23 de noviembre de 2022

Las razas de perro también pueden extinguirse. Y varias de ellas afrontan un futuro inquietante

 Cuando pensamos en animales en peligro de extinción es probable que imaginemos alguna especie habitando algún bosque recóndito del planeta. Seguramente no pensemos en animales domésticos, mucho menos en perros. 

Lejos de estar en peligro de extinciónlos perros (Canis lupus familiaris) son uno de los animales domésticos más extendidos del mundo. (El más común según algunas métricas.) Sin embargo existen razas de perro que están consideradas en situación de vulnerabilidad. 

¿Cómo se pasa a considerar una raza en peligro? Para el Kennel Club británico, es por el nacimiento de menos de 300 ejemplares al año, pero se aplica tan solo a las razas autóctonas en esta región. Esto implica, por ejemplo, que el corgi galés de Pembroke (la raza que comúnmente asociamos al término “corgi”) estuviera catalogada como raza en peligro hace unos años en las islas pese a ser relativamente frecuente en los Estados Unidos. 

En la última versión de su lista, el Kennel Club nombra a 31 razas en estado vulnerable, que incluyen el perro de San Huberto (bloodhound) y el galgo inglés (greyhound), que con 19 y 10 nacimientos en 2021 podrían ser considerados los más vulnerables según la métrica del club. Otras razas en la lista son el mastín, el setter inglés, distintas razas de terrier y spaniel, o el corgi galés de Cardigan. 

La del Kennel Club es la principal lista, pero cada región del mundo cuenta con sus razas autóctonas de perro. Otras razas incluidas en listas de perros en peligro incluyen dingos americanos, perros de Carolina, donggyeongi de Corea, o los jonangi de la India. 

Como las especies, las razas de perro pueden desaparecer al ir convergiendo en otras. A diferencia de lo que ocurre en el ámbito salvaje, en el doméstico los criadores pueden ir cambiando a su antojo, generación tras generación, las características de las razas de perro hasta convertirlos en irreconocibles. 

Un cambio en los modos de vida

Los perros son criados en función de su utilidad y muchas de estas han estado tradicionalmente vinculadas al trabajo agrario. Los cambios en el trabajo en el campo han implicado cambios en qué rezas caninas son requeridas por las personas. Esto quiere decir, que algunas razas han ido cayendo en el “desuso” y con ello en peligro de desaparición

El riesgo de desaparición de animales domésticos no solo afecta a las razas de perro. La agricultura y cría de ganado industrial ha tendido a homogeneizar el ganado, dando siempre preferencia a las razas más eficientes en cuanto a generar producto, ya sea carne, leche o huevos. La ganadería porcina y aviar son las más homogeneizadas. 

The Livestock Conservacy es una ONG estadounidense centrada en la preservación de la biodiversidad en el ganado. Las razas en su “lista de prioridad en la conservación” abarcan distintos tipos de ganado, como ganado vacuno, pollos, gansos, burros, cabras, ovejas o pavos entre otras especies.

La organización también distingue varias categorías de prioridad, desde especies en estado crítico hasta las que se encuentran “en estudio”, además de aquellas que se encuentran en proceso de recuperación, entre otras categorías. La asociación también distingue entre especies nativas, las importadas antes del siglo XX y las importadas durante y después del s. XX. 

La desaparición de razas y especies ganaderas puede ser una mala noticiaLa diversidad genética es una de las herramientas clave para su supervivencia. La escasez en esta puede hacer que determinados ganados se vuelvan más vulnerables ante, por ejemplo, la propagación de un virus. 

Esto puede tener otros efectos, como una mayor dependencia de medicamentos. El uso de antibióticos en la ganadería se ha señalado como un factor clave en la evolución de las bacterias y su cada vez mayor resistencia a los tratamientos que deben eliminarlas. Por si esto fuera poco, las mismas presiones económicas pueden afectar de igual manera a cultivos e incluso a los árboles.

