descenso de los incendios en sabanas y tierras de cultivo, pero estos incendios son de menor intensidad y emiten menos carbono que los incendios en zonas arboladas.

Además, la severidad de los incendios –un indicador de cómo el fuego impacta el ecosistema– también está empeorando en muchas regiones. También el porcentaje de la superficie quemada con alta severidad está aumentando a nivel global.

Mapa del mundo con anotaciones















Tendencias en incendios extremos (círculos), área quemada (cuadrados) y porcentaje del área quemada a alta severidad (diamantes) para los 6 biomas del mundo en los que se concentran la mayoría de estos incendios. Víctor Fernández García (datos: Cunningham et al, Nature Ecology & Evolution 2024; Fernandez-Garcia & Alonso-Gonzales, Remote Sensing, 2023)

El panorama actual de incendios no es halagüeño; sin embargo, existen diferencias importantes entre regiones. Este nuevo estudio identifica las zonas de bosques boreales y de bosques templados de coníferas (azul y verde en el mapa) como responsables principales del aumento mundial de los incendios extremos. Son estos bosques los que registran el mayor número de incendios extremos, en relación con la extensión que ocupan. Son también los que muestran el empeoramiento más drástico con el tiempo. Además, sufren un aumento de la superficie total quemada y del porcentaje quemado de alta severidad.

La confluencia de estas tres tendencias (incendios extremos, aumento de área quemada y alta severidad) es especialmente fuerte en el este de Siberia, el oeste de EE. UU. y Canadá.

Lo que convierte un incendio en catástrofe

Lo que convierte un incendio en catástrofe depende no sólo del comportamiento del fuego, sino también del contexto medioambiental, social y económico. Por eso otras regiones pueden ver aumentar las consecuencias negativas.

Por ejemplo, en los bosques templados caducifolios y en las zonas mediterráneas no ha habido grandes cambios en la actividad y el comportamiento de los incendios. Pero el creciente número de casas muy próximas a la vegetación silvestre es un claro ejemplo que aumenta el riesgo humano y puede provocar una catástrofe.

La duplicación de los incendios forestales extremos en las últimas dos décadas añade otra pieza al puzle de la ya complicada mezcla de patrones y tendencias de los incendios. Este nuevo estudio vuelve a señalar lo que ya sabemos: que necesitamos abordar con urgencia las causas de su empeoramiento. Estas causas son numerosas y complejas e incluyen los cambios en el paisaje, las políticas de gestión del monte y, por supuesto, el cambio climático. Solo así podremos prepararnos para esta nueva era de incendios que ya no podemos apagar.

2 de julio de 2024

Las bacterias capaces de descomponer el plástico son muchísimas más de las que se creía


La cantidad de bacterias que pueden desintegrar plásticos es mucho mayor de lo que se creía, de acuerdo con una investigación liderada por Jo-Anne Verschoor, estudiante de doctorado en la Universidad de Leiden. El hallazgo representa un avance significativo en la exploración de métodos de reciclaje basados en microorganismos.

El trabajo analizó la capacidad de diversas bacterias del género Streptomyces para degradar tereftalato de polietileno (PET). Se trata del grupo más grande de actinobacterias, un filo que habita en el suelo y juega un papel relevante en la descomposición natural de materia orgánica. El equipo comparó las secuencias genómicas de algunas proteínas previamente conocidas por degradar plásticos en las bacterias Streptomyces. Identificó una enzima conocida como lipasa A, que es capaz de descomponer BHET, un compuesto orgánico que se utiliza en la producción de polímeros.


Ilustración de hongos, con botellas de plástico y larvas
Visitamos el laboratorio de la bióloga María Neftalí Rojas, doctora en Ingeniería Ambiental, que busca aminorar el impacto ambiental del ser humano en el planeta con sus investigaciones para degradar el plástico con hongos y larvas, y la fabricación de ecoladrillos.

Los científicos examinaron a profundidad la presencia de este elemento en una colección de 96 actinobacterias Streptomycesbajo diversas condiciones. Descubrieron que la interacción entre cepas puede influir en el desempeño de la lipasa A para degradar BHET. En conjunto, el 44% de las bacterias evaluadas pudo degradar el compuesto y el 18% mostró actividad de descomposición cuando se analizaron de forma individual. Hallaron que cuando la enzima está presente en grandes cantidades, los organismos descomponen el plástico a mayor velocidad.

