24 de agosto de 2015

Evidencias del cambio climático en España

Carlos AlfonsoGeógrafo.
Fernando PrietoEcólogo.
Observatorio de Sostenibilidad (OS).
El Cambio Climático es quizá la prueba más evidente de la distorsión que puede provocar la actividad humana en el funcionamiento de los ciclos naturales a gran escala y la mayor amenaza escala mundial que tiene la humanidad. Lo afirman Naciones Unidas, la UE, la EPA, el MAGRAMA… lo dice la Ciencia.
El Cambio Climático va a afectar a toda la población mundial. Todos los grandes documentos marco de Naciones Unidas, la UE, diferentes Observatorios globales y temáticos advierten sobre la necesidad de hacer evolucionar los modelos de desarrollo hacia la “sostenibilidad”. En muchas ocasiones es difícil definir lo que es sostenible, pero la Insostenibilidad si que es evidente. El término “desarrollo sostenible” o “sostenibilidad” delimita líneas rojas que la Ciencia aconseja no cruzar. Dichos límites son cada día mejor conocidos. Algunos ya han sido sobrepasados y la consecuencia más perceptible y peligrosa es el Cambio Climático Global. Éste es y será especialmente severo en algunas regiones del planeta y se fortalece a través de sinergias de origen más local o regional relacionadas con el grado de talento y con la honestidad de la gestión territorial. La Cuenca Mediterránea es una de esas regiones.
El constante incremento en las temperaturas, la dilatación del periodo estival y la reducción de las precipitaciones en verano no son percibidos como un problema por la mayoría de los turistas y nuevos habitantes de la costa española: pese a la demostración científica de que algo está ocurriendo, ellos pueden todavía continuar regando sus jardines y disfrutar de sus piscinas. Presumimos de nuestro clima y de ser una potencia turística. Lo somos y por la ley de oferta y demanda, hemos convertido nuestras costas (especialmente la mediterránea) en una urbanización. Ha sido un gran negocio que hizo aumentar el PIB y ha producido durante años titulares económicos espectaculares, incompletos y, quizá, insolentes, en parte también por la inestabilidad de los países del sur de la cuenca mediterránea. Pero, aunque no se publicite, este panorama puede cambiar en poco tiempo porque en España la funcionalidad del ciclo hidrológico, del que forma parte la dinámica climática, está seriamente amenazada, especialmente en el Sur y en el Mediterráneo. El sol inmutable y el calor apetecidos por los visitantes y nuevos pobladores de las costas españolas es el mismo que ha arrasado las montañas del norte de África y Oriente Medio en épocas anteriores. A la dinámica de expansión del cinturón desértico africano tropical se unió la deforestación temprana en épocas históricas llevada a cabo sobre ecosistemas muy frágiles por las sociedades preindustriales del Magreb y del Creciente Fértil.
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Figura 1. Algunas evidencias del cambio climático
Un proceso similar al acaecido en la costa mediterránea africana se produjo en las montañas de Almería y de Murcia debido a la deforestación acelerada para alimentar los complejos mineros en los siglos XVIII y XIX. En estas montañas el inicio del proceso de degradación climática es anterior al de los territorios situados más al norte y podría ser ya irreversible. El cambio climático pone en peligro en la actualidad la evolución de los ecosistemas restaurados antaño, como Sierra Espuña, ejemplo de coherencia en las béticas murcianas de principios del siglo XX; las estadísticas meteorológicas demuestran que el cambio climático severo comenzó en la porción del Sistema Ibérico más cercana al litoral (Albarracín, Gúdar, Javalambre, Maestrazgo, Sierra de Espadán…), más al norte que las béticas, hace solo unas décadas (años 80); existen indicios preocupantes de alteración en las cordilleras prelitorales y litorales catalanas, en los Pirineos y en el sur de Francia que es preciso investigar e informaciones de procesos de degradación ya consolidados en el sur de Italia (provincias de Basilicata, Calabria, Cerdeña, Sicilia y otras islas mediterráneas). En general, los cambios más contundentes se producen en las latitudes meridionales de la Cuenca Occidental y se extienden paulatinamente hacia el norte mediante un proceso de retroalimentación sinérgico veloz y obstinado. Los avisos no se circunscriben al oriente español: el OAPN (Organismo Autónomo de Parques Nacionales) ha detectado pérdida de tormentas estivales en el Sistema Central que ponen en peligro la regeneración natural de los bosques de pino albar en Guadarrama y Somosierra, a las puertas de Madrid, cuya degradación afectará al abastecimiento de agua de la capital.