Los vínculos entre sociedad y medio ambiente son cada vez más complejos, pero sobre todo cambian con rapidez. La interconexión es tal que es difícil saber cómo la pérdida de una raza de cánido o de ganado puede afectar a une ecología modelada por miles de años de asentamientos humanos. En cualquier caso, con estas extinciones siempre se dará une pequeña pérdida, si no en el ecosistema, en la cultura que nos ha llevado vivir en la compañía de estos animales durante tantas generaciones.

El agua de lluvia ya no es potable

 Hace unos años, cuando estudiábamos el ciclo del agua, se nos explicaba que el agua de lluvia se podía asimilar al agua destilada y que se podía beber sin tratamiento o proceso alguno.

El agua de lluvia ya no es potable en ninguna parte del mundo debido a la presencia de sustancias cancerígenas eternas conocidas como PFAS

Pocos años después ya se nos indicaba que no se podía beber el agua que se precipitaba en las zonas urbanas por atravesar la barrera de contaminación que rodea a las urbes.

Después se extendió lo mismo a los países desarrollados, quedando la posibilidad de beber agua de lluviade forma segura a unos pocos lugares recónditos del Planeta.

Ahora ya se ha constado que el agua de lluvia ya no es potable en ninguna parte del mundo debido a la presencia de sustancias cancerígenas eternas, tal y como recoge un estudio recién publicado en la revista Environmental Science & Technology.

En este artículo, científicos de la Universidad de Estocolmo y de la ETH Zúrich advierten que en el agua de lluvia se encuentran presentes unas sustancias peligrosas denominadas perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS, por sus siglas en inglés).

Son contaminantes químicos de fabricación humana que se han producido en grandes cantidades y se conocen como sustancias químicas para siempre.

La Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) indica que son un grupo de agentes químicos que incluyen PFOA, PFOS, GenX, que destacan por su persistencia, que no se degradan y que pueden acumularse con el paso del tiempo.

La voz de alarma surgió con los desodorantes con parabenos

Estas sustancias las podemos encontrar desde en textiles, pinturas, cajas de pizza, bandejas de horno, sartenes antiadherentes, alimentos envasados, productos domésticos comerciales, ceras, pinturas, o productos de limpieza hasta en la espuma para combatir los incendios.

Es cierto que se identifican algunos usos en los que este tipo de químicos tienen gran relevancia, como puede ser como protección contra fluidos biológicos en las batas médicas para los profesionales que trabajan en los quirófanos.

Aun así, sería necesario estudiar alternativas para estas aplicaciones esenciales que podrían venir de la mano de la investigación y de la innovación para el desarrollo de otras posibilidades ecointeligentes.

Su peligrosidad para la salud humana y los ecosistemas viene de su toxicidad persistente, que se extiende por la atmósfera y pueden encontrarse en el agua de lluvia y nieve ya en cualquier región del Planeta.

El cuerpo humano los absorbe y acumula estos químicos PFAS a través de los alimentos o el agua

Otros estudios muestran evidencias de que su exposición es nociva para la saludsus efectos están detrás de problemas de aprendizaje y desarrollo infantil, infertilidad y complicaciones del embarazo, alteraciones hormonales, enfermedades autoinmunes, cáncer o colesterol alto. 

También se ha constatado que aunque uno de los principales fabricantes de estas sustancias las eliminó de forma gradual hace un par de décadas, los niveles de algunas no están disminuyendo como cabría esperar.

El agua del grifo es un lujo sostenible al alcance de muchos

Si bien es cierto que en los últimos 20 años los valores de PFAS en el agua potable, las aguas superficiales y los suelos han disminuido drásticamente, debido a su prohibición y legislación sobre su uso al conocer su alta toxicidad, el estudio antes citado apunta que se ha superado el límite planetario de los niveles establecidos.Ad

Algunas legislaciones sobre estos compuestos no los prohíben totalmente, si no que restringen su uso y contemplan excepciones, y en palabras de los expertos se tendría que tratar esta cuestión como algo esencial para la salud y la seguridad por ser crítica para persistencia de la vida en el Planeta.