“En conclusión, presentamos una identificación y caracterización integral de una nueva familia de enzimas degradantes de BHET conservadas de Streptomyces. Las características estructurales y la actividad in vivo e in vitro proporcionan más información sobre la adaptación evolutiva y ecológica de las bacterias del suelo a los plásticos en su entorno”, indica el estudio.

Bacterias contra la contaminación plástica

Un punto destacado del trabajo de Verschoor es que las bacterias estudiadas no fueron recolectadas con el objetivo de medir su potencial para destruir polímeros. La muestra fue tomada de un banco preexistente que los científicos de la Universidad de Leiden utilizan para explorar el desarrollo de nuevos antibióticos. Los microorganismos provienen de diversos continentes. Esto sugiere que la capacidad para disgregar plásticos podría estar más extendida en la naturaleza de lo que se pensaba.

La microbióloga señala que las condiciones externas son decisivas en el uso de bacterias Streptomyces en los procesos de reciclaje de plástico. Sus conclusiones indican que la enzima lipasa A pierde la mayor parte de sus propiedades de descomposición cuando se expone a temperaturas superiores a los 40°C. Añade que los microorganismos deben ser alentados para degradar los polímeros. “Al igual que nosotros, ellos no hacen las cosas automáticamente; necesitan un estímulo. Solo empezamos a correr cuando nos persigue un tigre. De manera similar, las bacterias rodeadas por una gran cantidad de azúcar y, por lo tanto, de energía, no harán algo que requiera demasiado esfuerzo”.

La investigación hace más grande el conjunto de bacterias que pueden emplearse para contrarrestar la contaminación por plásticos en el mundo. La autora reconoce que aunque sus hallazgos son destacados, aún falta mucho para conseguir que las bacterias sean una solución viable. “La abundancia actual de enzimas que degradan BHET indica que la naturaleza realmente puede asumir el desafío de la degradación y la biorremediación. Si investigamos y comprendemos más a fondo este fenómeno, las características microbianas y enzimáticas involucradas, y aplicamos esas características, podemos avanzar hacia la mitigación de la contaminación plástica para un futuro más sostenible”, concluye.

Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico

 Esta fecha no es solo un recordatorio sobre el inmenso impacto ambiental de las bolsas de plástico de un solo empleo, sino también una invitación a adoptar alternativas más sostenibles y responsables. El plástico, que tarda cientos de años en degradarse, contamina nuestros océanos, tierras y afecta a la fauna marina y terrestre. Este día nos insta a reflexionar sobre nuestros hábitos de consumo y a optar por soluciones más ecológicas




19 de junio de 2024

Ciudades de proximidad y ciclables para luchar contra el cambio climático

 En el año 2022 Europa vivió el segundo año más caliente de la historia. Además, se prevén fenómenos climatológicos más frecuentes y graves, lo cual, según la Organización Mundial de la Salud, supone importantes amenazas para la salud humana, sobre todo en los niños, los adultos mayores y aquellos que se encuentran socialmente aislados.

Las evidencias de que el cambio climático se está produciendo y de que la actividad humana es su causa principal son claras para la ciencia. Si no se detiene ya, sus efectos van a ser dramáticos para la humanidad. Según el último informe del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, la probabilidad de que el aumento de temperatura global alcance o supere los 1.5 °C antes del 2040 es del 50 %. 

Para ello y a través de negociaciones muy costosas y de liderazgo a nivel mundial, el Parlamento Europeo ha priorizado la lucha contra el cambio climático ratificando el Acuerdo de París. La UE se comprometió en 2021 a reducir sus emisiones al menos un 55 % por debajo de los niveles de 1990 para el 2030, promover energías renovables y eficiencia energética y alcanzar la neutralidad climática para 2050. Con la Ley Europea del Clima, esto se ha convertido en una obligación legal para los países miembros. 

Los resultados de las últimas elecciones europeas podrían amenazar este tipo de acuerdos y objetivos solo con retrasar su ejecución. Por ello es importante entender los beneficicios de tener ciudades más próximas y ciclables, que además no se limitan a la mitigación del cambio climático. 

Más transporte público y bicicletas

En 2019 el transporte representaba aproximadamente una cuarta parte de las emisiones totales de dióxido de carbono (CO₂) en la UE, de las cuales un 71,7 % se atribuyó al transporte por carretera. El 60.6 % de estas emisiones corresponde a los coches privados, que son muy poco eficientes como medio de transporte, pues su tasa de ocupación es de 1.6/5 personas por coche en Europa. Además, los costes de congestión ascienden a 270 000 millones de euros al año. 

