17 de enero de 2024

El Parlamento Europeo da luz verde a una directiva contra la publicidad verde engañosa y la obsolescencia programada

 El Parlamento Europeo, reunido en sesión plenaria en Estrasburgo (Francia), dio luz verde este miércoles a una directiva para proteger a los consumidores frente a prácticas desleales como la publicidad verde engañosa y la obsolescencia programada, entre otros hábitos comerciales.

La medida, que salió adelante en el hemiciclo con 593 votos a favor, 21 en contra y 14 abstenciones, aspira a mejorar el etiquetado de los productos y evitar el lavado verde de imagen de las empresas (“greenwashing” o, en español, “ecopostureo”), por ejemplo, prohibiendo el uso de declaraciones ambientales engañosas.

“Las empresas ya no podrán engañar a la gente diciendo que las botellas de plástico son buenas porque la compañía plantó árboles en algún lugar, o que algo es sostenible sin explicar cómo”, alegó la croata Biljana Borzan, eurodiputada en el grupo parlamentario socialista y ponente de esta medida en la Eurocámara.

“Esta ley cambiará la vida cotidiana de todos los europeos. Nos alejaremos de la cultura de usar y tirar, haremos que el marketing sea más transparente y lucharemos contra la obsolescencia prematura”, señaló Borzan.

Etiquetas de “ecopostureo”

Una vez en vigor, la normativa no permitirá a las empresas hacer alegaciones ambientales genéricas en el etiquetado de sus productos, declaraciones como “respetuoso con el medio ambiente”, “natural”, “biodegradable”, “climáticamente neutro” o “eco” que no aporten pruebas que respalden tales afirmaciones.

Una vez sea aprobada también por el Consejo y se publique en el Boletín Oficial, los estados miembro dispondrán de dos años para trasponer la directiva, incorporándola a su ordenamiento jurídico nacional.

A partir de entonces, la UE solo permitirá etiquetas de sostenibilidad “basadas en sistemas de certificación oficiales o establecidas por las autoridades públicas” y también acabará con la posibilidad de alegar que un producto tiene un impacto neutro, reducido o positivo en el medio ambiente gracias a los sistemas de compensación de emisiones.

Obsolescencia programada

Otra de las formas de proteger a los consumidores que contempla la nueva legislación es hacer que la información sobre la garantía de los productos esté más visible, así como crear una nueva etiqueta armonizada con la que destacar los productos con un periodo de garantía ampliado.

Por otro lado, no se podrán hacer alegaciones “infundadas” sobre la durabilidad de los productos como sería decir que una lavadora durará 5.000 ciclos de lavado “si no es cierto en condiciones normales”, explican desde el Parlamento Europeo en un comunicado.

Tampoco se podrá incitar a sustituir los consumibles “antes de lo estrictamente necesario”, como suele ocurrir con la tinta de impresora, ni “presentar los productos como reparables cuando no lo son”.

Directiva de alegaciones ecológicas

Esta directiva para “empoderar a los consumidores para la transición ecológica”, funcionaría en conjunto con la Directiva sobre alegaciones ecológicas que debate la Eurocámara en la comisión correspondiente, que será más espec

10 de enero de 2024

AVES EN PELIGRO EN LA PALMA DE TU MANO

 HACE MÁS DE QUINIENTOS AÑOS el neerlandés Hieronimus van

Aken, mundialmente conocido como Hieronimus Bosch, pintó su

célebre tríptico El jardín de las delicias. La obra, pintada al óleo

sobre madera de roble de la región del Báltico, la más apreciada

por los pintores flamencos, mide 220 centímetros de alto por 389 de

ancho. Su significado está plagado de simbolismos y, según la

define la historiadora del arte Pepa Corbacho, está «cargada de

humor grotesco, de una irreverencia brutal y de una originalidad

aplastante que demuestra una delirante y prodigiosa imaginación».