La CITES eleva la protección de todas las especies de rana cristal

 Ciudad de Panamá.- La 19 Conferencia Mundial sobre Vida Silvestre (CoP19 CITES) que se celebra en Panamá aprobó por consenso que se controle estrictamente el comercio de todas las especies de rana cristal, una medida tildada por los activistas como una "acción decisiva" para frenar el rápido crecimiento de la comercialización mundial de mascotas exóticas.

Las ranas cristal son un diminuto anfibio traslúcido de América Central y Suramérica. Se conocen 156 especies de estas, que están distribuidas por todo el neotrópico.

Tienen una alta demanda en el mercado internacional. Un sólo individuo puede ser vendido en unos 950 euros, según los datos oficiales disponibles.

La propuesta de incluir a todas las especies de ranas de cristal en el Apéndice II de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES) fue presentada por Argentina, Brasil, Costa Rica, Costa de Marfil, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Gabón, Guinea, Níger, Panamá, Perú, Togo y Estados Unidos.

La CITES señala que en el Apéndice II figuran especies que no están necesariamente amenazadas de extinción, pero que podrían llegar a estarlo a menos que se controle estrictamente su comercio.

De acuerdo con la Convención, el comercio internacional de especímenes de especies del Apéndice II puede autorizarse concediendo un permiso de exportación o un certificado de reexportación.

Una decisión global que garantiza la protección

El Fondo Internacional para el Bienestar Animal (IFAW, por sus siglas en inglés) afirmó este miércoles que la decisión global de incluir a todas las especies de rana cristal en el Apéndice II de CITES es "una acción decisiva para frenar el rápido crecimiento del comercio mundial de mascotas exóticas".

"Ya bajo una inmensa presión ecológica como resultado de la pérdida de hábitat, el cambio climático y las enfermedades, el comercio no gestionado y creciente de ranas de cristal está exacerbando las amenazas ya existentes para la especie. Este comercio debe ser regulado y limitado a niveles sostenibles para evitar agravar las múltiples amenazas a las que ya se enfrentan", dijo.

Joaquín de la Torre, director regional de IFAW para Latinoamérica y el Caribe.

Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el 50 % de las especies de rana cristal evaluadas por su Lista Roja están en peligro de extinción, con 10 especies clasificadas como "en peligro crítico", 28 como "en peligro" y "21 como vulnerables", indicó el IFAW.

El Fondo destacó que ser incluidas en el Apéndice II de la CITES permite aumentar la recopilación de datos sobre el comercio de especies de ranas de cristal, lo que es fundamental para entender mejor la demanda y las redes de comercio mundial que existen pero que aún no se han estudiado en gran medida.

"Como diferenciar visualmente entre especies de ranas de cristal es casi imposible, la inclusión en la lista se propuso a nivel de familia", precisó el IFAW, que está presente en unos 40 países.

En la CoP19, que comenzó el pasado día 14 y culminará el 25 de noviembre, se están examinando 52 propuestas sobre la enmienda de los Apéndices I, II y II de la CITES, que afecta, entre otras, sobre unas 200 especies arbóreas, tiburones, lagartos, ranas, aves, elefantes, rinocerontes e hipopótamos. EFEverde

SAN JOSÉ (COSTA RICA), 26/04/2015-. Fotografía cedida por Brian Kubicki de Costa Rican Amphibian Research Center hoy, domingo 26 de abril de 2015, que muestra una "rana de cristal", que tiene el nombre científico de Hyalinobatrachium dianae (H. diane). La rana fue descubierta en un bosque lluvioso del Caribe costarricense por el biólogo estadounidense Brian Kubicki y los costarricenses Stanley Salazar y Robert Puschendorf. Tras 40 años sin registrar un nuevo espécimen de este tipo en el mundo, se ha ganado miles de elogios por sus características únicas de traslúcida piel, color verde lima y el canto parecido a un insecto. EFE/Brian Kubicki/Costa Rican Amphibian Research Center/


