6 de diciembre de 2016

“La pérdida de la biodiversidad es un proceso silencioso”

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Braulio Ferreira de Souza, secretario general del convenio de la ONU sobre biodiversidad. ONU


Braulio Ferreira de Souza trabaja desde 2012 como secretario ejecutivo del Convenio de Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica. Este brasileño, nacido en 1953, es doctor en zoología por la Universidad de Edimburgo y ocupó varios cargos en la administración de su país. Uno de ellos fue el de secretario de diversidad biológica y bosques del Ministerio del Medioambiente. Ferreira de Souza recibe a EL PAÍS en su oficina ubicada en Montreal.
Pregunta. ¿Cuáles serán los temas principales de la próxima Conferencia de las Partes (COP) de su organismo, que se empieza mañana en Cancún?
Respuesta. Trataremos asuntos muy concretos, como el tema de las especies exóticas invasoras, y también hablaremos de restauración de bosques y otros ecosistemas degradados; hay más de mil millones de hectáreas en el mundo, y no contribuyen en la economía ni en el equilibrio ambiental. Vamos a discutir las interconexiones entre salud humana y biodiversidad, así como la biodiversidad marina, ya que tiene una atención creciente por su gravedad. Ahora bien, el punto central de la COP será la integración del tema de la biodiversidad en los sectores económicos, que son usuarios de esa biodiversidad, pero también impactan en ella. Tendremos por ejemplo un foro de negocios y biodiversidad con jefes de empresas, técnicos y gobiernos locales. Además, daremos seguimiento al Protocolo de Cartagena sobre seguridad de la biotecnología y, de igual modo, al Protocolo de Nagoya sobre recursos genéticos.
P. ¿Qué está haciendo su institución para que la protección de la biodiversidad se convierta en un recurso más para las empresas y no la perciban como un obstáculo?
Nos preocupan las declaraciones de Trump como candidato. Si Estados Unidos boicotea los planes, esto tendrá un impacto importante en la biodiversidad
R. Las empresas son los principales usuarios de la biodiversidad. El papel de los gobiernos es importante porque ellos establecen las reglas. Aunque quienes implementan esto son las empresas. Tenemos años involucrando a las compañías en el convenio. Desde 2006, en la COP 8 en Curitiba, empezamos a discutir claramente el tema del sector empresarial. Estamos ampliando las temáticas y logrando más apoyo de los gobiernos para incluir a las empresas. En 2011, lanzamos en Tokio la plataforma de biodiversidad y negocios. Hasta el momento tenemos 21 países que cuentan con una iniciativa de biodiversidad y negocios. La responsabilidad para asegurar la conservación de la biodiversidad y su uso de forma sostenible no es sólo de los gobiernos sino de todos. De los ciudadanos, por ejemplo, en cuanto a consumo, y mucho tienen que ver las empresas. Las compañías deben comprender bien lo que implica la biodiversidad. La pérdida de la biodiversidad es un proceso silencioso, no es como el cambio climático que es visible. La mayoría de las personas viven en ciudades, así que están muy lejos de la biodiversidad, y no lo viven igual que la gente en zonas rurales. Por eso es importante un proceso de comunicación sobre las temáticas ambientales. Todos tenemos que participar. Vemos que hay problemas de tala y de sobrepesca. ¿Por qué? Porque hay consumo. Debemos promover una producción sostenible con un consumo sostenible.