Una de las muchas cosas que llama la atención es la inmensa

cantidad de aves que alberga: hasta 1.015 se dan cita en él; 793 en


el panel izquierdo, 209 en el central y 13 en el derecho. Esa profu-

sión ornitológica inspiró a Corbacho y al ilustrador Manuel García


a crear una guía para identificar a estos habitantes alados de uno

de los jardines más singulares y visitados del mundo, una pieza

universal que tantas reacciones sigue provocando en las personas

que acuden a contemplarla al Museo del Prado. La obra se halla en

el museo madrileño desde 1933, tras pasar mas de tres siglos en el


monasterio de El Escorial, en Madrid, formando parte de la colec-

ción de arte privada de Felipe II. «La totalidad de las aves perte necen


a 94 especies distintas, o 101 si tenemos en cuenta a los híbridos,

mezcla de aves y otras criaturas», dice Corbacho. La guía, en la que

aparecen ilustradas todas ellas, distingue las especies reales, que

son 24, de las imaginarias, a las que Corbacho y García se refieren

como esas «especies no reconocidas fuera de El jardín».

No es de extrañar que, en este contexto, la Sociedad Española de

Ornitología, SEO BirdLife, haya elegido el cuadro del Bosco para

transmitir un mensaje rotundo: conservar nuestra biodiversidad,

y en concreto las aves y sus hábitats, es una prioridad urgente y

absoluta. «Para ello optamos por poner en marcha una acción que

fundiera tres elementos clave, como son la naturaleza, el arte y la


tecnología –explica Olimpia García, coordinadora del Área de Comu-

nicación de SEO BirdLife–. En nuestro trabajo vemos que las aves


son centinelas de lo que está ocurriendo en el planeta, nos avisan


con mensajes claros. Su declive no solo nos alerta de que sus pobla-

ciones descienden. La pérdida de especies nos habla de las causas


que lo producen, íntimamente relacionadas con el estado de los

hábitats, los campos, los mares... del estado en el que se encuentra

la naturaleza». Con esta idea en mente, pensaron que su mejor aliado

era el Museo del Prado, con el que ya habían trabajado anteriormente.

«No en vano la naturaleza y las aves son la fuente de inspiración de

muchos de los autores de los cuadros de su colección», recalca.

Así fue como ambas entidades, en colaboración con la empresa

Meta y su tecnología SparkAR, idearon un proyecto que, mediante

un filtro de realidad aumentada, nos acerca literalmente a la palma

de la mano tres especies de aves presentes en la obra que actualmente

están en declive. Una es el martín pescador


(Alcedo atthis), en peligro porque su pobla-

ción ha sufrido en los últimos 20 años una


reducción de más del 50 % debido a la trans-

formación y pérdida de sus hábitats, los


ecosistemas fluviales. La segunda es otra ave

acuática, la espátula (Platalea leucorodia),

considerada en situación vulnerable por el

mismo motivo que la anterior y con el mismo

índice de regresión. Por su parte, el también

vulnerable vencejo común (Apus apus) ha

experimentado un descenso poblacional de


un 40 % y su recuperación pasa por la crea-

ción de unas ciudades más naturalizadas y


sostenibles.

«Con este filtro de realidad aumentada,

desde SEO BirdLife queremos llegar a más


personas a través del arte para atraer la curio-

sidad sobre lo maravillosas que son las aves,


por sus colores, sus formas, sus cantos y la

sensibilidad que despiertan en cualquiera


que se detenga a observarlas», declara Olim-

pia García. A ver si aumentando la realidad


se nos agranda también la concienciación.

3 de enero de 2024

De cómo la industria textil de Roma casi extingue uno de los mariscos más famosos de Cádiz

 Convertido el mundo del marisco en uno de los grandes tótems de la cocina gaditana, cuesta en pleno siglo XXI concebir que hace más de 2000 años uno de sus más ilustres ingredientes pudiera haber estado en peligro de extinción.

Lo irónico, o al menos para alguien que ha nacido 2000 años después, es que un alimento se pudiera extinguir por otro uso que no fuera el propiamente culinario.

Pues esto, ni más ni menos, es lo que sucedió en el Cádiz romano (incluso varias décadas antes del nacimiento de Cristo), cuando una potentísima industria textil arrasaba las poblaciones de las legendarias cañaíllas para sus prendas.

De nombre científico Bolinus brandaris, las cañaíllas son hoy uno de los numerosos reclamos gastronómicos de la ciudad de Cádiz y de su provincia, junto a las frituras, el pescado o los no menos clásicos churros. Cocidas, estos gasterópodos son fundamentales en la forma de entender la cocina gaditana, pero esto bien poco importaba a los antiguos romanos.