SAN JOSÉ (COSTA RICA), 26/04/2015-. Fotografía cedida por Brian Kubicki de Costa Rican Amphibian Research Center hoy, domingo 26 de abril de 2015, que muestra una "rana de cristal", que tiene el nombre científico de Hyalinobatrachium dianae (H. diane). La rana fue descubierta en un bosque lluvioso del Caribe costarricense por el biólogo estadounidense Brian Kubicki y los costarricenses Stanley Salazar y Robert Puschendorf. Tras 40 años sin registrar un nuevo espécimen de este tipo en el mundo, se ha ganado miles de elogios por sus características únicas de traslúcida piel, color verde lima y el canto parecido a un insecto. EFE/Brian Kubicki/Costa Rican Amphibian Research Center/

Fotografía de una "rana de cristal", que tiene el nombre científico de Hyalinobatrachium dianae (H. diane). EFE / Brian Kubicki / Costa Rican Amphibian Research Center


SAN JOSÉ (COSTA RICA), 26/04/2015-. Fotografía cedida por Brian Kubicki de Costa Rican Amphibian Research Center hoy, domingo 26 de abril de 2015, que muestra una "rana de cristal", que tiene el nombre científico de Hyalinobatrachium dianae (H. diane). La rana fue descubierta en un bosque lluvioso del Caribe costarricense por el biólogo estadounidense Brian Kubicki y los costarricenses Stanley Salazar y Robert Puschendorf. Tras 40 años sin registrar un nuevo espécimen de este tipo en el mundo, se ha ganado miles de elogios por sus características únicas de traslúcida piel, color verde lima y el canto parecido a un insecto. EFE/Brian Kubicki/Costa Rican Amphibian Research Center/

Fotografía de una "rana de cristal", que tiene el nombre científico de Hyalinobatrachium dianae (H. diane). EFE / Brian Kubicki / Costa Rican Amphibian Research Center

La herencia de los árboles

 Por muy caluroso que haya sido este año, probablemente habrá sido el año más frío del resto de nuestra vida. El cambio climático es una realidad y sus efectos son cada vez más evidentes en todo el planeta. ¿Y quiénes son los seres vivos que salen peor parados de esta demoledora situación? Aquellos que de ninguna forma pueden escapar a los cambios ambientales que suceden a su alrededor.

La longevidad de los árboles y su vida anclada a un mismo lugar les impone la necesidad de afrontar diversas situaciones estresantes a lo largo del tiempo. Estas situaciones pueden ser cíclicas (cambios climáticos a lo largo de un año que se repiten una y otra vez) o puntuales, como el ataque de una plaga, una ola de calor o un periodo de sequía extremo (aunque estos periodos extremos se están repitiendo varias veces por temporada en los últimos años). 

Los animales, al contrario que los árboles, disponemos de muchos recursos para afrontar estas situaciones, desde la lucha o huida hasta la construcción de herramientas y refugios. La supervivencia animal radica en gran medida en la experiencia, que nos permite una mejor evaluación, anticipación y respuesta ante un riesgo. Y esta experiencia se basa en la memoria.

¿Pueden las plantas mostrar un comportamiento similar para garantizar el fin último de cualquier ser vivo, es decir, para asegurar su supervivencia? 

No consuma noticias, entiéndalas.

¿Tienen las plantas memoria?

Las plantas no poseen una memoria compleja basada en un sistema nervioso como el de los animales, sino que cuentan con sistemas más simples. Cualquier respuesta a nivel molecular está dirigida por la activación y desactivación de distintos genes (transcripción). En los últimos años, se ha demostrado que los factores ambientales desempeñan un papel muy importante en este proceso.

Cuando una planta está sometida a un estrés, la maquinaria molecular coordina los genes necesarios para responder a dicho estrés. Asimismo, modifica la transcripción para que la célula pueda sintetizar formas alternativas de las proteínas, denominadas isoformas, que permiten soportar mejor dicho estrés

Este mecanismo, conocido como splicing alternativo, se recuerda para la transcripción de un pequeño número de genes hasta seis meses después de que cese el estrés. La presencia de estas formas alternativas permite a las plantas responder de forma más rápida y eficiente cuando se repite una situación de estrés similar, reduciendo el daño sufrido. En otras palabras, es una de las estrategias que desencadenan las plantas para memorizar un estrés y hacer frente a ese cambio ambiental desfavorable.

