17 de agosto de 2016

Nuevas observaciones confirman la existencia de cambios en la distribución global de nubes



Las estrechas zonas por las que las nubes viajan a través del planeta se están desplazando desde las latitudes medias hacia los polos. El fenómeno concuerda con las predicciones del calentamiento global.
Nature

Cinturones de nubes: Imagen formada a partir de datos de satélites del aspecto que adoptaba la cobertura global de nubes el 11 de julio de 2005. [NASA]
Las nubes se están desplazando hacia arriba y alejándose de sus cursos habituales. Un análisis basado en datos de satélites ha constatado que, desde principios de la década de 1980, las nubes se han desplazado hacia los polos y sus puntos más elevados han ganado altitud. Tales cambios concuerdan con las predicciones de los modelos climáticos y representan un raro avance en una de las áreas más inciertas de la climatología: el comportamiento de las nubes ante el calentamiento global.
«Es realmente la primera prueba fiable que tenemos en los registros de observaciones sobre el cambio climático y las nubes», asegura Joel Norris, científico atmosférico de la Institución Scripps de Oceanografía de La Jolla, en California. Norris y sus colaboradores describen sus resultados en un artículo publicado ayer en Nature.
La nubes son difíciles de observar y difíciles de incluir en los modelos climáticos, explica Katherine Marvel, climatóloga del Instituto Goddard para Estudios Espaciales de la NASA, en Nueva York. Esas complicaciones se deben a que, para estudiarlas, los investigadores han de agregar los datos de patrones de nubosidad obtenidos por los satélites existentes, los cuales han sido diseñados para registrar fenómenos meteorológicos a corto plazo y no el comportamiento a largo plazo que necesitan los modelos climáticos.
El grupo de Norris ha intentado sortear dicha dificultad eliminando los datos menos fiables de los registros de los satélites, como aquellos obtenidos por sensores deteriorados por el paso del tiempo. Además, los investigadores cruzaron dos bases de datos con información a largo plazo sobre la cobertura de nubes, datos de la cantidad de agua presente sobre los océanos, y mediciones de la reflectividad de la Tierra (cuánta luz solar devuelve el planeta al espacio).
En 2009, su equipo halló que la cobertura de nubes sobre las latitudes medias se había reducido con respecto a 1983. Ese resultado encaja con los modelos que predicen que las zonas secas se expandirán desde las regiones subtropicales y empujarán las tormentas en dirección a los polos. El grupo también encontró que, a finales de la primera década de este siglo, las zonas altas de las nubes se habían elevado; de nuevo, un resultado que concuerda con los modelos del calentamiento global.
Ryan Eastman, científico atmosférico de la Universidad de Washington en Seattle, opina que Norris y sus equipo han hecho «un excelente trabajo al usar los registros de los satélites de la manera apropiada». En 2013, Eastman y un colaborador emplearon observaciones terrestres de la cobertura de nubes y apreciaron los mismos fenómenos. Su estudio también constató que las nubes estaban disminuyendo en las altitudes medias a medida que las tormentas se desplazaban hacia los polos. El investigador señala que el nuevo trabajo encaja bien con los hallazgos previos.
Que las observaciones cuadren con los modelos resulta preocupante, opina Veerabhadran Ramanathan, científico atmosférico de la Institución Scripps que no participó en el estudio. Según el investigador, si los modelos están empezando a incluir de manera correcta el comportamiento de las nubes, eso sugiere que el calentamiento del planeta a lo largo del siglo podría acabar situándose en la zona más alta de las estimaciones.
A pesar de todo, la situación sigue siendo compleja. El desplazamiento observado de las nubes concuerda con lo que los científicos esperan de un aumento en las emisiones de gases de efecto invernadero, pero también con la situación creada tras grandes erupciones volcánicas. Marvel señala que los investigadores aún deben aclarar la importancia relativa de los gases de efecto invernadero y de los volcanes. Ese es el próximo paso que se propone dar Norris: «Los datos no son inútiles. Dicen más de lo que pensábamos», concluye el investigador.
Más información en Nature.
—Alexandra Witze/Nature News

La acuicultura ya aporta la mitad del pescado que consumimos



Sin embargo, el estado de los recursos marinos mundiales no ha mejorado. Casi un tercio de las poblaciones de peces con valor comercial se capturan hoy con una presión biológicamente insostenible: el triple de la que existía en 1974.
FAO

