20 de julio de 2022

Fernando Valladares (CSIC): la UE "no es tan verde como parecía"

 La reciente decisión del Parlamento Europeo de etiquetar como energías verdes el gas y la nuclear ha rebajado los objetivos ambientales de una Unión Europea que "no es tan verde como parecía", ha lamentado en entrevista a Efe el científico Fernando Valladares.

Valladares, que estos días publica 'La salud planetaria' (editorial Catarata) junto con el catedrático de Ecología de la Universidad Rey Juan Carlos, Adrián Escudero, y la periodista medioambiental Xiomara Cantera, ha señalado que decisiones como éstas son "incompatibles" con la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero tal y como fue firmada en el Acuerdo de París de la COP21 en 2015.

"Los 'lobbies' de los combustibles fósiles y su apoyo por parte de las entidades financieras impiden una transición energética limpia", ha insistido este doctor en ciencias biológicas, quien cree que "si abordamos bien esa transición no habrá lugar a conflictos como el de Ucrania y Rusia, que suelen compartir el mismo origen: los combustibles fósiles".

Sin embargo, "la dependencia energética y el rompecabezas de la geopolítica están acabando con recursos básicos como el agua", además de afectar a la salud tanto del planeta como de las personas, de donde nace precisamente el título de la obra publicada por Valladares, Escudero y Cantera.

Salud planetaria

"Un ecosistema funcional y bien conservado reduce el  riesgo de exposición humana a patógenos transmitidos por fauna salvaje" pero es difícil mantener su buena salud si no se dedica los recursos suficientes a la restauración ecológica y la conservación de especies, afrontando problemas como el aumento de sequías, altas temperaturas, incendios forestales o presencia de especies exóticas invasoras.

En el caso de las temperaturas, “las olas de calor son impredecibles e irregulares y vienen con el kit del cambio climático, por lo que tendremos más noches tropicales en las que será difícil encontrar momentos de calor no agobiante” augura con pesimismo. 

Portada de "La salud planetaria", de Fernando Valladares, Xiomara Cantera y Adrián Escudero

Producción alimentaria

Buena parte del peso del ensayo recae en el sistema alimentario actual, que "sólo busca maximizar la producción” y por ello ha derivado en una industrialización que “genera menos empleo que la ganadería y la agricultura tradicionales, satisfaciendo sólo el interés de unos pocos".

Este es el caso de las macrogranjas y las entidades financieras, “las únicas que recuperan el dinero de las inversiones dejando un rastro de consecuencias para la ciudadanía”, denuncia Valladares.

Por ello "los incentivos económicos para evitar mayor despoblación en las zonas rurales deberían abordarse desde una óptica amplia y ecológica", que no se vea condicionada por "la inercia histórica de transferir las competencias autonómicas”.

Los autores del libro defienden entre otras cosas reestructurar la ganadería, reducir la producción de carne y las importaciones agrícolas, abandonar el monocultivo y la agricultura intensiva y favorecer programas educativos de concienciación de consumo local dentro de un sistema alimentario global y equilibrado.

La acción individual "no es suficiente, pero sí necesaria" 

Valladares apuesta además por la acción individual "que es capaz de neutralizar más de la quinta parte de todas las emisiones de gases de efecto invernadero" y por una redefinición del concepto de calidad de vida:

"Poseer bienes no puede ser el fin último y único de nuestra existencia”. 

En ese sentido apuesta por "una ruptura de inercias del pasado" que incluya "acción a escala tanto global como local" incluyendo las asambleas ciudadanas, porque "los individuos deben confiar en su poder para hacer presión sobre los responsables políticos a la hora de tomar decisiones incómodas” para atajar crisis ambientales, económicas y sanitarias "antes de que sea tarde".

No obstante, reconoce que eso requiere una ciudadanía con "conciencia ética y científica", una ciencia que "tenga en cuenta sus necesidades a la hora de proponer cambios" y unos políticos y empresas que estén "dispuestos a ejecutarlos dentro de unos acuerdos inmediatos". EFEverde

El canto de los animales, una herramienta para estudiar el cambio climático

 Al igual que los humanos, una amplia variedad de animales emiten sonidos para comunicarse. Estos sonidos, que conocemos como cantos, reclamos o señales acústicas, cumplen un importante papel en su ciclo de vida.

En las noches de primavera, podemos oír los ruidosos coros que forman diversas especies de ranas y sapos cerca de arroyos, charcas o lagunas. En ellos, los machos usan sus cantos, como esforzados tenores, para atraer en la oscuridad a potenciales parejas con las que reproducirse. Lo mismo ocurre entre las aves, los mamíferos o algunos insectos. 

Además de servir como reclamo sexual, los animales emplean las señales acústicas para muchas otras funciones. Por ejemplo, las suricatas emiten señales de alarma para advertir de la presencia de depredadores. Numerosas especies de aves utilizan sus cantos para defender sus territorios o mantener el bando unido al desplazarse en grupo, mientras que sus polluelos lo hacen para solicitar alimento.