P. ¿Cómo se puede lograr que los países cumplan con lo acordado en los distintos acuerdos?
Las causas de la pérdida de la biodiversidad vienen de muchas esferas: pesca, transporte, energía, comercio, desechos
R. Es un asunto delicado . Es fácil firmar pero otra cosa es implementar. En el convenio de biodiversidad tenemos algunas reglas claras. Por ejemplo, el artículo 6 establece que si un gobierno ratifica el compromiso de hacer parte del convenio, tiene que realizar planes nacionales de conservación y uso sostenible de la biodiversidad. Debe incorporar esto en todos sus planes para tener efectividad a nivel nacional. Tenemos un instrumento que es la Estrategia nacional y los planes de acciones nacionales de biodiversidad. Es un compromiso legal de los países. También tienen un compromiso legal de informar al convenio al menos cada cuatro años sobre las acciones que toman para implementar los compromisos. No tenemos una policía internacional, así que es un trabajo de convencimiento, apoyo técnico y ayuda financiera. Cada cuatro años los países en desarrollo reciben cerca de 2.000 millones de dólares. No es un monto sumamente elevado, pero es importante. Todos los países, desarrollados y en desarrollo, tienen dificultades para cumplir con puntos del acuerdo. Los temas ambientales han sido tratados tradicionalmente como un tema sectorial, encomendándolos a los ministerios de Medio Ambiente. Otros sectores han pensado que ellos no tienen responsabilidad. Pero este es un modelo que no permite resolver los problemas. Las causas de la pérdida de la biodiversidad vienen de muchas esferas: pesca, transporte, energía, comercio, desechos. Por eso seguiremos subrayando en Cancún que el tema medioambiental debe recibir la misma atención que los demás. Lo que se necesita es una reforma en los sistemas de gobernanza, buscar que la protección a la biodiversidad sea tomada en cuenta por todos los sectores.
P. ¿Puede usted comentar ejemplos de buenas prácticas en áreas protegidas?
R. Es uno de los mecanismos más eficientes de conservación, aunque no es suficiente declarar un área. Es necesario implementarla y se necesitan varias medidas. La tradición de áreas protegidas era que las declaraban los gobiernos, pero ha quedado demostrado que no es la mejor práctica porque no involucra a las comunidades locales y ha creado conflictos. Las comunidades tienen cosas para ofrecer, han convivido con la vida silvestre y tienen derechos para asegurar su acceso a estos recursos. La tendencia ahora es crear sistemas de gobernanza inclusivos y reconocer derechos. Por ejemplo, aquí en Quebec hay experiencias de áreas protegidas en el norte. Se piensa en cómo desarrollarlas y se involucra a los grupos indígenas desde las primeras consultas para decidir cómo se manejarán estas áreas y el acceso a caza, pesca y aspectos relacionados con sus creencias espirituales. La prioridad laboral es también para ellos, así que funciona bien. En Australia se creó una categoría especial llamada “áreas protegidas indígenas”, un trabajo entre gobiernos y grupos autóctonos. En Brasil existe la categoría “área de reserva extractivista”. Se creó por ley a partir de los esfuerzos de Chico Mendes. Son áreas de uso sostenible, mezclan conservación con uso exclusivo para las comunidades. Tenemos cerca de 100 áreas en Brasil. Sin embargo, en África y Asia está presente sobre todo el modelo tradicional de preservación y exclusión de la gente, que ha provocado muchos conflictos con las comunidades. Una consecuencia es la caza furtiva porque no tienen ya los derechos para cazar como lo han hecho tradicionalmente.
P. ¿Y cuál es su postura sobre las áreas privadas de conservación?
R. Hay varias experiencias en todo el mundo, pero cada país tiene una forma distinta de tratar esto. En muchos países los gobiernos no reconocen estas áreas privadas como una contribución a la conservación de la biodiversidad. Ese es un problema. Creo que deberían reconocerlo. En Brasil, el sistema oficial de áreas protegidas reconoce una categoría específica de reservas privadas de áreas de protección. Pero el dueño del área debe hacer la propuesta al gobierno para prevenir varias situaciones. Por ejemplo, evitar que personas que no estén ayudando a conservar afirmen que lo hacen. En mi país, al momento de registrar un área, debe manifestarse que será a perpetuidad y debe quedar establecido en los registros de tierras. En los Países Bajos se ha creado un sistema privado de certificación, con reglas claras y un consejo. Estamos de acuerdo, aunque en el asunto de la privatización de la naturaleza, un punto fundamental es cómo respetar los derechos de las comunidades. Sin embargo, esto depende de las reglas de cada país.
La tradición de áreas protegidas era que las declaraban los gobiernos, pero ha quedado demostrado que no es la mejor práctica porque no involucra a las comunidades locales