El mundo está comiendo más pescado que nunca.  Y el incremento es fruto del auge de la acuicultura de las últimas décadas, más que de la pesca clásica. Así lo confirma el reciente informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación  y la Agricultura (FAO) que se publica cada dos años.
El 2014 fue el primer año en el que el consumo de pescado proveniente de la acuicultura superó a la pesca de captura. En ese año,  a escala mundial se consumieron una media de 20,1 kilogramos de pescado, frente a un promedio de 9,9 kilogramos en la década de 1960. La cría de crustáceos, moluscos y algas marinas también ha crecido considerablemente a lo largo de las últimas décadas. Estos son algunos de los resultados del informe «Estado mundial de la pesca y la acuicultura» (SOFIA, por sus siglas en inglés), que evidencia un aumento en la producción y el consumo de pescado, impulsado en gran medida por los animales criados en piscifactorías.
Producción mundial de la pesca de captura y la acuicultura. [FAO]
Producción mundial de la pesca de captura y la acuicultura. [FAO]

China sigue siendo de lejos el principal productor acuícola, seguido por Noruega y Vietnam. Otros países que han experimentado un crecimiento notable son Nigeria, el África subsahariana, Chile e Indonesia. El salmón y la trucha son los principales productos básicos, lugar que ocuparon durante décadas las gambas y otros crustáceos.
La implementación de nuevas normativas de gestión está dando datos positivos en el Atlántico noroccidental, donde se ha conseguido disminuir a la mitad las capturas, en relación con la década de 1970. Como resultado, las poblaciones de de halibut, platija y eglefino en esta zona están mostrando signos de recuperación. No es el caso, en cambio, del bacalao. La mejora en la gestión también parece haber favorecido la astromerluza negra (un pescado antártico comercializado a menudo en EE.UU. como lubina chilena).
En contraposición, el 59 por ciento de las capturas examinadas en el Mediterráneo y el Mar Negro reflejan una intensidad biológicamente insostenible. El informe califica la situación en estas zonas de «alarmante» y apunta la frágil situación de algunas especies como la merluza, la liza, el lenguado y los espárridos. Otra preocupación que se desprende del reciente trabajo es el aumento del número de especies invasoras asociadas al cambio climático.
Más información: FAO
Fuente: FAO y Nature News

El ozono se recupera, el calentamiento global continúa

Los datos recogidos sobre el agujero de ozono muestran, con claridad creciente, que su extensión e intensidad disminuyen desde 2006. Sin embargo, el calentamiento global sigue peligrosamente al alza. En contra de una opinión muy extendida, estos dos fenómenos no tienen relación.
Los avances científicos deben comunicarse al gran público. Tan cierto como difícil. De ahí que muy pocos científicos nos atrevamos a saltar la verja. Me refiero a la que protege nuestro confortable jardín de especialistas, y nos expongamos a las dificultades de comunicar y, sobre todo, interaccionar con el público no especialista. Llevar adelante esta comunicación requiere un esfuerzo enorme de lenguaje, para el que no existe, todavía, un cuerpo metodológico suficientemente desarrollado.
Uno de los problemas que se deben atribuir a nuestra imperfecta capacidad de comunicación es la dificultad para resolver confusiones entre conceptos. Un ejemplo clásico, en este sentido, es la creencia de que el agujero en la capa de ozono continúa aumentando, y que este aumento es la causa del calentamiento global. 
 
La capa de ozono se recupera
 
El agujero de la capa de ozono está disminuyendo, desde hace unos diez años.  Sorprendente, pero cierto.  En abril de 2014 publiqué un artículo sobre la regeneración de la capa de ozono, en Scilogs. Fue una ampliación del estudio detallado que realicé para el libro "L’aire que respirem", entonces publicado recientemente. El artículo se basó, esencialmente, en los datos sobre la superficie máxima del agujero de ozono en la Antártida, recopilados por la NASA y disponibles públicamente. Inicialmente, el texto no recibió demasiada atención. En cambio, durante los meses de verano la novedad de la noticia cuajó y las lecturas, los "retweets" y los "compartir" se dispararon. Diversos medios de comunicación digitales se hicieron eco, e incluso el texto fue copiado, sin permiso, en diversos blogs y canales de noticias amateurs.
 
