23 de diciembre de 2015

Give Box. Comparte lo que ya no uses

Give Box
Una “Give Box” es básicamente un espacio, un armario o caja abierta de cualquier tamaño, colocada en espacios públicos o de fácil acceso, donde las personas pueden donar o recoger objetos de segunda mano que quieran compartir. Muy fácil como veis.
El proyecto Give Box se inició en Alemania y ya es famoso no solo allí en Alemania, sino en muchas ciudades europeas.
Hay muchas formas de Give Box, desde los típicos vecinales para intercambiar objetos en la comunidad, hasta en la vía pública como el colocado junto al convento de Madre de dios en Logroño, como podéis ver en la imagen, aprovechando un huevo en la fachada.
givebox-logroño-españa
Los mas comunes o extendidos suelen tener forma de armarios y están colocados en la vía pública.
También, en centros escolares o universitarios, se están extendiendo las zonas donde compartir libros. Incluso también existen webs que operan con un concepto parecido como No lo tiro, una web de la que ya hablamos en Ecoinventos allá por el año 2008. todos comparten la filosofía de la que estamos hablando, una economía no basada en el intercambio económico, sino en la donación.
Un concepto que busca y promueve la sostenibilidad, el ahorro de recursos, ayuda a fortalecer relaciones personales y a crear espíritu de barrio a través de un consumo que poco tiene que ver con el que conocemos basado fundamentalmente en la propiedad

¿Como debe ser una Give Box?

Aunque ya hemos hablado de que existen diferentes formatos, como linea general la caja debe ser consistente y con un espacio adecuado al tipo de productos que se busque intercambiar.
Hay que procurar mantener el espacio hermoso, limpio y lleno de artículos no perecederos, agradables para que otros lo puedan apreciar y sumarse a la iniciativa .. .. pero también alentar a las personas a cuidar de la caja también.
Give Box en la calle
La caja en sí normalmente debe ser bastante fuerte y no demasiado pequeña, ya que nunca se sabe lo que la gente puede poner en ella.

¿Que podemos compartir en una Give Box?

Los productos a compartir pueden variar dependiendo de múltiples factores, los propios organizadores pueden motivar a la gente a compartir ciertas cosas en concreto mediante las instrucciones colocadas en la caja. Existen ejemplos de todo tipo. Lo mas común son las cajas donde se puede compartir de todo. Lo único que si se debería cuidar es que no hubiera artículos perecederos.

¿Donde podemos colocar una Give Box?

Indudablemente lo mejor es que estén colocadas en lugares donde haya mucho transito de personas, por ejemplo al lado de una parada de autobús o una sala de espera. Pero dependerá del uso y de lo que busquen con ella sus promotores. Las mas comunes están expuestas al aire libre, en algún lugar resguardado.
Give Box Alemania

¿Como funciona una Give Box?

Este sistema debería funcionar de forma autónoma, por lo que su puesta en marcha debe ser el único trabajo que deberíamos hacer. Un mantenimiento regular por parte de la comunidad que la instaló también es recomendable.
Aquí tenéis un reportaje de la televisión francesa:


Seguir leyendo:  http://ecoinventos.com/give-box/#ixzz3v8MkalFX

El Mar Muerto iraní se queda sin agua

El lago Urmía era hasta hace unos años una atracción turística solemne. Iraníes y extranjeros viajaban hasta el noroeste del país, en el Azerbaiyán iraní, para contemplar la ceremonia que brindaba la naturaleza, con la imponente función que representaban millones de pelícanos y flamencos y otras aves migratorias que recalaban en el mayor lago salado de Oriente Medio para alimentarse. Hoy, el lago se ha convertido en un páramo salino, en el que no hay peces, porque nunca los hubo, ni apenas aves. Ni turistas. 
Los expertos aseguran que en la actualidad solo contiene el 5% del agua que tenía hace veinte años. La evaporación del lago lo ha transformado en un descomunal salobral de 5.200 km2, con una profundidad máxima de 16 metros en los tramos más hondos. Las causas que explican este desastre ecológico son las de siempre. Políticas medioambientales agresivas, calentamiento global, despilfarro de agua y una sequía prolongada por la falta de lluvias. 

