3 de mayo de 2023

¿Puede la contaminación acústica afectar también a los pájaros?

 La contaminación acústica es el exceso de sonido que altera las condiciones normales del ambiente de una determinada zona. Además, también afecta a nuestra salud. Pero, ¿influye de alguna forma en las aves? La respuesta es sí, y de manera bastante negativa.

La pandemia de COVID-19 llevó en 2020 a ceses de actividad humana sin precedentes. Eso supuso que los pájaros cantaran más bajo y se comunicaran mejor. Fue la conclusión de un estudio publicado en Science, que observó este efecto en los gorriones corona blanca (Zonotrichia leucophrys) en la bahía de San Francisco (California, Estados Unidos). Dado que el ruido del tráfico se produce dentro de un rango que interfiere con el mayor rendimiento y el canto más efectivo, nuestro ‘silencio’ en meses de confinamiento permitió a las aves llenar rápidamente ese vacío de forma más eficaz, según explican los autores.

Mientras que el silencio facilita el cante a las aves, parece que el ruido las hace más agresivas. Por ejemplo, se ha comprobado que los petirrojos europeos (Erithacus rubecula) urbanos son más agresivos que los rurales, como indica un estudio científico del año 2022. Los investigadores comprobaron experimentalmente que, al generar ruido, los petirrojos de campo se volvían más violentos. Los petirrojos urbanos también disminuyeron su ritmo de canto en respuesta al ruido, pero no los rurales.

“Las aves emiten sonidos para hacerse oír con el objetivo, por ejemplo, de enviar señales de alarma, atraer pareja, señalizar su territorio… Y el ruido de la ciudad resta eficiencia a las comunicaciones vocales”, explica a Maldita.es Luis Martínez Martínez, del Área Social y Biodiversidad Urbana de la Sociedad Española de Ornitología (SEO/BirdLife). Por ello, continúa, “algunas especies modifican sus cantos o sonidos”: “Por ejemplo emiten en frecuencias más agudas, que se transmiten mejor sobre el ruido urbano; a mayor volumen, al igual que hacemos las personas al hablar en entornos ruidosos; cantando mucho más temprano, cuando la ciudad duerme y permanece silenciosa; o invirtiendo más tiempo en cantar para compensar la pérdida de eficiencia” . En aves que utilizan las señales acústicas para localizar alimento enterrado, como en los petirrojos americanos, el ruido disminuye esta opción, añade el experto. 

Además, al igual que en los seres humanos, se sospecha que el ruido causa en las aves varios efectos adversos, como estrés fisiológico, daño auditivo y exclusión de hábitats importantes. ”A nivel fisiológico, algunos estudios han encontrado que puede existir una correlación con una peor condición biológica y los entornos más ruidosos de la ciudad”, indica Martínez. Por ejemplo, un estudio publicado en Frontiers in Zoology concluyó que en los pinzones cebra (Taeniopygia guttata) expuestos a ruido de tráfico disminuyó la longitud de sus telómeros, los extremos de los cromosomas, cuyo tamaño es un indicador de la esperanza y calidad de vida, aclara Martínez.

Que el ruido de la ciudad enmascare los sonidos de las aves tiene repercusiones negativas para toda la población de pájaros, según el ornitólogo, puesto que el sonido de las aves generalmente está relacionado con situaciones de riesgo o con la reproducción. “La mayor parte de las aves viven en pequeñas ‘islas’ de vegetación no conectadas unas con otras (fragmentación del hábitat urbano), lo que puede tenerrepercusiones en el aprendizaje y el intercambio de los sonidos”. 

Cantar más alto o durante más tiempo supone mayor gasto de energía y mayor exposición a los depredadores, que pueden detectar más fácilmente a sus presas. “El tiempo que dedican a cantar va en detrimento del tiempo que dedican a vigilar, lo que puede afectar a la supervivencia de los individuos”, añade el experto. 

El lenguaje también es víctima del blanqueo ecológico

 La sostenibilidad está de moda, y el lenguaje no se queda al margen de esta tendencia. Hay que crear expresiones para una realidad que se está construyendo. 