Una forma de representar el agujero antártico de la capa de ozono, que se forma al inicio de la primavera austral, por la acción conjunta de la radiación ultravioleta, y las denominadas Nubes Estratosféricas Polares.
Una forma de representar el agujero antártico de la capa de ozono, que se forma al inicio de la primavera austral, por la acción conjunta de la radiación ultravioleta, y las denominadas Nubes Estratosféricas Polares.
 
Paralelamente, algunos artículos científicos trataron el mismo tema, desde diferentes ópticas. Dos interesantes ejemplos los tenéis aquí y aquí. Muy recientemente, otro interesantísimo artículo, ya comentado en Investigación y Ciencia, ha venido a confirmar, una vez más, los resultados. Sin embargo, este último artículo añade un estudio esencial, como es la influencia de las erupciones volcánicas sobre la degradación del ozono estratosférico, que es el nombre detallado del problema que nos ocupa aquí.
 
En particular, el artículo explica una parte de los cambios bruscos que muestra la extensión del agujero de ozono, para algunos años concretos. Muy especialmente, explica el incremento en la superficie del agujero correspondiente al 2015, el dato más reciente. En efecto, la superficie máxima del agujero había vuelto a crecer de forma muy destacable en 2015, llegando a valores muy cercanos al máximo de 2006, poniendo así en duda la recuperación. De hecho, ese dato tan elevado me obligó a rehacer el gráfico original publicado en el artículo, que aunque no cambiaba la tendencia global de recuperación, sí que daba a entender que el horizonte de recuperación podía alargarse más de lo previsto inicialmente.
 
El artículo que comento fue publicado por Susan Solomon y sus colaboradores, en la prestigiosa revista Science. Susan Solomon es una de las heroínas en la historia de la detección del agujero de ozono, pues realizó medidas y experimentos clave al inicio del problema. El artículo analiza cómo en abril de 2015 tuvo lugar una importante erupción del volcán Calbuco, en Chile. La erupción eyectó millones de toneladas de cenizas a la atmósfera, cuya circulación dispersó esas partículas en suspensión hasta el mismo Polo Sur. Una vez allí, estos sólidos de tamaño micrométrico, de azufre, se añadieron a las partículas constituyentes de las Nubes Estratosféricas Polares y contribuyeron a una degradación aumentada del ozono.
 
En el artículo se muestra, mediante sofisticadas simulaciones computacionales, que otras erupciones anteriores, tanto del hemisferio sur como norte, contribuyeron de forma significativa a las variaciones bruscas en el tamaño e intensidad del agujero de ozono. Sin embargo, el artículo muestra también, de forma muy sólida, cómo en ausencia de erupciones la disminución en la cantidad de CFCs en la atmósfera está permitiendo que el agujero en la capa de ozono sea menor, año tras año. CFC son las siglas correspondientes a Cloro–Fluoro–Carburos, la familia de compuestos usada antaño en refrigeración y aerosoles, principalmente, y cuya dispersión en la atmósfera constituyó la principal causa del aumento del agujero de ozono. El protocolo de Montreal, de 1987, prohibió su uso, aunque los diferentes países no acabaron de adoptar medidas efectivas hasta el año 2000.
 
Superficie máxima del agujero de ozono en la Antártida, en función del tiempo.  La línea contínua pálida corresponde al ajuste de la tendencia, hasta el año 2013, mientras que la línea continua más intensa corresponde al ajuste hasta 2015.  El dato más elevado, correspondiente al 2015 ha llevado a un descenso del ritmo de disminución, pero sin modificar la tendencia global ya apuntada con el ajuste de 2013.  Las flechas verticales indican el año en el que tuvieron lugar erupciones volcánicas, que causaron incrementos excepcionales en el tamaño del agujero.  Ca indica Calbuco, PC indica Puyehue-Cordón Caulle y SH indica Soufrière Hills, los volcanes que entraron en erupción en 2015, 2011 y 2006, respectivamente.
Superficie máxima del agujero de ozono en la Antártida, en función del tiempo. La línea contínua pálida corresponde al ajuste de la tendencia, hasta el año 2013, mientras que la línea continua más intensa corresponde al ajuste hasta 2015. El dato más elevado, correspondiente al 2015 ha llevado a un descenso del ritmo de disminución, pero sin modificar la tendencia global ya apuntada con el ajuste de 2013. Las flechas verticales indican el año en el que tuvieron lugar erupciones volcánicas, que causaron incrementos excepcionales en el tamaño del agujero. Ca indica Calbuco, PC indica Puyehue-Cordón Caulle y SH indica Soufrière Hills, los volcanes que entraron en erupción en 2015, 2011 y 2006, respectivamente.
 