Aunque, siendo honestos, no fueron ellos los que destaparon la liebre del otro uso de la cañaílla. Fundada por dos fenicios sobre el año 1000 a. C., Cádiz era uno de los puertos clave en el Mediterráneo para el control comercial entre la parte occidental y la parte oriental. Siglos más tarde, aparecerían los cartagineses y posteriormente los romanos, que habrían heredado de los fenicios, el gusto por un singular color, el púrpura, para cuya obtención hacían falta cañaíllas.

De hecho, serían los fenicios los que dieran el nombre a este tipo de color, bautizado como púrpura de Tiro (Tiro era uno de los grandes puertos fenicios en el Mediterráneo oriental), que también se conocería en la Antigüedad como púrpura real o púrpura imperial.

Como es evidente, hablamos de un color relacionado con la alta nobleza y con los reyes, además de con los grandes estamentos religiosos de la época. Lo curioso, es que este color entre rojo, purpúreo y morado es, presumiblemente, ya utilizado por los cretenses sobre el año 1500 a. C.. Es decir, alrededor de 500 años antes de la fundación de la ciudad de Cádiz.

De cómo la industria textil de Roma casi extingue uno de los mariscos más famosos de CádizLas cañaíllas se utilizaban en la Antigüedad como tinte para obtener el color púrpura

Lo que sucedía con la cañaíllas es que este tipo de tinte se extraía de una mucosidad o secreción de una glándula presente en este caracol, que solo se secretaba a modo de defensa, cuando el animal se veía amenazado. Como es lógico, la cantidad por cada animal es absolutamente pírrica. De hecho, se estima que, para extraer 60 gramos de tinte se necesitarían alrededor de un kilo de glándulas, es decir, unas 50.000 cañaíllas. Por ponerlo en contexto, para teñir un kilo de lana, se necesitarían alrededor de 200 gramos de tinte.

No obstante, aunque los expertos no se ponen de acuerdo en torno a las cantidades, lo cierto es que se necesitarían miles de cañaíllas —que habría que recoger con mano de obra esclava— para luego molerlas y obtener estas preciadas glándulas.

Por este motivo, solo las clases más extremadamente pudientes de la antigua Roma, como los propios emperadores o los más altos cargos religiosos, vestían prendas que se habían tenido con este tipo de púrpura de Tiro, un material que era incluso más caro que el propio oro.


Los ecosistemas están migrando por el cambio climático y esto afectará la economía mundial

 Los fenómenos meteorológicos extremos son los aspectos más vistosos del cambio climático. En 2023, se registró un despliegue de incendios, tormentas, huracanes y olas de calor extremas con graves pérdidas sociales. Pero hay otro efecto que muestra de forma silenciosa lo que puede ocurrir en un planeta cada vez más caliente: la migración de los ecosistemas. Este fenómeno es el protagonista de un artículo recién publicado en Nature.

Bernardo Bastien, geógrafo experto en el impacto del cambio climático en las personas, el bienestar y la economía, lideró esta investigación. Él describe dicha migración como algo sutil, compuesto de cambios apenas perceptibles con el paso del tiempo, pero significativos para las comunidades locales. Las pérdidas que causa no se habían cuantificado. Hasta ahora.

El estudio detectó que, debido al desplazamiento de biomas (paisajes que comparten clima, flora y fauna), se perderá el 9% de los servicios ecosistémicos para el año 2100, afectando, entre otras cosas, los servicios recreativos asociados a los bosques, recursos hídricos, productos forestales no maderables y el valor inherente de las áreas protegidas.

El científico mexicano, adscrito a la Universidad de California, Davis, y al Instituto de Oceanografía Scripps en UC San Diego, subrayó que no todos los beneficios de la naturaleza son medibles, “aún nos falta mucho trabajo para poder tomarlas en cuenta.” Es el caso, dijo, de lo cada cultura obtiene de forma única, sin contar el “aire limpio, ni materiales para construcción”.

Sobre los impactos en la economía, los investigadores concluyeron que, hacia finales de siglo, los efectos del cambio climático en la vegetación, los patrones de precipitación y un aumento de CO2 reducirán en promedio un 1.3% el Producto Interno Bruto (PIB) de los países analizados. Sin embargo, la distribución de estas pérdidas será desigual: el 50% más pobre de los países y regiones del mundo padecerán el 90% de los daños al PIB, mientras que las pérdidas para el 10% más rico podrían limitarse al 2%.


