Se acaba de publicar un estudio que alerta de que el aguilucho cenizo podría perder más de la mitad de su población en España en las próximas dos décadas.
Una noticia terrible que en realidad tiene que ver con la ruptura de un acuerdo tácito entre el ser humano (o la agricultura) y la naturaleza. Si no hacemos algo urgente para revertirlo, esta situación podría llevar a la especie a su extinción.
Este era el acuerdo que existía:
El aguilucho cenizo pone sus huevos en los campos de cultivo, directamente sobre el cereal (a diferencia de otras rapaces, anida en el suelo en lugar de en altura), y se alimenta de los topillos, ratones y langostas que encuentra.
Es decir, anidan a cambio de eliminar las plagas que más daño hacen a una cosecha.
Antes, las crías crecían lo suficiente y echaban a volar antes de que los agricultores cosechasen. Sin embargo, el cambio climático, el aumento de las temperaturas y la cosecha en verde, entre otras causas, han provocado que se adelante la fecha de recogida del cereal.
Y ahora, a los polluelos no les da tiempo a aprender a volar antes del paso de las máquinas cosechadoras.
El estudio, que ha analizado la evolución de más de 20.000 nidos a lo largo de tres décadas, explica que la situación de declive de la especie es mucho más grave de lo que se pensaba.
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