La conclusión es, entonces, que la capa de ozono se recupera, aunque lentamente. Se calcula que no antes del 2050 se llegará a los valores pre–CFC. Y sin bajar la guardia, puesto que el problema es muy delicado, y cualquier substancia que pueda incorporarse al ciclo catalítico de degradación del ozono podría empezar el problema de nuevo.
 
El calentamiento global continúa
 
La capa de ozono se recupera, pero este hecho no tiene ninguna influencia sobre el calentamiento global. Lo comento puesto que numerosos estudios demuestran que una parte mayoritaria de la ciudadanía piensa que el agujero de la capa de ozono contribuye al calentamiento global. Valga como ejemplo de estos estudios un artículo de 2007: "Holes in students understanding: addressing prevalent misconceptions regarding atmospheric environmental chemistry", de S. C. Kerr y K. A. Walz, publicado en Journal of Chemical Education (vol. 84, pág. 1693), o también la revisión de Pablo A. Meira en la revista "Mètode". Esta creencia la he podido comprobar también personalmente en las conferencias que imparto con una cierta asiduidad, ya sea destinadas al público general, a estudiantes, o incluso a profesionales cualificados.
 
Recordemos que el calentamiento global está causado por la acumulación en la atmósfera de los denominados gases de invernadero, principalmente dióxido de carbono, CO2, y también metano, CH4. El dióxido de carbono es emitido por las erupciones volcánicas, pero también, de forma muy importante, por la actividad humana. La quema de combustibles fósiles provoca que la cantidad de CO2 en la atmósfera se incremente, aproximadamente, a un ritmo de unas 2 partes por millón al año. Los datos más recientes muestran que la cantidad de CO2 en la atmósfera es ya de 400 partes por millón, es decir, el 0,04 % de la composición de la atmósfera.
 
Hace unos meses publiqué en Scilogs un análisis del problema, así como una descripción de los denominados árboles artificiales, para la captura de CO2. Existen por supuesto otras propuestas tecnológicas muy interesantes, que han activado sobremanera este campo de investigación aplicada. Lo volveré a tratar con más detalle en un futuro próximo.
 
El agujero de ozono y el calentamiento global no tienen relación
 
La confusión sobre la relación entre el agujero de ozono y el calentamiento global es, no obstante, un error muy comprensible. El ozono en la estratosfera nos protege puesto que captura la parte dañina de la radiación ultravioleta que emite el Sol. Si hay menos ozono, para capturar la radiación, ésta llega en mayor cantidad a la superficie de la Tierra y por tanto causa un mayor calentamiento de la atmósfera. ¿Quién es capaz de rebatir tal argumentación? Difícil.
 
Sin embargo, la anterior afirmación no es cierta. Veamos por qué.
 
La capa de ozono retiene la radiación ultravioleta, facilitando así la existencia de los seres vivos. El agujero en esta capa, entonces, deja pasar mayor cantidad de esta radiación. Digo mayor cantidad, y no toda, puesto que el "agujero" es, en realidad, una región donde la cantidad de ozono disminuye, pero no desaparece.
 
Por otro lado, el agujero se concentra en la Antártida, puesto que el resto de las regiones de la Tierra prácticamente no sufren este problema.
 
Y, finalmente, la radiación ultravioleta es muy poco intensa, comparada con la radiación visible que también nos llega del Sol. Mucho menos del 1 % de toda la radiación que nos llega es ultravioleta, y el ozono retiene sólo una fracción de esa radiación.
 
Y ahí está la clave, en la intensidad. Buscando un símil más comprensible, la radiación ultravioleta se podría comparar a los proyectiles disparados con un fusil; cada proyectil puede hacer mucho daño, pero llegan pocos proyectiles. La capa de ozono actúa entonces como un chaleco antibalas.
 
En cambio, el calentamiento de la atmósfera se produce por la radiación infrarroja emitida por la Tierra. Por lo tanto, el calentamiento no lo provoca, directamente, la radiación que viene del Sol. Ésta es mayoritariamente visible, y es absorbida por la superficie de la Tierra. A continuación, una parte de la energía capturada por el planeta es entonces devuelta a la atmósfera, en forma de radiación calorífica, menos energética que la visible.
 