Por otro lado, la contaminación acústica aumenta constantemente junto con la urbanización de las ciudades y el aumento del tráfico. En Europa occidental se pierden al menos 1,6 millones de años de vida sana como consecuencia del ruido del tráfico rodado. Por ello, la Comisión Europea adoptó la directiva 2002/49/CE, que obliga a los Estados miembros a establecer planes de acción para evitar, prevenir y reducir los efectos de la exposición al ruido.

Ciudades de proximidad menos contaminadas y ruidosas

El modelo de las ciudades de proximidad, incluyendo la de los 15 minutos, intenta reducir la necesidad y la dependencia del vehículo privado con el fin de reducir el ruido y la contaminación. Este esquema se basa en los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los objetivos estratégicos de la UE mencionados previamente, brindando a los ciudadanos opciones y la libertad de elección sobre qué transporte usar de acuerdo con sus necesidades.

Ante este tipo de medidas, se han difundido teorías desinformativas y de carácter conspiratorio. Aseguran, por ejemplo, que con este modelo los gobernantes intentan controlar el movimiento de los ciudadanos, mediante la restricción del uso del coche privado y el monitoreo de sus movimientos y de las emisiones de CO₂ individuales. 

Sin embargo, nuestro estudio sobre la ciudades que vienen aplicando estos modelos de proximidad (incluida París), muestran que estas afirmaciones sobre el control de movimientos no son el objetivo de ninguno de sus planes o políticas.

Por ejemplo, las medidas que se han tomado en París incluyen reducir el límite de velocidad a 30 km/h en gran parte de la ciudad, la peatonalización de algunas zonas, la promoción de la movilidad compartida, mejoras en el transporte público y una ampliación de la infraestructura ciclista. 

Además, la capital francesa ha implantado un sistema de zonas de circulación restringida tarifada para los vehículos más contaminantes en determinadas áreas de la ciudad (ZCR) similares a los que desde hace años tienen Madrid y otras ciudades del mundo, desde algunas urbes de Latinoamérica a Singapur, pasando por Estocolmo o Londres. 

Para mitigar parte del impacto de las restricciones en las familias con menos poder adquisitivo, Londres ha reinvertido los recursos obtenidos en la mejora del transporte público, la red ciclista y la peatonal de su zona central de bajas emisiones. 

París por su parte ha creado programas de ayuda financiera para apoyar la adquisición de diversos medios de transporte limpios, incluyendo coches y bicicletas eléctricas, de acuerdo a las condiciones económicas de cada ciudadano. Es decir, la transición hacia una movilidad menos insostenible y hacia una ciudad de proximidad exige aplicar no solo una, sino un conjunto complementario de medidas que debe estar en constante revisión, dada la importancia de sus efectos para la vida diaria de los ciudadanos.

Beneficios comprobados

En artículos anteriores hemos recalcado los beneficios para la salud y para la cohesión social de los modelos de ciudad de proximidad. En esta ocasión nos enfocamos en los ambientales.

El desarrollo de acciones locales que logren que la mayoría de los residentes puedan elegir desplazarse a pie o en bicicleta para satisfacer sus necesidades diarias, disminuyendo así el uso del vehículo privado, desempeñan un papel fundamental en la consecución de los objetivos más apremiantes e importantes a nivel global: la reducción de las emisiones de carbono, la contaminación acústica y la mejora de la calidad del aire.

Una evaluación del impacto de los cierres por la covid-19 sobre la contaminación atmosférica en cinco países de Europa, incluyendo a España, Italia, Reino Unido, Francia y Suecia, reveló una disminución del volumen de tráfico debido a la reducción de los flujos industriales, comerciales, de transporte y de las actividades humanas en comparación con años anteriores. Esto se tradujo en una reducción de las emisiones de NO₂, PM2,5 y PM10 de entre un 20 % y un 40 % en 2020. 

Solo con las tasas actuales de ciclismo de la UE, se ahorran más de 16 millones de toneladas de CO₂ al año. En contraste con los coches eléctricos, que en la mayoría de casos siguen funcionando a base de energía proveniente de fuentes fósiles, por lo que es necesario seguir avanzando en la descarbonización de la generación eléctrica. Ello va en la línea de reducir las importaciones de petroleo y de reducir así la dependencia energética del exterior. En el caso de España, esta todavía se situaba en el 74,4 % en el año 2022. 