La banda sonora depende del clima

Los seres vivos somos extremadamente sensibles a las condiciones climáticas. La mayoría de organismos requieren determinados niveles de precipitación, humedad o temperatura para reproducirse y sobrevivir. Por ello, los animales a menudo restringen su actividad a periodos y lugares que les resultan favorables. Cabe preguntarse, por tanto, si el acelerado cambio que está experimentando el clima de nuestro planeta podría alterar la banda sonora de la naturaleza. ¿El cambio climático está modificando las épocas y lugares en los que se reproducen los animales? ¿La comunicación acústica, y las importantes funciones que desempeña en estos animales, se verán comprometidas por las nuevas condiciones climáticas?

En recientes investigaciones, hemos aplicado nuevas tecnologías para ayudar a dar respuesta a estas preguntas. 

Sensores acústicos

Las nuevas tecnologías nos permiten ampliar nuestra capacidad para detectar cambios en la naturaleza. Hoy en día podemos emplear redes de sensores que trabajan de manera autónoma para medir todo tipo de parámetros. Así, somos capaces de multiplicar el número de ojos y oídos que registran fenómenos naturales. 

En esta nueva caja de herramientas para biólogos también hay sensores acústicos, pequeñas grabadoras digitales que son capaces de registrar automáticamente los sonidos emitidos por los animales. Y, gracias a ellas, los científicos podemos hacer un seguimiento de la actividad animal durante largos periodos de tiempo y en múltiples zonas a la vez. 

Esta novedosa metodología de estudio se denomina seguimiento acústico pasivo y está siendo utilizada de manera creciente

Instalados en zonas de reproducción o migración, los sensores acústicos son programados para grabar miles de horas de sonido ambiente. El reto después es analizar el enorme volumen de horas de grabación capturado. Para lograrlo, recurrimos a complejos algoritmos, parecidos a los de reconocimiento de voz que usan actualmente nuestros móviles. 

Aprovechando las características de cada sonido animal, estos algoritmos son capaces de identificar a qué especie pertenece. Así, los sensores acústicos, como robot espías, nos ayudan a detectar las especies que hay en cada lugar, sus periodos de reproducción o en qué condiciones ambientales están activas.


















Instalación con sensores para registrar los sonidos de los animales. Diego Llusia

Bioacústica y biogeografía

El avance científico surge a menudo de la integración de disciplinas distintas. Cada una aportando herramientas y conocimientos complementarios para dar lugar a nuevas ideas o metodologías. Y hay maridajes que pueden resultar especialmente fructíferos.

En un estudio reciente, científicos de la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad de Alcalá y otras instituciones nacionales e internacionales proponemos un nuevo método para analizar el impacto del cambio climático en las especies que se comunican mediante sonidos.

Para ello, hemos combinado técnicas de seguimiento acústico con herramientas de biogeografía. En síntesis, el nuevo procedimiento pone a disposición de los modelos biogeográficos la ingente cantidad de información recogida por los sensores acústicos. 

Con este método conseguimos predecir dónde y cuándo existirán condiciones climáticas adecuadas para el canto de cada especie en las próximas décadas. Es decir, dónde y cuándo podrían reproducirse o llevar a cabo otras actividades esenciales de su ciclo de vida. E igualmente, si las condiciones climáticas mejorarán o empeorarán en cada lugar y periodo para llevar a cabo estos comportamientos.

Se trata de una potente herramienta de predicción que nos ayuda a prever la respuesta de las especies a los cambios de temperatura o precipitación que se están produciendo en su medio. 

Algunas respuestas posibles son la desaparición de poblaciones en zonas con condiciones desfavorables (extinciones locales) y su expansión hacia zonas más adecuadas (cambios de distribución). 

Además, pueden darse adelantos o retrasos en el calendario de reproducción de las especies (cambios fenológicos). Y esto puede conllevar, a su vez, desajustes en las interacciones que se establecen entre las distintas especies en los ecosistemas. Qué consecuencias pueden tener estos cambios y desajustes aún no lo sabemos. En próximas investigaciones esperamos examinarlos con el uso de esta herramienta. 




















La ranita de San Antonio (Hyla molleri) emplea el canto para encontrar pareja reproductiva. Íñigo Martínez-SolanoAuthor provided

La ranita de San Antonio

El nuevo estudio ofrece una guía paso a paso para desarrollar este método, que recibe el nombre de modelos acústicos de distribución de especies (aSDM, por sus siglas en inglés). Para comprobar su funcionamiento, hemos utilizado datos de seguimiento de la ranita de San Antonio (Hyla molleri). Se trata de una especie de rana ibérica que utiliza el canto para encontrar pareja reproductiva.

Los resultados muestran que el método es sólido, ya que es capaz de predecir con acierto la actividad de la ranita de San Antonio en las condiciones actuales. Nuestros hallazgos respaldan así el uso de estos modelos como una herramienta eficiente para evaluar el efecto del cambio climático en este grupo de animales.

En definitiva, proponemos el uso integrado de la bioacústica y la biogeografía para explorar la capacidad de las especies vocales de hacer frente al cambio climático. Y mostramos cómo las tecnologías emergentes ofrecen nuevas oportunidades para enfrentarnos a este reto.