Esquema del mecanismo del efecto invernadero.  El calentamiento de la atmósfera lo causa la radiación infraroja emitida por la corteza terrestre, una vez ha absorbido la luz visible del Sol.  El dióxido de carbono, el metano, el agua, y otros gases en menor proporción, retienen entonces una parte de esta radiación infraroja, y de ello se deriva su temperatura.  A mayor cantidad de gases, mayor es la retención de radiación.
Esquema del mecanismo del efecto invernadero. El calentamiento de la atmósfera lo causa la radiación infraroja emitida por la corteza terrestre, una vez ha absorbido la luz visible del Sol. El dióxido de carbono, el metano, el agua, y otros gases en menor proporción, retienen entonces una parte de esta radiación infraroja, y de ello se deriva su temperatura. A mayor cantidad de gases, mayor es la retención de radiación.
 
La Tierra actúa entonces como una estufa, emitiendo gran cantidad de radiación de baja energía, si la comparamos con la radiación visible, y aún menor si la comparamos con la ultravioleta. La superficie de la Tierra emite entonces una ingente cantidad de proyectiles, pero todos ellos millones de veces menos energéticos que los ultravioleta. Es una lluvia de proyectiles blandos hacia el espacio.
 
El calentamiento de la atmósfera aparece entonces por la retención de esta lluvia inversa, por parte de algunos de los gases que pueblan la atmósfera, principalmente el agua, el dióxido de carbono y el metano. Cuando la cantidad de estos gases aumenta, mayor es el calentamiento global.
 
En conclusión, la capa de ozono nos protege por calidad, más que por cantidad, puesto que retiene unos pocos proyectiles muy dañinos, provenientes del Sol. En cambio, el calentamiento se produce por cantidad, a partir de un gran número de proyectiles mucho más benévolos, cuyo origen es la Tierra.
 
El agujero de la capa de ozono y el calentamiento global son dos fenómenos con una base física diferente, que en la práctica se influencian muy poco entre ellos.
 
Xavier Gimenez Font para I & C

Planeta azul: ¿más plástico que peces?

La Tierra, el planeta azul perdido en la inmensidad del universo que cobija a la vida, está en peligro. No está amenazada por los cataclismos naturales que han marcado su historia desde los inicios de los tiempos, sino por las actividades del hombre.

Paisajes

La compleja historia de nuestro planeta y de la humanidad está marcada por descubrimientos y eventos extraordinarios. Uno de ellos ocurrió el 7 de diciembre de 1972 cuando los astronautas del Apollo 17, la última misión con tripulantes a la Luna, tomaron desde el espacio la fotografía más famosa de la Tierra. En la imagen, captada a más de 45.000 kilómetros de distancia, se observa nuestro planeta, solo, aislado, en medio de una total oscuridad. Se aprecian África y la Antártida bajo la luz del sol y otras regiones nubladas. La característica más sobresaliente de esa imagen es, sin embargo, que la Tierra se ve azul, por el color y la extensión de sus océanos. Desde entonces se le conoce como el Planeta Azul. Esa fotografía nos llevó a apreciar desde una perspectiva completamente nueva la fragilidad y lo finito de nuestro planeta. Permitió también entender la importancia de sus océanos, que cubren 75 por ciento de su superficie.

URU.jpgLos mares y océanos mantienen la mayor diversidad biológica del planeta. Allí viven millones de especies pertenecientes a prácticamente todos los phyla o grupos animales, incluyendo a varios que están ausentes de las islas y continentes. En contraste, en tierra existe una mayor diversidad de plantas. Los arrecifes y mares de coral de Australia, Indonesia, Filipinas y las costas del Caribe mexicano son las regiones marinas más diversas. Son el equivalente marino de las selvas tropicales como las de la cuenca del Amazonas en Sudamérica.
HopeA la fecha se han descrito más de 16 mil especies de peces marinos y se estima que existen aún miles por ser descubiertas. Existen alrededor de 130 especies de mamíferos marinos como ballenas, delfines y focas, que habitan en las aguas de todos los mares. También hay un número no determinado, pero sin duda enorme, de otros tipos de especies como camarones y cangrejos. Cada año se descubre una plétora de nuevas especies marinas, algunas tan grandes como ballenas y delfines. Por ejemplo, en 2014 estudios genéticos revelaron que los rorcuales de Bryde del golfo de México son probablemente una especie nueva.
Los océanos y mares albergan la fabulosa e inimaginable cantidad de mil trescientos millones de kilómetros cúbicos de agua salada, lo que representa 96 % del agua del planeta; el resto es agua dulce. Por la vastedad del mar y su inaccesibilidad para la mayoría de las personas es difícil percibir laenorme degradación a la que ha sido sometido. Hoy, nuestro planeta, su diversidad biológica, sus mares y océanos están amenazados por las actividades del hombre. Poco a poco se han ido mermando sus riquezas y poco a poco se va extinguiendo su vida. Los embates son variados y complejos; el mar es simultáneamente atacado desde muchos frentes.          
Si no cambiamos la situación actual, se estima que para  el año 2030 podría haber más plástico que peces en el mar
Si no cambiamos la situación actual, se estima que para el año 2030 podría haber más plástico que peces en el mar