Población en pie de guerra

La población de Urmía -en su mayoría azeríes y kurdos- que en siri significa, valga la ironía, 'ciudad del agua', se ha levantado en pie de guerra y pide al gobierno que adopte, con urgencia, medidas que permitan restituir el lago, declarado reserva de la biosfera de la Unesco. Su sequía está provocando tormentas de sal que siembran la tierra de partículas tóxicas que destruyen los cultivos, empujando a los campesinos a emigrar en busca nuevas de tierras fértiles. La contaminación salina del aire, además, tiene efectos nocivos para la salud de la población. Activistas medioambientales y expertos llevan tiempo denunciando la detección de un mayor número de enfermos de cáncer, patologías respiratorias, de la vista y aumento de la presión arterial entre los lugareños debido a los elevados niveles de sal en el organismo. 
La gravedad del caso ha hecho finalmente reaccionar al gobierno, el cual ha anunciado un plan para restaurar el lago que empezará a ejecutarse este mismo año. El proyecto contempla una inversión de 5.000 millones de dólares a desarrollar en diez años y prevé frenar la construcción de nuevos embalses, trasvasar agua al lago para aumentar su caudal y políticas públicas para cambiar los hábitos de consumo de agua, sobre todo en el sector agrícola, donde se emplea agua potable para el riego. La responsable del plan, Isa Kalantari, aseguró en unas declaraciones recientes que la implementación de tecnología moderna y más eficiente permitirá a los campesinos reducir un 40% el consumo de agua

Pero la sequía del lago Urmía no es un caso aislado. Es el reflejo de la severa crisis medioambiental que padece Irán, cuyas tierras se está secando de manera alarmante. El gobierno de Hassan Rohani ha admitido que la falta de agua es el mayor desafío al que se enfrenta el país. Si no se adoptan medidas de urgencia, parte de la población de Irán podría verse abocada a emigrar a otros puntos del país para sobrevivir. Un efecto devastador que ya se ha producido con la población de los alrededores del lago Hamún, en el sureste de Irán, en la frontera con Afganistán. Su sequía obligó en 2012 a más 600.000 personas a desplazarse al norte en busca de refugio.

Ayuda internacionalEsta semana, la vicepresidenta de Medio Ambiente, Masoumeh Ebtekar, durante una visita a la provincia de Sistán-Baluchistán, donde se encuentra el lago Hamún, ha anunciado que el gobierno está negociando con organizaciones internacionales el rescate del lago. Pero la escasez hídrica amenaza en la actualidad a más de 70 humedales, al borde de la sequía más absoluta. Según la ONU, si en la década de los cincuenta la cantidad de agua per cápita disponible en Irán era de 7.000 metros cúbico, en 2015 es de 1.900 m3 y se calcula que en cinco años será de 1.300 m3. 

Hoy, el paisaje marchito del lago Urmía ha sustituido a los flamencos por todo tipo de objetos que afloran a la superficie a medida que el caudal desciende. Un otrora barco de pescadores permanece desde hace años varado en las montañas de sal que cubren el fondo marino, ya extinguido.

Algo sobre la historia del reciclaje

El símbolo mobius loop es parte de la historia reciclaje
El desperdicio no era un problema excesivamente importante antes del siglo XX. Los cubos de basura que dejamos a las puertas de nuestras casas y el triángulo con las 3 flechas pueden que sean cuestiones de nuestros días, pero las personas hemos estado reciclando materiales a lo largo de la Historia.
Los ingleses preindustriales estaban tan ocupados recuperando prendas de ropa, metales, piedras y otros materiales y dándoles nuevos usos que hay historiadores que han bautizado aquel periodo como la edad de oro del reciclaje.
Hasta mediados del siglo XIX, el papel se hacía en su totalidad a base de lo que hoy denominaríamos contenido posconsumidor, es decir, trapos usados. Durante la guerra de secesión estadounidense , las telas y trapos escasearon tanto que los fabricantes de papel importaron ¡momias egipcias! para poder usar sus vendajes de lino.
En la segunda mitad del siglo XIX tuvo lugar uno de los ciclos de reciclaje más largos de los que tenemos constancia
Durante buena parte de la Historia, los habitantes de la Tierra han producido una cantidad relativamente baja de basura. Los envoltorios, que ahora son los componentes más abundantes del flujo de residuos, apenas existían. La mayoría de los alimentos y mercancías se vendían a granel y poca gente tenía los recursos suficientes como para despilfarrar. La reutilización era una costumbre diaria. Se usaban los restos de comida para hacer sopa, y las familias alimentaban con restos a animales domésticos como cerdos y gallinas. La ropa vieja se remendaba, se hacía jirones para convertirla en trapos o se convertía en prendas nuevas.
Con el PET se hace relleno para prendas de abrigo
En ausencia de obsolescencia programada, los objetos se reparaban, se desmontaban para aprovechar algunas de sus piezas o se vendían a vendedores ambulantes, que a  su vez los desmontaban y volvían a vender a los comerciantes del cristal, los metales, los trapos, el cuero y otros materiales.
Las personas con menos recursos rebuscaban por los alrededores de sus casas objetos desechados que pudieran venderse, como siguen haciendo hoy en los países en vías de desarrollo. Los objetos a los que no se podía dar ningún uso se quemaban. El reciclaje continuo de objetos usados no sólo permitía a las familias seguir adelante, sino que proporcionaba fuentes muy importantes de materias primas para la industrialización temprana.
Esta clase de sistemas informales de reciclaje empezaron a desaparecer a principios del siglo XX. Por una parte, la gentes empezaba a comprar más productos y envases de un solo uso. Por otra, se empezaron a introducir en las ciudades más populosas sistemas de recogida de basuras y se crearon vertederos municipales.
A partir de ese momento, los productos y los materiales que iban a formar parte de nuestras vidas tenían como destino el cubo de la basura
A finales de la década de los 60 se inició un cambio impulsado por el movimiento ecologista emergente. A los activistas les preocupaban las sustancias químicas lixiviadas desde los vertederos no regulados, les angustiaban las cantidades casa vez mayores de basura tirada por las calles y se mostraban convencidos de que estábamos agotando los recursos naturales de la Tierra a un ritmo alarmante e insostenible. En estos años, Rachel Carsonpublicó su Primavera Silenciosa donde trataba el daño que ciertos productos químicos estaban ocasionando en nuestro medio ambiente.
Y así, inspirados en la ética de la reutilización surgieron numerosos programas de voluntarios alrededor de la idea del reciclaje en los meses cercanos al primer Día de la Tierra, celebrado en 1970.
Pero en realidad el movimiento no empezó ser relevante hasta finales de la década de los 80 cuando despegó el reciclaje moderno. A mitad de los años noventa, la mayoría de los países desarrollados habían adoptado o estaban trabajando en leyes integrales sobre el reciclaje y anunciaban objetivos para reducir la cantidad de desechos que llegaban al vertedero.
La recogida selectiva de residuos para su reciclaje está extendida en nuestras ciudades
Las comunidades empezaron a incorporar la recogida selectiva de residuospuerta a puerta y se potenciaron centros donde depositar residuos como parte de los programas municipales de gestión de residuos sólidos.
Empezaron a proliferar las empresas de transporte de residuos y se construyeron numerosas instalaciones para la recuperación y clasificación de los artículos reciclables que se recogieran.