En gran parte de España son las montañas las que garantizan los servicios ecosistémicos de las concentraciones urbanas. Es preciso planificar con inteligencia en ellas a gran escala. Al mismo tiempo, es necesario optimizar el desarrollo urbano y frenar la insensatez. Las zonas rurales concentran tan solo el 20% de la población española; las áreas montañosas suelen ostentar el record de baja densidad de población, pero su salud ecológica es clave para la funcionalidad del ciclo hidrológico que garantiza los bienes y servicios del 80% urbano restante. Si no es así, los complejos urbanos y turísticos se quedarán sin recursos.
En el Informe del IPCC AR5 se recogen evidencias de cambio climático en todo el planeta. Nos jugamos mucho más que la reputación por haber firmado el Protocolo de Kyoto y estar lejos de cumplirlo: la EEA alerta de que en España la brecha entre lo que se tendría que haber reducido y las emisiones reales es, comparativamente, muy grande; supone un 13%, cuando la media de los países europeos es del 1,9% (SOS 2014. Informe de 2014 de Sostenibilidad en España. Observatorio de Sostenibilidad).
La ausencia de políticas de choque es inexplicable ante evidencias de todo tipo:
Las precipitaciones anuales han disminuido ligeramente a nivel nacional pero su tipología ha variado y su distribución temporal se ha distorsionado, volviéndose más irregulares e impredecibles. La característica sequía estival común a todos los climas mediterráneos se ha agudizado y las ciclogénesis mediterráneas (gotas frías) han variado sus patrones temporales y su violencia. La década 2000-2010 registra los valores más bajos de precipitación anual desde el año 1950. Las campañas de investigación del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM; organismo consultor de la UE en materia de legislación) en la Comunidad Valenciana y en el cinturón montañoso fronterizo con Aragón demuestran sinergias entre el cambio climático global y determinadas acciones desgraciadas de gestión del territorio.
Ya en 1996, durante la Conferencia Internacional sobre Hidrología Mediterránea celebrada en Valencia, meteorólogos e hidrólogos coincidían en el descenso casi generalizado de los caudales de los ríos españoles. Un 95% de este declive era atribuido a las detracciones de recursos hídricos para usos agrícolas y consumo urbano; pero el otro 5% encontraba su explicación en causas naturales derivadas del cambio climático: llueve menos y la tipología de las precipitaciones ha variado. Desde las primeras décadas del siglo XX hasta ahora la merma de recursos hídricos fluviales en España ha sido constante, a razón de un -0,37% anual. El río Ebro, el más regular de los ríos españoles, es un caso paradigmático: ha sufrido una pérdida de caudal del 0,463% anual entre 1915 y 1995. Estudios recientes (Agua y Cambio Climático. Diagnosis de los impactos previstos en Cataluña. 2009) indican que el Pirineo leridano es una de las zonas con peor evolución temporal en precipitación, con una pérdida de 150 mm anuales en algunos puntos. Este hecho influye en la dimámica del río. A nivel regional, en Cataluña no se registran series de precipitación con una tendencia positiva significativa y en el 78% de las estaciones la tendencia es negativa. Cataluña está muy al norte y hay notificaciones de problemas similares en el sur de Francia. La desintegración del clima en el Mediterráneo tiene responsabilidad en las lluvias catastróficas estivales que se abaten sobre Centroeuropa porque el clima forma parte de un sistema planetario interrelacionado. La severidad del cambio climático es evidente y las decisiones de gestión territorial contribuyen a agravar el problema. Las investigaciones del CEAM en comarcas situadas al sur de Cataluña verifican pérdidas de tormentas estivales del orden del 15% de la precipitación anual relacionadas con el cambio de uso del suelo en la costa y las áreas agrícolas intensivas. En el sur del Mediterráneo (incluido el sur de la Península Ibérica), el descenso de la precipitación anual a partir de la media de 21 modelos climáticos analizados en el Proyecto PRUDENCE (Prediction of regional scenarios and uncertainties for defining European climate change risks and effect) puede ser superior al 20%. Este descenso sería más notable en verano y alcanzaría pérdidas de entre el 30 y el 50%; en invierno, sin embargo, la variación pronosticada sería tan solo del 5%. Son proyecciones similares a los resultados empíricos obtenidos por el CEAM en las cuencas altas de los ríos Mijares y Palancia, uno de los lugares de Europa mejor conocidos a nivel micro/mesoclimático. Dichas investigaciones son un ejemplo a seguir.
Han disminuido también los recursos nivales: los glaciares de los Pirineos aceleran su desaparición; el número de días que abren las estaciones de esquí por disponibilidad del recurso es muy inferior al de otras décadas. Por ejemplo, en Navacerrada (Madrid) se recoge un descenso en un 41% del numero anual de días con precipitación de nieve en el periodo 1971-1999.