Millones de litros de aguas contaminadas son vertidos cada día a los océanos arrastrando muerte y desolación. La contaminación por plásticos de todo tipo es inimaginable.
Existen cinco regiones en los mares en donde se acumulan plásticos y otra basura en cantidades asombrosas; en el Pacífico se le ha llamado el "gran parche de plástico del Pacífico", que se extiende por decenas de kilómetros y a decenas de metros de profundidad.
Día y noche sin parar se puede escuchar en las profundidades el ruido de motores y artes de pesca de innumerables barcos pesqueros que prácticamente han acabado con todas las grandes pesquerías, tales como las de bacalao en la costa este de Estados Unidos de América y Canadá, las de sardinas en la costa de California y la del atún en las costas del Pacífico. 
En las aguas del golfo de California ocurre, hoy en día, una crisis silenciosa invisible para nosotros. En esas aguas existen menos de 100 vaquitas marinas, un tipo de marsopa endémica de esta región, y se enfrentan a la extinción por la pesca ilegal. En este año 2015 el Presidente de México ha decretado una veda total a la pesca en el Alto Golfo e instruido a la Marina para que se cumpla esta prohibición. Se trata de la última esperanza para la vaquita, presagio de los tiempos que vienen, de todo tipo es inimaginable.
El mar, cuna de la vida, está en peligro. La Tierra está en peligro. Ya sea por razones éticas o simplemente por conveniencia es necesario reconocer claramente que el camino que hemos elegido es incorrecto.
Y, sin embargo, seguimos hacia el mismo rumbo indiferentes a la destrucción que nos rodea. Tal como lo expresó elocuentemente Jacques Cousteau: "El mar, el gran unificador, es la única esperanza para el hombre". Hoy, como nunca antes, la vieja frase tiene un sentido literal: "todos estamos en el mismo bote".
El futuro del mar depende ahora exclusivamente de nosotros. El tiempo será el mejor testigo para saber si le mostramos el amor, la atención y la comprensión que requería para sanar y salvarse. Si tuvimos la sensatez que se necesita para salvarnos.
ICEBERG AZUL