Bomberos  de Prevfogo participan en operativo conjunto para combatir incendios en la Amazonía.
El informe del Lancet Countdown Sudamérica advierte de peligros en la región, pero también presenta estrategias para llegar a soluciones.

La migración de los bosques

El también comunicador de la ciencia detalló que fue a través de modelos computacionales desarrollados por ecólogos que midieron cómo los ecosistemas migrarán debido al cambio climático hacia los polos y en dirección colina arriba siguiendo el nicho ecológico donde sobreviven. Dicho de otra forma: huirán de nuevos climas cálidos. Los modelos consideran, entre otras cuestiones, la reacción de las plantas a la temperatura, a los cambios en la precipitación y a los distintos tipos de suelo.

En el caso de México, por ejemplo, la vegetación podría cruzar la frontera con Estados Unidos debido a que las semillas buscarán mejores condiciones para crecer que las que afrontarán en el sur, donde encontrarán climas inadecuados. “Es el valor que cuantificamos, el beneficio que nos da por cada hectárea cierto ecosistema”, beneficio en riesgo por las tendencias actuales de calentamiento.

Ver esto fue posible tras armar un rompecabezas de información con aportes de distintas disciplinas. Para la parte económica, Bastien explicó que el Banco Mundial tiene una de las bases de datos más completa sobre capital natural y esa es la que usaron.


Planta de ingeniería de carbono
En la COP28 acaban de llegar a un acuerdo histórico sobre el clima. Pero si no hay más ambición, la humanidad tendrá que confiar cada vez más en una polémica estrategia: la eliminación del carbono.

El grupo de investigación desglosó cuánto de lo señalado como beneficios de ecosistemas en cada país corresponde a los biomas de cada territorio. Así lograron medir el valor que proporciona año tras año una hectárea de cada distinto entorno natural, el cual es particular para cada nación.

Sus resultados están bien respaldados. No solo usaron un modelo de vegetación global, sino que emplearon tres. Estos tienen ciertas variantes en sus criterios, pero observan que, "incluso con diferentes suposiciones o salidas de estos modelos, obtenemos resultados muy parecidos”. Las cuantificaciones del Banco Mundial también están muy validadas. “Estamos sobre hombros de muchos grupos de investigación. Cada uno de estos modelos ecológicos y del Banco Mundial tienen detrás publicaciones revisadas por pares”.

Una migración que dejará más desigualdad

“No le impacta a todas las economías por igual, sino a aquellas que dependen más de sus ecosistemas locales, como a los países cuya economía en realidad sí depende de los bosques que tiene alrededor, esos son los que van a sufrir más”, precisó Bernardo Bastien.

Cuantificar esto no es ocioso. El geógrafo señala que cuando en las Conferencia de las Partes, conocidas como COP, los países desarrollados revisan cuánto pueden pagarle a subdesarrollados para compensar sus pérdidas y daños, “esas compensaciones muy pocas veces las informa la ciencia, casi siempre viene desde la buena voluntad, desde la política, desde la habladuría”. Con este estudio, Bastein y su equipo han demostrado que sí es posible ver en cifras el daño al PIB de los países del sur global. “Ya podemos empezar a poner números para dar un rayito de justicia climática. Nunca vamos a poder pagar con dinero lo que se pierde en bienestar, pero es un primer paso cuantificar esto”, agrega.


cambio climático inundaciones
Los investigadores señalan los cambios demográficos intensificados a medida que las temperaturas globales aumentan a causa de la crisis climática.

Reconocer el daño de esta migración permitirá mejorar las maneras en que abordamos el problema. Si la naturaleza va a cruzar fronteras, dice Bastien, debemos tener políticas públicas que también lo hagan. es necesario que se compartan conocimientos sobre los ecosistemas que recibirán otros países, pues se deberá crear una sociedad y una economía alrededor de ellos.

No aumentar más grados sigue siendo el plan

El científico describe los resultados del estudio como "agridulces". Por un lado, siente la emoción de un científico que explora nuevos límites del conocimiento, aunque reconoce que sus resultados no son el tipo de descubrimiento feliz que te hace gritar “eureka”. Sabe que contribuyen a la búsqueda de justicia climática a nivel mundial, pero también siente inquietud al ver que “las cosas siguen sin pintar para bien”.