  • “Reducir el impacto en la huella de carbono tiene mucho valor en el mercado”. 

  • “Llevamos la sostenibilidad en nuestro ADN”. 

  • “La sostenibilidad ha venido para quedarse”.

  • “La gestión de los intangibles es estratégica para nuestra empresa”. 

  • “La descarbonización es un eje clave de nuestro negocio”.

  • “Las alianzas estratégicas con nuestros proveedores nos permitirán reducir el impacto ambiental de nuestras operaciones”. 

  • “Nuestras actividades están alineadas con la taxonomía verde”.

Es posible que el lector haya escuchado alguna de estas expresiones relacionadas con la sostenibilidad. Y es posible –casi seguro– que la repetición y abuso de estas expresiones haya suscitado un cierto escepticismo entre la opinión pública, como se ha puesto de manifiesto en más de un comentario

Es lo que se conoce por greenwashing, que podríamos traducir como “blanqueo ecológico”.

Discurso y realidad

Con motivo de una investigación sobre cómo los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) están influyendo en la configuración del discurso de los informes no financieros, nos preguntábamos por la aparición y recurrencia de los términos asociados con la sostenibilidad. 

Aceptemos que en la mayoría de los casos estos discursos responden a una realidad y a un compromiso de las empresas por tomarse en serio estas cuestiones y responder así a una sensibilidad social creciente. Pero ¿cómo separar el grano de la paja? ¿Cómo no poner en un mismo saco a los que se lo creen con los que no se lo acaban de creer?

Una reciente propuesta de directiva europea quiere combatir el blanqueo ecológico al exigir que el uso de expresiones genéricas del tipo “respetuoso con el medio ambiente”, “eco”, “verde”, “climáticamente neutro”, “biodegradable”, “responsable” se limite a los casos en los que los datos medibles, fiables y comparableslas avalen.

La ética de la retórica

Pero no conviene dejar toda la responsabilidad e iniciativa a las instituciones oficiales. También desde la empresa debe tomarse la iniciativa para combatir el greenwashing, y la mejor forma de hacerlo es asumir que no basta con emplear en el discurso términos del campo semántico de la sostenibilidad, sino que el lenguaje empleado debe corresponderse con la realidad para que resulte creíble.

En su libro sobre la Retórica (Libro I, capítulo II), Aristóteles menciona tres categorías que debe reunir un buen discurso: logos, pathos y ethos. Logos se centra en la argumentación empleada en el propio discurso para persuadir al oyente. Pathos remite a crear en el oyente un estado de ánimo, una disposición que le lleve a aceptar el contenido del discurso. Por último, ethos se refiere a la capacidad que tiene la persona que da el argumento para ser digna de crédito. 

Si alguien no consigue generar confianza, difícilmente conseguirá emocionar a la audiencia o que se acepte su argumentación. La confianza se construye actuando con integridad a lo largo del tiempo, y se pierde cuando se percibe una falta de coherencia en la actuación.

Coherencia entre decir y hacer

La integridad es una categoría ética que implica una coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y lo que se hace, y entre estas tres acciones y la realidad. La verdad se manifiesta no sólo de palabra, sino también en las acciones. Se trata de decir las cosas como son (en palabras de Eugenio Coseriu), pero además de actuar en coherencia con ellas. 

Es labor de cada empresa encontrar los términos y expresiones auténticos que reflejen su realidad. No se trata de injertar con poco criterio los ODS en la propia página web y en la publicidad institucional, sino de descubrir cómo se alinean con los propósitos y realidades de la empresa y de manifestarlos con claridad, sencillez y precisión.

El poeta Juan Ramón Jiménez nos señala el camino en su poemario Eternidades:

¡Intelijencia, dame el nombre exacto de las cosas! 

Y si no seguimos ese itinerario, siempre nos quedará el último consejo de Wittgenstein en su Tractatus: “De lo que no se puede hablar, es mejor callarse”.