 Gerardo Ceballos para I&C

1 de agosto de 2016

La contaminación química también llega a las aves marinas antárticas

Los petreles gigantes del norte (Macronectes halli) y los del sur (Macronectes giganteus) son grandes carroñeros de los ambientes subantárticos y antárticos, respectivamente, y tienen una estrategia de vida extrema basada en una larga longevidad y una baja fecundidad (un único huevo por periodo reproductor). Están ampliamente distribuidos en el océano Sur y pueden llegar a cubrir miles de kilómetros para alimentarse, pero sus poblaciones son altamente vulnerables a cualquier amenaza que afecte a la supervivencia adulta.
"En general, cuanto más al sur nos encontramos, más bajos son los niveles de contaminantes orgánicos en los pájaros marinos. Estos contaminantes, originados por la actividad humana, acaban llegando a todos los rincones del planeta mediante el transporte atmosférico, principalmente. En el caso de la Antártida, también llegan, pero en menor cantidad", explica el profesor Jacob González Solís, del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona (UB-IRBio) y autor de varios estudios genéticos y poblacionales sobre aves marinas del Mediterráneo, el Atlántico y el océano Sur.
"Desgraciadamente, todavía no sabemos qué efectos podrían tener estos compuestos sobre los pájaros oceánicos. De momento, los niveles detectados son muy bajos; por ello, si se produce algún efecto negativo, es tan ligero que sería difícil detectarlo. No obstante, hay que realizar más investigaciones para averiguar cuáles son los efectos de la contaminación química sobre la fauna salvaje", continúa el investigador.
Según el artículo publicado en Environmental Research, en los pájaros árticos y antárticos los niveles de contaminantes orgánicos son similares. "Estos compuestos químicos, ampliamente utilizados en el pasado, probablemente ya han tenido tiempo de llegar a los dos polos del planeta. Los compuestos orgánicos de uso relativamente más reciente, como los retardantes de llama, son por el momento más abundantes en el Ártico que en la Antártida, probablemente porque sus fuentes de emisión son mucho más abundantes y cercanas al polo en el hemisferio norte que en el sur. Tarde o temprano, sin embargo, acabarán por llegar a todas partes", alerta González Solís.
Cuando el mercurio llega a latitudes antárticas 
Los albatros y los gran petreles también son las aves oceánicas más expuestas a la contaminación por mercurio en ambientes antárticos y subantárticos, según otro trabajo publicado en Environmental Pollution. "Probablemente, este hecho está relacionado con el aumento de las emisiones de mercurio en países emergentes", dice González Solís.
"En general, la dieta es la vía principal de entrada de contaminantes en los pájaros marinos. Muchos contaminantes, como los COP y el mercurio, se biomagnifican a través de la red trófica. Esto hace que las especies más vulnerables sean las que se encuentran en niveles tróficos superiores (albatros y petreles), ya que se alimentan sobre todo de peces y calamares, o en el caso de los petreles gigantes, de carroña de pingüinos y focas. La mayoría de pingüinos antárticos de tamaño moderado, en cambio, se alimentan fundamentalmente de kril y, por tanto, sus niveles de contaminación son más bajos", recalca.
Este otro estudio analiza la concentración de mercurio en las plumas, una metodología muy eficiente para monitorizar los niveles de contaminación de este metal en las aves de todo el mundo. "Con la edad –detalla el investigador–, estos animales pueden bioacumular algunos de estos contaminantes en órganos como el hígado; pero en general, tienen vías de excreción que evitan que los contaminantes lleguen a concentraciones tóxicas".
"En el caso del mercurio, una de las vías de excreción más importante es la muda de la pluma. Para contrarrestar el desgaste de las plumas, la mayoría de pájaros cambian todas sus plumas una vez al año, y este proceso es un mecanismo de excreción del mercurio que reduce los niveles de este contaminante en el organismo. Otra vía de excreción es la formación del huevo, por lo que después de la puesta las hembras suelen presentar niveles más bajos de contaminantes que los machos", subraya el experto.
¿Es posible reducir las emisiones de contaminantes?
Las colonias de petreles gigantes del océano Sur son altamente vulnerables a cualquier amenaza que afecte a la supervivencia adulta. / Jacob González Solís (UB-IRBio)
Los efectos de los contaminantes (COP, mercurio) son muy variables entre los distintos organismos de los ecosistemas antárticos. Migrar a latitudes más bajas y áreas más contaminadas del hemisferio norte y ocupar un nivel más alto en la escala trófica son factores que agravan aún más los efectos de los contaminantes en las aves oceánicas. Aunque la toxicidad de estos productos está bien documentada, su impacto real en las poblaciones de fauna salvaje todavía es una incógnita para los científicos.
"Estos aspectos son, en concreto, los que analiza nuestro equipo de investigación en la Universidad de Barcelona, que está centrado en el estudio de la ecología y la conservación de este grupo de aves. En este sentido, entender los niveles de contaminación ambiental pasa por conocer a fondo la ecología de cada especie, ya que es el factor que termina por determinar los niveles de contaminación finales", apunta.
Como indica el investigador de la UB-IRBio, "la mejor forma de luchar contra la contaminación medioambiental es, sin duda, reducir sus fuentes de emisión, pero para alcanzar este objetivo se necesitan tratados internacionales difíciles de alcanzar".
Precisamente para abordar los desafíos más actuales en la conservación de estas aves amenazadas, la Sexta Conferencia Internacional de Albatros y Petreles (IAPC6), de cuyo comité organizador es presidente Jacob González Solís, reunirá a más de 150 expertos de todo el mundo en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona del 19 al 23 de septiembre.
UB para la Agencia SINC
Referencias bibliográficas:
Roscales, JL et al. "Latitudinal exposure to DDTs, HCB, PCBs, PBDEs and DP in giant petrels (Macronectes spp.) across the Southern Ocean" Environmental Research julio 2016
Peter H. becker et al. "Feather mercury concentrations in Southern Ocean seabirds: Variation by species, site and time" Environmental Pollution julio 2016