Es decir, surgió el negocio alrededor del reciclaje y la recuperación de los materiales usados, y como se dice en una famosa película de superhéroes … ¡eso es otra historia!

Calentamiento global

Según los científicos, la concentración de carbono en la atmósfera, que ha oscilado en los últimos 650.000 años entre 180 y 300 partes por millón (ppm), ha pasado de 280 ppm al principio de la era industrial a 400 ppm en 2013.
Lo mismo se puede decir de las concentraciones de otros gases de efecto invernadero (GEI), como el metano y el óxido nitroso, responsables del calentamiento global de la Tierra.
En la Conferencia sobre Cambio Climático (COP15) celebrada en Copenhague en 2009, la Unión Europea propuso que las emisiones mundiales de CO2 no superaran los 450 ppm en 2050 con la esperanza que la temperatura del Planeta no aumentara más de 2º C. Aún así este aumento de temperatura tendría consecuencias bastante negativas para los ecosistemas y la vida.
Esta propuesta europea no fue atendida y se ha seguido consumiendo combustibles fósiles a un ritmo desmesurado lo que ha provocado que los niveles de CO2 en la atmósfera se hayan disparado más allá de las previsiones de los modelos. Es probable que el aumento de temperatura para finales de siglo esté cercano a los 4,5º C. De ser cierto, toda una catástrofe.
El calentamiento global tiene de apocalíptico que puede alterar radicalmente el ciclo hidrológico del Planeta. Los diversos ecosistemas de la Tierra han evolucionado a lo largo de las épocas en relación directa con las pautas de precipitación.
Cada aumento de 1º C de la temperatura supone un aumento del 7% en la capacidad de la atmósfera para absorber vapor de agua. Esto provoca un cambio drástico en la distribución del agua que se traduce en precipitaciones más intensa pero con menor frecuencia y duración, cuyos efectos seguro que has empezado a apreciar en los últimos años.
Tenemos inviernos más crudos, primaveras con violentas tempestades e inundaciones, veranos con sequías prolongadas, incendios, huracanes, más hielo y nieve que se derrite en las montañas y una elevación constante del nivel del mar
Los ecosistemas de nuestro Planeta no se pueden readaptar cambios de esta índole que afectan al ciclo hidrológico en tan poco tiempo, lo que les lleva a sufrir un estrés cada vez más intenso hasta el punto que algunos ya se encuentran al borde del colapso.
La desestabilización de la dinámica de los ecosistemas dirige a la Biosfera camino de la sexta extinción masiva. En las extinciones anteriores, el clima terrestre llegó a un punto de inflexión que puso a los ecosistemas en un bucle de retroalimentación positiva que acabó rápidamente con gran parte de la vida del Planeta y cuya recuperación requirió de millones de años.
Los estudiosos del tema nos advierten que la mitad de las especies podrían extinguirse a finales de este siglo
Si no reducimos drásticamente las emisiones que provocan el calentamiento global hasta unos niveles de 350 ppm, lo más probable es que nos sea imposible abastecernos de alimentos en los próximos siglos.
Pero las consecuencias no solo vendrán de lo relacionado con la alimentación (agricultura, ganadería y pesca), sino que también estarán relacionadas con cuestiones tan críticas como son las infraestructuras energéticas, de transporte, hídricas y sanitarias.
Pues si queremos evitar un futuro tan incierto y desolador tenemos que apresurarnos en desarrollar las posibilidades que tenemos ahora a nuestro alcance, como individuos y como colectivo, para evitar o paliar los efectos del calentamiento global y del cambio climático.
Exijamos a políticos, dirigentes, empresas, organismos públicos acciones concretas para reducir las emisiones de gases a la atmósfera, y hagamos a título personal lo necesario para parar a este quinto jinete del Apocalipsis.
¡Si lo piensas, llegarás a la conclusión de que podemos hacer mucho!