El Mediterráneo, camino de convertirse en “una sopa de microplásticos”

 Irene Martín Morales.- Málaga.- El Mediterráneo va camino de convertirse en “una sopa marina de microplásticos” que acumula “cientos de gramos” de este material por kilómetro cuadrado, lo que supone un problema “importante y serio” para sus especies, su ecosistema e incluso para el ser humano por la ingesta de pescado contaminado, advierten los expertos.

“Los microplásticos están en todas partes y, aunque queda mucho por conocer de sus posibles efectos, en el Mediterráneo, que es solo un 1 % del océano, representan el 7 % de los residuos globales”, alerta a EFE la bióloga Carmen Morales, investigadora de Estructura y Dinámicas de Ecosistemas Acuáticos del Instituto Universitario de Investigación Marina (INMAR) de Cádiz.

Explica la experta que el consumo de plástico ha aumentado considerablemente en los últimos años y que ello ha provocado “un efecto acumulativo” por “un déficit de gestión” y por vertidos de toda la basura que “ya está degradándose” y resulta difícil eliminar.

Y todo ello en un mar como el Mediterráneo, cerrado y rodeado por más de 18 países, que renueva sus aguas una vez cada cien años y que alberga una gran cantidad de residuos, de los que más del 95 % son plásticos.

El biólogo y coordinador del máster de Educación Ambiental de la Universidad de Málaga (UMA), Juan Jesús Martín, destaca que los microplásticos, por su diminuto tamaño, “pueden acceder a la red alimenticia” a través de las especies marinas, que los ingieren al comer. 

Aquellos seres marinos que se alimentan de plancton, base de la cadena trófica, como los moluscos (mejillones o almejas), son más propensos a acumular microplásticos y no expulsarlos.

Otros animales, como las tortugas marinas o los peces de vida larga, como el pez espada o el atún, también lo confunden con su propio alimento, sea a pequeña o gran escala, lo que, según Carmen Morales, puede ocasionarles “daños estructurales, en el sistema digestivo, endocrino o inmune y posibles efectos en el torrente sanguíneo o en las células”.

“Absolutamente todas las tortugas que hemos estudiado tienen microplásticos”, asegura la bióloga.

La presencia de plásticos en el mar supone un grave problema para el ser humano, tanto desde el punto de vista económico, porque acarrea una reducción de la pesca, como de salud, por el consumo de pescado contaminado por las sustancias químicas del plástico.

“Los microplásticos son un contaminante que a veces pasa desapercibido porque vivimos en un mundo muy visual”, pero la realidad es que ya existe “un mar de plástico que entra en la cadena trófica y empieza a ser parte de nuestros paisajes y playas, y que no va a traer nada positivo para nuestra salud ni para nuestra economía”, señalan los expertos.

La solución, aseguran los biólogos, pasa por “reducir el consumo”, comenzando por “nuestras propias casas”, y con “nuestra fuerza de consumidor” intentar “mover el mercado hacia alternativas más conscientes con nuestro medio ambiente”.

Reclaman además medidas institucionales que sirvan para sensibilizar, limpiar el océano y sobre todo mejorar la gestión de residuos, que “cambia mucho si se hace forma adecuada o no”, sobre todo en “los grandes núcleos de población cerca de costa y de río”, que son otro foco a estudiar, ya que la basura “sigue circulando”, señala Morales.

Los biólogos recuerdan que París acogerá a finales de mayo la firma de un tratado internacional que legalmente obligue a terminar con la contaminación originada por el plástico en 2040, lo que ven como “una oportunidad” para intentar atajar el problema.

Juan Jesús Martín propone además que los países implanten una política de gestión de residuos “más cercana al ciudadano” que permita, por ejemplo, reciclar envases vacíos y recibir una gratificación a través de máquinas instaladas en centros comerciales.

“Los plásticos en el mar son plásticos en las personas, tenemos que ser más ‘sin-plásticos'”, concluye este experto malagueño. EFEverde

Así han mejorado los medios de comunicación españoles su cobertura del cambio climático

 El IV Informe del Observatorio de la Comunicación del Cambio Climático, una iniciativa de la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación Ecología y Desarrollo (ECODES), constata que el cambio climático se ha consolidado en la agenda social y mediática como un asunto de interés público conectado e interrelacionado con otras crisis. 