Hechos menos evidentes para el gran público como son la evolución del grado de humedad de los suelos y la evapotranspiración del complejo suelo/vegetación brindan también datos preocupantes. Sobre la costa también se han detectado impactos: el incremento del nivel del mar, nivel medio del mar local, extremos de nivel del mar, cambios en oleajes, temperatura superficial del agua y acidificación de los océanos. La vegetación ya ha empezado a adaptarse y a desaparecer de algunas zonas. En los bosques ya hay movimientos altitudinales y desaparición de endemismos afectados por la disponibilidad de agua y la evolución de las temperaturas. Los incrementos de periodos sin precipitación y la sequedad del ambiente también afectan y afectarán a la magnitud e intensidad de los incendios forestales. La biodiversidad está en peligro: es posible observar en la actualidad cambios en la etología de las aves, los mamíferos, los insectos y los peces. Un pajarillo nos da el ejemplo: la vida se abre camino para bien o para mal y el “camachuelo trompetero” (Bucanetes githagineus), especie emparentada con los jilgueros y los canarios, instalado en Canarias desde hace miles de años, ha dado el salto desde el Magreb hasta el sudeste español, animado por el aumento de las temperaturas y el descenso de las precipitaciones. Es el primer caso del que se tiene conocimiento en la Península Ibérica sobre una colonización continua de un nuevo territorio con migraciones constantes. Preparémonos, utilicemos la inteligencia y seamos valientes y precavidos a la vez, como el camachuelo. El pájaro parece creer en la evidencia climática con mayor seriedad que nosotros mismos
Respecto a las temperaturas, el año 2014 acaba de confirmarse como el más cálido de la historia. Aún no ha terminado 2015 y no podemos determinar su aportación a las tendencias estadísticas climáticas. La ola de calor que comenzó a finales de Junio de 2015 (la AEMET ha confirmado que ha registrado una única ola de calor y no varias) se ha prolongado durante más de un mes y duplica en duración a la de 2003, que golpeó durante 16 días. El mes de Julio de 2015 es ya el más cálido de la serie histórica con una temperatura media de 26,5 ºC, que supera en 2,5 ºC la media del mes y en 0,3 ºC la temperatura media mensual máxima que se registró en Agosto de 2003. En lo que llevamos de 2015 el desplazamiento de la corriente en chorro ha favorecido que los vientos soplen desde el sur en España y en buena parte de Europa. Los meses de Marzo, Abril, Mayo y Junio han sido más cálidos que la media con desviaciones notables en algunos casos, como la del mes de Mayo (ya se produjo un corto episodio de ola de calor durante este mes): Mayo computó 2,4 ºC por encima del valor medio, situado en 16,6, y los días 13 y 14 se superaron los 40 ºC en algunas estaciones del Guadalquivir y de la costa mediterránea. O el de Junio, con una media en España de 22,5 ºC, 1,6 por encima de la media según los datos oficiales facilitados por la AEMET. Las olas de calor son habituales en España y la ocurrencia de una tan prolongada no se puede considerar por sí sola como representativa de ninguna tendencia concreta. Eso será interpretado el año que viene. Pero estos hechos desmesurados se graban en nuestra memoria y contribuyen a la apreciación de que algo no está funcionando como debiera. Lo cual deprime un poco.
Pero hay razones importantes para deprimirse porque la temperatura de este año hasta la fecha se está manifestando más cálida que la del año 2014. Hasta la fecha, 2015 se sitúa casi exactamente en el valor medio predicho por los modelos. Los modelos predictivos se ajustan casi con total perfección con las mediciones reales.
Las últimas simulaciones del modelo CMIP, que se utiliza en las simulaciones del IPCC, junto con cinco conjuntos de datos de temperatura procedentes de modelos diferentes indica que las mediciones reales se encuentran dentro del rango de incertidumbre de los modelos y se sitúan ligeramente por debajo de las predicciones de los modelos hasta 2014. Pero si añadimos los datos de temperaturas medidas disponibles hasta Junio de 2015, la realidad se sitúa casi en la media de la predicción del modelo. Cada vez es más difícil negar el Cambio Climático y su origen.
Para regenerar en lo posible los ciclos naturales en el Mediterráneo son necesarias soluciones de raíz natural que trabajen en la gran escala territorial. En la UE se denomina “infraestructuras verdes” a este tipo de actuaciones de gran envergadura, decisivas para afrontar problemas de la dimensión del Cambio Climático y la destrucción de la biodiversidad y de los servicios ecosistémicos, que ponen en peligro la propia socioeconomía en el corto plazo. Han de ser soluciones sistémicas basadas en la comprensión y el respeto de los ciclos naturales. Han de ser económicamente viables. Son el tipo de solución que promueven las grandes iniciativas de financiación como LIFE y H2020. Cada vez estamos más seguros de que los simuladores funcionan. Y ese hecho nos tiene que permitir planificar mejor el futuro.

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