Pensando en cómo cambiar eso, comenta que cuando se pide a los modelos matemáticos pintar escenarios con menos calentamiento global, se observa que los ecosistemas se desplazan menos.


combustibles fósiles
Ante un aumento de 2°C en la temperatura global, las muertes relacionadas con el calor serían 4.6 veces más frecuentes entre la población de más de 65 años hacia mediados de siglo.

— ¿Cómo le hacemos para llegar a eso?

— Reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero y regulando a las industrias contaminantes, a las que están promoviendo este consumo excesivo de gases de efecto invernadero, exigiendo a los gobiernos y a cualquier tomador decisiones de cualquier nivel que planifiquemos el país, la colonia, la escuela sin que dependamos de los combustibles fósiles.

El reciente análisis habla de lo que sucede tierra adentro, principalmente en bosques y pastizales, pero el grupo de investigación trabaja en una evaluación a los ecosistemas marinos, “se ha ignorado en la política climática el valor económico y social de estos ecosistemas tanto costeros como de océano profundo y en eso se enfoca hoy en día nuestra investigación activa”.

Medio ambiente 2023: pequeños pasos en la buena dirección

 A principios de año, el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés) presentaba su informe de síntesis, fruto de siete años de evaluaciones. Advertían que las temperaturas globales habían superado en 1,1 °C los niveles preindustriales y que el calentamiento ya estaba provocando cambios en el planeta que afectaban especialmente a los países más vulnerables.

Pero también lanzaban un mensaje de esperanza: aún tenemos opciones y los medios para actuar.

Parece que el mundo escucha cada vez más a los expertos. Prueba de ello es que en la cumbre del clima (la COP28) celebrada a principios de diciembre los países por primera vez acordaron “transitar” hacia el abandono de los combustibles fósiles. Aunque insuficiente, es un pacto histórico que marca el camino hacia una descarbonización que no va a ser sencilla.

Estos dos acontecimientos abren y cierran un 2023 que podemos despedir con la confirmación de que, al menos, la inacción climática ha dejado de estar en la agenda política. En estos doce meses hemos hablado del calentamiento global, pero también de otros asuntos relevantes que queremos recordar en este artículo resumen del año que termina.

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El esfuerzo que exige la descarbonización

Otros hitos reseñables de la COP28 fueron el lanzamiento del fondo de pérdidas y daños para compensar a los países más vulnerables al cambio climático y el primer balance global sobre las promesas fijadas en el marco del Acuerdo de París en 2015.

En la COP26, celebrada en noviembre de 2021, más de 120 países mejoraron sus objetivos de reducción de emisiones para 2030 y los principales emisores anunciaron o incluso adoptaron compromisos de transición hacia economías climáticamente neutras. Un reciente estudio concluye que esos compromisos podrían ser suficientes para no superar los 1,7–1,8 °C de calentamiento en este siglo, pero cumplirlos exige una descarbonización a una velocidad y escala sin precedentes.

Necesitamos acelerar la implantación de las renovables y mejorar la eficiencia energética, pero también frenar el consumo excesivo, reducir la distancia y número de viajes que hacemos (porque priorizar el tren no es suficiente), mejorar la normativa ambiental y aplicarla de manera efectiva y acabar con el desperdicio alimentario.

El impacto de las energías renovables

La transición energética, además, debe tener en cuenta los posibles efectos secundarios de las tecnologías que reemplazarán a los combustibles fósiles. Por ejemplo, la energía termosolar puede afectar a la calidad del agua y la eólica marina a los ecosistemas del océano.

Para fabricar placas solares, aerogeneradores y coches eléctricos se necesitan grandes cantidades de metales cuya extracción también genera emisiones de efecto invernadero. Las reservas de algunas de esas sustancias, como el níquel, el litio, el cobalto y el silicio, ni siquiera son suficientes para satisfacer la demanda mundial.

Una de las soluciones que va cobrando protagonismo es el reciclaje de nuestros residuos electrónicos. Y cuando los metales se extraen de la naturaleza, debe hacerse mediante prácticas de minería sostenible.

Así nos estamos adaptando

A la vez que avanzan las tecnologías para la transición lo hacen las medidas de adaptación. También este año hemos visto olas de incendios cada vez más agresivos y con patrones inusuales en buena parte del mundo frente a los que los expertos proponen soluciones basadas en la gestión forestal y desarrollan herramientas para predecirlos.