Durante el primer semestre de 2022, el Observatorio llevó a cabo un seguimiento de los medios de comunicación, tanto convencionales (radio, televisión y prensa impresa) como en internet (prensa digital, agencias, instituciones y otras fuentes), y en Twitter. 

Tomando como referencia los indicadores extraídos del Decálogo para la comunicación social del cambio climático actualizado en 2022, podemos concluir en líneas generales que se aprecia una mejora progresiva en la comunicación social del cambio climático.

Transversalidad del cambio climático como referencia informativa

En los medios de radiodifusión, aproximadamente la mitad de la información sobre cambio climático sigue difundiéndose en los programas informativos de noticias, aunque constatamos la tendencia a expandirse a otro tipo de formatos de actualidad, tertulias y magacines. 

Lea sobre cambio climático por científicos de primera línea.

Destaca la frecuencia observada en los medios de proximidad autonómicos, tanto de radio como de televisión. 

En la prensa convencional encontramos que la noticia es el género periodístico más utilizado para comunicar el cambio climático, seguido por los géneros de opinión y la entrevista. En internet, el 70 % de las publicaciones corresponden a medios digitales y se repite el mismo patrón en cuanto al género periodístico.

El cambio climático no solo ganó presencia en 2022, sino que incrementó su relevancia de acuerdo con diversos indicadores, como el posicionamiento de la información en prensa y la mejora del tratamiento informativo. En los medios de radiodifusión se incrementó ligeramente la duración y la frecuencia de emisión en las franjas horarias de máxima audiencia.

La guerra de Ucrania, la dependencia energética, la soberanía energética, el nuevo orden mundial, el mercado de la energía, la espiral inflacionista y las subvenciones al gas y a las nucleares han marcado profundamente el curso del acontecer político y económico y han sido temas clave en la comunicación social del cambio climático en 2022.

Otros temas protagonistas han sido las anomalías climáticas, los fenómenos meteorológicos extremos y los desastres provocados por los megaincendios alimentados por la crisis climática. Estos asuntos mermaron cierto impacto mediático a los informes presentados por la comunidad científica internacional, como los informes de los Grupos de Trabajo II y III del IPCC y el Informe anual de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) sobre el impacto de las olas de calor en la salud humana.

Se ha incrementado la consideración del cambio climático como un asunto económico en la prensa y también en la radio. Su tratamiento político ha perdido protagonismo en todos los soportes, mientras que el ambiental recupera posiciones en internet y en televisión. En este último soporte, los fenómenos meteorológicos extremos coparon la información debido a la espectacularidad de sus imágenes.

Fuentes científicas, una prioridad

Los medios comunicaron la crisis climática como un acontecer cotidiano, en tiempo presente y como futuro inmediato. 

Dieron voz a los científicos y científicas en primer lugar, relegando a un segundo término la de los políticos. Los empresarios se consolidaron como un rol emergente, aunque de baja frecuencia, ganando cada vez mayor visibilidad en la prensa y en las publicaciones online

La perspectiva ética disminuyó en la comunicación del cambio climático en 2022. Las voces e iniciativas ciudadanas perdieron en 2022 el protagonismo logrado antes de la pandemia.

La comunicación de las causas resulta indispensable para contextualizar la crisis climática y que la ciudadanía pueda comprender las medidas de mitigación necesarias para evitar el incremento del volumen de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Sin embargo, fueron poco comunicadas en prensa y radio, incrementando su frecuencia en televisión y en medios digitales. 

Se alude en general a las emisiones y a su evolución en la atmósfera, a la producción de energía eléctrica y al consumo ciudadano. La comunicación de la alimentación humana como generadora de emisiones de GEI introduce en el debate social a la ganadería industrial, señalando especialmente los efectos de las macrogranjas.