Tres mujeres que cambiaron la historia del ciclismo urbano

En el siglo 19, las mujeres comenzaron a usar la bicicleta de manera más masiva como un medio de transporte y con ello empezaron a sobreponerse a los prejuicios que otros les imponían sobre su uso.
De esta manera, nació una relación que hizo posible una liberación a los roles que la sociedad establecía, les permitió democratizar su movilidad por la ciudad y ampliar el abanico de actividades en las que podían participar y también organizar.
En este artículo te contamos sobre tres mujeres que en Estados Unidos fueron pioneras en reivindicar la bicicleta.

Annie “Londonderry” Kopchovsky
Dar la vuelta al mundo en bicicleta durante 15 meses y ganar 5 mil dólares fue la apuesta que dos hombres hicieron en Boston y que Annie Kopchovsky decidió probar que sí lo podía hacer una mujer.
Era 1894 y fue así como empezó el viaje que la llevó a pedalear por Nueva York y Chicago, en donde implementó una campaña de publicidad muy novedosa para la época y que consistía en llevar pancartas en su espalda de la marca de agua Londonderry Lithia, la que la volvió conocida como “Londonderry”.
Tras dejar Estados Unidos, el viaje continuó por Europa y el norte de África, finalizando en Asia y volviendo posteriormente a Boston. Al llegar a su ciudad, en donde la esperaba su marido junto con sus tres hijos, se dedicó a su labor de periodista para difundir todo su viaje que la hizo reconocida como “la primera mujer en recorrer el mundo en bicicleta” y durante el que adoptó una falda-pantalón llamada bloomers y usó una bicicleta Sterling, en ese entonces, solo para hombres.
Kittie Knox
La Liga de Ciclistas Americanos es una organización que hoy en día reúne a más de 100 mil ciclistas de todo Estados Unidos que buscan hacer del país uno más amigable con las bicicletas. Para esto, promueve estándares y prácticas sobre cómo se puede diseñar infraestructura ciclista segura, congrega a diversas organizaciones ciclistas y realiza actividades masivas.
Si bien la Liga de Ciclistas Americanos es conocida con este nombre desde hace varias décadas, data de 1880 cuando fue fundada bajo el nombre de la Sociedad Americana de Wheelmen. En un principio, los integrantes blancos de la organización se oponían a la participación de afroamericanos, por lo que rechazaban la llamada “barra de color” que creó la organización para incluirlos.
Sin embargo, en 1893, la ciclista afroamericana Kittie Knox, obtuvo su tarjeta de membresía, por lo que no se le pudo negar su participación las actividades oficiales de la sociedad. La más recordada es la reunión anual de la organización realizada en 1895, a la que Knox llegó con su bicicleta y su tarjeta.
María Ward
A finales del siglo 19 era común que las actividades fueran clasificadas según los roles que se le asignaba a cada género según las habilidades que la sociedad suponía tenía cada género de manera innata. Por esto, ciertas rutinas solo las podían hacer las mujeres y otras solo los hombres. Así, por ejemplo, la costura era una actividad para las mujeres y la mecánica era un rubro, para hombres.
Sin embargo, esta división de actividades no era lo más lógico y así lo hizo ver María E. Ward, quien en 1896 publicó “Ciclismo para Mujeres”, un manifiesto que buscaba empoderar a las mujeres con los conocimientos teóricos y técnicos que necesitaban saber para dominar sus bicicletas.
El libro, disruptivo en su época, hoy es considerado un documento histórico que da cuenta de cuáles eran los temas más útiles para las mujeres que estaban comenzando a usar la bicicleta, tales como cuál era la ropa más adecuada, cómo arreglar y cómo funcionaba una bicicleta, hasta cuál era la posición más apropiada para tener un buen pedaleo.