Las sequías, que en algunas regiones de España han batido récords de intensidad en 2023, nos obligan a tomar medidas para mejorar la gestión del agua y fomentar la reutilización. Al otro extremo, las lluvias intensas dejan patente la necesidad de rediseñar los actuales sistemas de drenaje urbano para lograr una gestión hidrológica sostenible y eficiente.

Las ciudades se están adaptando al calor habilitando edificios y zonas verdes como refugios climáticos accesibles para todos, aunque especialmente para las personas más vulnerables, durante todo el año. Algunos de ellos deberían estar, además, pensados específicamente para los turistas, que pasan muchas horas en condiciones de intenso calor, lluvia o frío.

En el mes de octubre, en las islas Canarias llegaron incluso a cerrar los colegios debido a las altas temperaturas. Además de establecer protocolos de actuación para estos casos, los centros educativos pueden instalar cubiertas o fachadas verdes en los edificios y plantar árboles en los patios para mantener fresco el ambiente.

La ciudad de los 15 minutos representa una de las apuestas más efectivas para integrar más naturaleza en el ecosistema urbano y promover la movilidad activa entre toda la población, incluidos los ancianos y los niños.

Los químicos que vertemos a la naturaleza

Este año también hemos tratado otro tema preocupante: la enorme cantidad de residuos que terminan en el medio ambiente. Por ejemplo, parte de los medicamentos que tomamos, y que las depuradoras no pueden eliminar, acaban en los ríos, las aguas subterráneas y los cultivos destinados a consumo humano.

Un estudio publicado en 2023 ha detectado la presencia de toneladas de microplásticos en la atmósfera de las ciudades españolas y otro trabajo concluía que el cambio climático va a aumentar el aporte de contaminantes metálicos de la ría de Huelva a los océanos.

Afortunadamente, la ciencia está trabajando para encontrar soluciones. Se ha visto que los microorganismos pueden actuar como una alternativa a los pesticidas químicos y que las plantas pueden ayudarnos a depurar las aguas y descontaminar el medio ambiente de residuos mineros y farmacéuticos.

Y desde los poderes públicos también se han dado algunos pasos. Este verano, la Unión Europea ha aprobado nuevas normas de etiquetado para reducir los residuos electrónicos que producimos y fomentar la reparación y el reciclaje.

Especies al borde de la extinción

Gracias al titánico trabajo de un equipo de investigadores, este año hemos conocido cómo han cambiado la flora y la vegetación de la península ibérica y las islas Baleares durante los últimos 66 millones de años a partir del análisis de fósiles. 

Otro estudio nos enseñaba que los anfibios y reptiles prehistóricos nos dan pistas sobre el clima del pasado.

Nuestros antepasados paseaban entre manglares, baobabs, ficus, hipopótamos y rinocerontes. El enfriamiento global que experimentó el planeta durante los últimos 20 millones de años ha provocado que gran parte de aquellas especies desaparecieran. En los últimos milenios, sin embargo, la actividad humana ha sido la principal culpable del declive de muchos seres vivos.

La sobrepesca está llevando a las anguilas al borde de la extincióny la caza, la pérdida de masa forestal y el cambio climático amenazan gravemente la supervivencia del urogallo cantábrico. Muchas especies de primates en Brasil se encuentran también en peligro, poniendo en riesgo la reproducción de los árboles, y las últimas investigaciones alertan de un importante descenso de las poblaciones de insectos en todo el mundo.

En Euskadi, muchas aves han reducido su presencia durante los últimos 25 años, mientras que otras la han ampliado, en gran parte debido a las medidas de gestión que se han aplicado en muchos humedales. Una prueba de que es posible frenar la desaparición de especies poniendo en marcha planes de conservación.

En el caso de la alondra ricotí, arrinconada por la crisis climática y la urbanización, la ganadería extensiva puede ayudar: le proporciona alimento y el tipo de vegetación que necesita para vivir.

Despedimos un año en el que los expertos nos han advertido alto y claro de los problemas que el hombre está causando en el planeta. Pero en el que también nos han contado cómo, afortunadamente, se están dando pequeños pasos para reducir ese impacto y enmendarlo. ¿Un deseo para el 2024? Que esos esfuerzos se afiancen y crezcan hasta ser suficientes.