Comunicar los beneficios de la transición ecológica es un discurso estratégico pero minoritario en los medios. En radio se destacaron sobre todo los beneficios para la sociedad, para la conservación de la biodiversidad y para la salud, mientras que la prensa se decantó por los beneficios para la economía y la televisión refirió fundamentalmente los beneficios para el medio físico.

Periodismo de soluciones, el más necesario

La contribución de la comunicación social a la transición ecológica precisa la práctica continua del denominado periodismo de las soluciones. En este sentido, las medidas de mitigación son más comunicadas que las medidas de adaptación, escasamente referidas. 

Mientras que el 50 % de las publicaciones en casi todos los soportes sí hacen referencia a una o varias medidas de mitigación, las medidas de adaptación no constan en más del 65 % de los casos, con excepción de los medios radiofónicos. En Twitter las medidas de mitigación y adaptación son más escasamente referidas aún que en los medios.

La comunicación de la mitigación se centró en las energías renovables, en la conservación de los ecosistemas naturales y en soluciones tecnológicas. En la prensa se desarrolla el concepto de economía circular, mientras que la reducción del consumo es la opción menos aludida. 

En cuanto a la adaptación, encontramos que la conservación de los ecosistemas naturales es la medida estrella, por delante de la legislación reguladora, que se sitúa en segundo plano. Con menor frecuencia se presentan medidas como la educación en valores, la planificación del urbanismo, la adopción de las medidas financieras, la gestión de los recursos hídricos, la prevención de la degradación de suelos y la mejora de la seguridad alimentaria.

De forma global se observa una mejora en la comprensibilidad del discurso en cuanto al empleo de conceptos clave que son referidos por los medios, aunque en la mayor parte de los casos no se explican convenientemente. En los medios de radiodifusión, persiste el hándicap de la duración media de los registros, mientras que sigue sin explotarse el potencial de las imágenes y de la interactividad en los medios digitales y en Twitter.

Nos encontramos en un periodo en el que coexisten crisis ambientales de diversa naturaleza, como la pérdida de biodiversidad, las sequías, crisis sociales derivadas de la escasez de alimentos y la pérdida de territorio habitable para múltiples especies, también para la nuestra. Son crisis que el cambio climático agudiza o provoca directamente. Por ello, la comunicación social de la crisis climática debería ser una asignatura obligada en los estudios de comunicación, con el fin de promover la información rigurosa y la adaptación en la vida cotidiana, evitando la saturación y la ecoansiedad.


La versión original de este artículo fue publicada en la web de la Oficina de Transferencia de Resultados de Investigación de la Universidad Complutense de Madrid.

La UE prohíbe la importación de productos de PVC que contengan plomo

 Bruselas.- La Unión Europea prohibirá usar y vender en el mercado europeo artículos de plástico PVC que contengan plomo, incluidos aquellos importados, con lo que iguala las condiciones de los productos que llegan de terceros países con los fabricados en los Veintisiete, que desde 2015 ya no contienen este químico.

La Comisión Europea prevé que la restricción, aprobada este miércoles, ayudará a proteger a las personas y el medio ambiente del efecto tóxico de este metal, común en los productos de PVC como tuberías, marcos de ventanas o cables eléctricos, y permitirá evitar hasta 8,4 toneladas de emisiones de plomo al año.

Promover el reciclado y evitar emisiones

No obstante, podrán seguir vendiéndose de manera temporal productos de PVC reciclados que contengan plomo, durante dos años tras la entrada en vigor de la norma en el caso de los productos flexibles y durante diez años en el caso del PVC rígido, aunque en este último con salvaguardas.

Los productos de PVC rígido tendrán que estar completamente cubiertos de una capa libre de plomo para garantizar la seguridad y proteger de una exposición accidental, según la Comisión, que defiende que seguir usando estos productos permitirá “promover el reciclado y ahorrar la emisión de 1,5 millones de toneladas de CO2 al año”.

La norma entrará en vigor este año, veinte días después de publicarse en el Boletín Oficial de la UE, y la restricción empezará a aplicarse un año y medio después. EFEverde