Por lo tanto, las plantas, al igual que los animales, son capaces de percibir, recordar y aprender de experiencias negativas para poder afrontarlas mejor la próxima vez que se presenten. Pero esta sorprendente capacidad de aprendizaje va un paso más allá ya que, bajo determinadas circunstancias, los progenitores son capaces de transmitir parte de este conocimiento a sus hijos con el fin de mejorar sus probabilidades de supervivencia y competición frente a otras plantas mediante una mejor y más rápida respuesta al estrés.

Memoria transgeneracional

A los humanos, nuestros padres y madres nos acompañan durante los primeros años de vida enseñándonos lo que está bien y mal y cómo debemos actuar para evitar problemas futuros. Algo parecido ocurre en el caso de las plantas, pero como no pueden comunicarse mediante palabras, necesitan emplear otro tipo de mecanismos para transmitir su conocimiento a sus descendientes

Una parte de este conocimiento se trasmite por herencia materna a través de los cloroplastos. Estos son los orgánulos celulares encargados de llevar a cabo la fotosíntesis y se ha demostrado que son clave en procesos de señalización celular y tolerancia al estrés. Actúan como sensores que permiten a la progenie adaptarse mejor al entorno desde el momento de la germinación. 

Los descendientes pueden superar así sus primeros meses de vida mejor que otros competidores de su entorno ya que no tienen que construir desde cero la respuesta adecuada frente al estrés. Es decir, esta experiencia recibida evita un periodo inicial de ensayo y error. La primera vez que se afronta un estrés la célula no tiene claro cuáles son los mejores genes a “encender” ni sus variantes de splicing más acertadas. 

El aumento tanto de la eficacia como de la velocidad de respuesta minimizará los daños que sufre la planta cuando afronte su primer estrés, asegurando su supervivencia y, por tanto, la de la especie. 
















Shutterstock / Triff

¿Cómo estudiamos este fenómeno?

Hemos hablado de mecanismos y rutas concretas como elementos clave para establecer las bases de la memoria en plantas. Sin embargo, un ser vivo no puede entenderse de forma compartimentalizada, sino como un todo. De esto se encarga la biología de sistemas, que se basa en el estudio de los distintos grupos de moléculas que forman parte de un organismo para modelar su funcionamiento. 

El empleo de una aproximación integradora, combinada con la capacidad analítica actual –podemos estudiar con precisión varios miles de transcritos, proteínas o metabolitos en cada experimento–, nos permite hacer una especie de zoom biológico para explicar cómo funcionan las plantas y responden al ambiente en base a los cambios coordinados en sus distintas rutas fisiológicas, genéticas, epigenéticas, proteómicas y metabolómicas.

Estos trabajos suponen no solo un gran avance en ciencia básica, descubriendo nuevos mecanismos implicados en la capacidad de adaptación al entorno y la resiliencia de los árboles, sino también en ciencia aplicada. Muchas de estas moléculas se podrán emplear como biomarcadores, es decir, sustancias indicadoras del estado biológico. 

Estos biomarcadores permitirán seleccionar semillas que puedan responder mejor a localizaciones concretas. Además, proporcionarán información esencial para evaluar en tiempo real el estado fisiológico de los bosques, convirtiéndose así en una pieza clave para mejorar su gestión y sostenibilidad en el actual contexto de cambio climático.

Pero, a pesar de que la mayor parte de los seres vivos son capaces de hacer frente a condiciones adversas y aprender de ellas, así como transmitir parte de ese conocimiento a sus descendientes, la biología de sistemas nos ha enseñado dos cosas muy importantes:

Considerando que todavía no tenemos capacidad para colonizar (y destruir) otros planetas, no debemos olvidar nuestra responsabilidad con las generaciones futuras ahora que todavía estamos a tiempo y podemos dar pasos de gigante hacia un mundo más sostenible.