P. Recibimos con frecuencia noticias sobre especies que han desaparecido. ¿Qué ejemplos positivos puede usted comentar?
R. Desgraciadamente, los factores que favorecen la pérdida de biodiversidad siguen teniendo fuerza: la contaminación, la dispersión de especies invasoras, el consumo y producción no sostenibles y los cambios climáticos. Pero, al mismo tiempo, tenemos una buena cantidad de noticias alentadoras, aunque no están a la misma escala que las negativas. Los países han cambiado su marco legal; tienen un marco fuerte para proteger la biodiversidad. En las últimas dos décadas aumentamos en más del 100% la extensión de las áreas protegidas. Cerca del 15% de los ecosistemas terrestres ya son áreas protegidas. Eso no quiere decir necesariamente que estén todas bien manejadas. Hay que mejorar. Alrededor del 10% de los ecosistemas marinos ya están protegidos, y está creciendo. El trabajo de evaluación de especies amenazadas también ha aumentado mucho en los países. Hay mecanismos, como lo son las listas de especies en riesgo y programas para especies específicas. Hay especies que se están recuperando. Tomemos el ejemplo de las ballenas, después de que en los años ochenta se pusiera en marcha la moratoria contra su caza. Las aves también tenían muchos problemas por pesticidas, sobre todo las carnívoras, y el halcón peregrino y el águila real se están recuperando. Tenemos que reconocer que continúan las amenazas para la preservación de la biodiversidad, pero hemos demostrado que muchos esfuerzos de conservación son efectivos.
P. ¿Qué medidas específicas se pueden aplicar para combatir el problema de los plásticos acumulados en los océanos?
Debemos pensar más sobre el destino de la basura que muchas veces llega a los océanos. Debe existir un esfuerzo de los gobiernos, de las industrias y también de los consumidores
R. Es un asunto sumamente preocupante. El convenio organizó una conferencia en Baltimore (EE UU) hace casi dos años sobre el tema y lo seguiremos discutiendo en Cancún. Tenemos ya un borrador para una serie de medidas prácticas que ayuden a combatirlo. Hay que modificar hábitos de consumo. Recuerdo que antes en un supermercado a uno le daban bolsas de papel que son biodegradables. Ahora los plásticos son más baratos y es un problema. También debe ser una cuestión de incentivos. Algunos gobiernos locales han creado medidas para aumentar el precio de los plásticos, y existen iniciativas tecnológicas como plásticos biodegradables, que son más costosos, pero hay que considerarlo. Debemos pensar más sobre el destino de la basura que muchas veces llega a los océanos. Debe existir un esfuerzo de los gobiernos, de las industrias y también de los consumidores.
P. ¿Y retirar los plásticos que ya flotan en el mar?
R. Se hace a una escala pequeña, porque por ejemplo en el Pacífico el volumen es inmenso y retirar ese plástico tiene un costo muy alto, aunque no hacer nada también es costoso. Debemos utilizar otras tecnologías. Los animales consumen el plástico porque creen que es alimento. Hay investigaciones recientes donde se identificó que algunos plásticos liberan productos químicos que atraen a las aves. Esto se podría cambiar con tecnología. Es un asunto que va más allá de los recipientes de plástico. También están los microplásticos que encontramos por ejemplo en los cosméticos. No se descomponen y entran en la cadena alimenticia.
P. ¿Qué opinión tiene usted sobre la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y su impacto en la protección de la biodiversidad? Pese a que este país no forma parte oficialmente de su organismo, participa en diversas iniciativas.
R. Tenemos preocupaciones. Efectivamente, Estados Unidos no forma parte del convenio, aunque recibimos a muchos de sus delegados en nuestras reuniones. Hasta ahora existe una diferencia de percepción entre el Congreso estadounidense y la administración federal. El Congreso no ha ratificado el convenio, pero la administración federal, hasta donde puede, utiliza el convenio como una referencia, como es el caso en asuntos del Instituto Nacional de Salud y del Servicio Nacional de Parques. Estados Unidos es el país que más contribuye con el GEF, nuestro principal mecanismo financiador para proyectos. Aunque, evidentemente, sería mejor que Estados Unidos ratificara el convenio. Nos preocupan las declaraciones de Trump como candidato. Ha dicho por ejemplo que no cree en el cambio climático. Sin embargo, debemos esperar para saber qué hará como presidente. Está claro que si Estados Unidos no apoya las iniciativas para disminuir las emisiones de gases de invernadero, esto va a perjudicar a todo el mundo. Va a facilitar que los cambios climáticos lleguen más rápido, afectará a los seres humanos e impactará muy fuerte en la biodiversidad. Estos cambios los vemos ya. Muchos peces cambian de zonas por la temperatura del agua y hay señales preocupantes en los ecosistemas terrestres. Si Estados Unidos boicotea los planes, esto tendrá un impacto importante en la biodiversidad.
Jaime Porras para ELPAIS.com

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