Leer más: La bicicleta es diez veces más importante que el coche eléctrico para reducir emisiones en las ciudades


Otra medida que va de la mano con la adaptación de las ciudades hacia modelos de proximidad incluye la regeneración y renaturalización urbana, como medida de resiliencia, adaptación y mitigación al cambio climático. Los espacios verdes contribuyen a reducir las emisiones de CO₂ y el ruido y a moderar las temperaturas, además de promover el encuentro social y mejorar la salud.

Según el sociólogo estadounidense Richard Sennett, el gran reto de las ciudades es lograr que “la ecología sea ante todo una forma de humanismo, la economía una fuente de distribución equitativa y la inclusión social una realidad”. Esta sería la responsabilidad para los alcaldes y planificadores urbanos que quieran implantar modelos de proximidad como el de la ciudad de los 15 minutos.

Regla 3-30-300: la técnica holandesa que usa la naturaleza para aumentar la felicidad

 Por mucho que la tendencia humana en los últimos siglos sea amontonarse en grandes ciudades, nuestro cerebro sabe que su sitio está en la naturaleza y te recompensa con un chute de endorfina y dopamina cada vez que te acercas a ella

Un estudio de la Universidad de Warwick (Reino Unido) publicado en la revista Nature, investigó la relación entre la felicidad de los seres humanos y el contacto con la naturaleza. Los resultados de ese estudio sirvieron de base para elaborar la regla 3-30-300 que busca aumentar la felicidad pasando más tiempo en un entorno natural.

Los efectos de la naturaleza en las personas

Dicho estudio demostró unos mayores niveles de felicidad en las personasque acudían frecuentemente a espacios naturales durante la semana. Eso hizo que sintieran menos ira y estrés, reduciendo el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, como arritmias o infartos de miocardio.

Un estudio conjunto entre la Universidad de Warwick y el Dartmouth College de Estados Unidos estudió a nivel europeo la relación entre el incremento de la sensación de felicidad y el descenso de los niveles medios de presión arterial.

El resultado es que aquellos países cuyas poblaciones se sentían más felices, registraban una menor presión arterial y frecuencias cardíacas medias más bajas, por lo que su corazón era menos propenso a sufrir accidentes cardiovasculares. En Noruega, mantener ese contacto con la naturaleza para sentirse más felices es casi una tradición y tiene un nombre curioso: friluftsliv.

Cecil Konijnendijk es un investigador holandés que codirige el Instituto de Soluciones Basadas en la Naturaleza y profesor honorario de la Facultad de Silvicultura de la Universidad de Columbia Británica. Este investigador ha elaborado una teoría según la cual, integrar la regla 3-30-300 en la rutina diaria de las personas incrementa su felicidad y mejora su motivación y productividad

¿Qué es la regla 3-30-300?

La regla 3-30-300 establece una serie de objetivos para mantener a las personas en contacto con el entorno natural para mejorar su bienestar y reducir sus niveles de estrés. Con ella, se fomentan las salidas de los entornos predominados por el asfalto y el hormigón, hacia zonas verdes o bosques, evitando el sedentarismo.

Para llevarla a cabo, los entornos de cada persona deberían cumplir estas tres circunstancias:

  • Desde la ventana de nuestra casa deberíamos ver al menos tres árboles.
  • Nuestro barrio debería tener un mínimo del 30% por ciento de cobertura arbórea.
  • Deberíamos vivir a un máximo de 300 metros de un parque público o de un espacio verde.

Vivo en una gran ciudad, ¿cómo aplico esta técnica?

Obviamente, el contexto de una gran ciudad no permiten algunos de estos requisitos. El más evidente es el de tener tres árboles en casa, por ejemplo. Sin embargo, no tienen por qué cumplirse en el sentido más estricto.

Si al asomarte a la ventana ya alcanzas a ver tres árboles, estarías cumpliendo con el primer requisito. Si no los ves, el investigador recomienda que pongas un poco de verde en tu vida incorporando al menos tres plantas en tu casa y cuidar de ellas.

De este modo, no solo mejorarán la calidad del aire en tu casa, sino que, a largo plazo, ese tiempo que se les dedica servirá para mejorar la sensación de felicidad y bienestar. Dedicar ese tiempo a sus cuidados te obligará a detener tu ritmo de vida ajetreado por unos minutos, y tomarte un respiro para regarlas y cuidarlas.