23 de octubre de 2017

Cápsulas de café: un grave problema ambiental

capsulas de café medioambiente
Más de 7 mil millones de cápsulas de café, elaboradas con aluminio, se tiran a la basura cada año.
Tomar un café de cápsulas monodosis quizás no tenga esa cremosidad del clásico espresso, ni el toque bohemio de las viejas cafeteras italianas. Pero es cómodo, rápido, y la amplia variedad de sabores y tostados hacen que los más sibaritas puedan cambiar de gusto cada día.
Estas pequeñas cápsulas, sin embargo, tienen un problema: sus materiales no son biodegradables. Cada cápsula de seis gramos de café requiere otros tres gramos de envoltorio, que en su mayoría son aluminio y plástico que no se recicla, o que se tira en el contenedor equivocado. Y eso sin contar el cartón o plástico del envase que las resguarda.

El segundo producto más consumido del mundo

El café es el segundo producto que más se consume en el mundo, por detrás del petróleo. Según el banco cooperativo Rabobank, la venta de cápsulas ha crecido un 26% en la última década, y ha superado ocho veces al resto de modalidades de preparación de este producto. Un estudio de Kantar Worldpanel calcula que en pocos años más, el café monodosis superará al molido y el soluble. ¿Y dónde van la mayoría de estas cápsulas? A la basura.
Una de las productoras de envases biodegradables, Halo, calcula que cada minuto se tiran 13.500 cápsulas de aluminio y plástico al cubo de residuos, o sea que en un año, hay más de 7 mil millones de cápsulas que tardarán al menos un siglo en reciclarse en forma natural. Dicen los amantes de las estadísticas que si se colocan una al lado de la otra, estos pequeños envases podrían dar la vuelta al mundo 14 veces.
El impacto ecológico es tan grande que hasta John Sylvan, el creador de las monodosis K-cup –el modelo más popular en Estados Unidos- se arrepiente de su invento. “Yo ya no las uso, son muy caras”, dijo, y en tono apocalíptico, afirmó a la revista The Atlantic “no importa lo que digan los fabricantes, las cápsulas no se pueden reciclar”.

Consecuencias colaterales

Ya hay más de 1,5 millones de personas que cada día toman dos o tres cafés monodosis, lo que también ha acarreado mayores gastos en aras de la comodidad: de comprar paquetes de medio kilo a cinco o seis euros (11 o 12 euros por kilo), se ha pasado a las cápsulas que incrementa el precio del kilo a 50 euros.

El reciclaje incorrecto

Un problema de este tipo de producto es que los consumidores lo reciclan de forma incorrecta. Las regulaciones no lo consideran como un envase, y no debe tirarse en el contenedor amarillo. Si alguna persona trata de vaciar el café y tirar la cápsula de aluminio, siempre quedarán restos orgánicos.
Nespresso, la principal compañía mundial de venta de monodosis, cuenta con más de 900 puntos donde los clientes pueden acercar las cápsulas usadas. En todo el mundo cuentan con 14.000 centros, y los portavoces de la empresa dicen que para el 2020 esperan tener la capacidad para reciclar el 100% de su producción.
Pero no todas las personas tienen tiempo o conciencia para acercarse al punto de reciclaje: se calcula que sólo una de cada cinco se preocupa en recolectarlos y entregarlos.

La alternativa de las cápsulas bio

Una solución al problema ecológico puede venir de la mano de las cápsulas biodegradables
Una de las empresas que las ha lanzado al mercado es Cafés Novell, cuyas monodosis son compatibles con las máquinas Nespresso. La empresa catalana quiere aprovechar la corriente de conciencia ecológica de muchos consumidores y aspiran a vender 500.000 unidades al año, de unas cápsulas que se pueden desintegrar entre uno y tres meses.

Materiales

El secreto está en el plástico biodegradable con que se fabrican las monodosis. Se trata de Ecovio, un material creado por Basf producido en base a un poliéster llamado Ecoflex
El secreto está en el plástico biodegradable con que se fabrican las monodosis. Se trata de Ecovio, un material creado por Basf producido en base a un poliéster llamado Ecoflex (también desarrollado por la multinacional germana) y el biopolímero PLA, elaborado con almidón de maíz.
Un papel reciclable recubre la parte exterior de la cápsula, y en su interior se encuentra este tipo de plástico biodegradable. Además, la estructura se unifica con un adhesivo compostable llamado Epotal Eco, otra creación de Basf. De esta manera, se evita –como las demás cápsulas- que la humedad, el oxígeno o la luz perjudiquen al producto.

Más marcas en el mercado

Otra marca que presenta sus cápsulas biodegradables es Café Ético, la filial de Ethical Coffee Company, fundada por el ex director general de Nespresso Jean-Paul Galliard, en 2008. Precisamente, las cosas con su antigua empresa no terminaron bien y la compañía de Nestlé les hizo juicio por la patente de sus famosas cápsulas, demanda que el gigante de la alimentación perdió y dio alas a esta nueva empresa de presentar cápsulas ecológicas y vender café de productoras englobadas en el comercio justo.
Estas cápsulas se fabrican “a base de fibras vegetales de procedencia 100% biológica”, informa la empresa, y asegura que en seis meses se degrada gracias a un sistema de compost industrial. Al momento de tirarlo, hay que arrojarlo al cubo de basura orgánica.

Iniciativas

Hay compañías que fabrican cápsulas “a base de fibras vegetales de procedencia 100% biológica”, asegurando que en seis meses se degradan gracias a un sistema de compost industrial
Cabú Cofee es otra empresa que pretende conquistar el mercado con sus cápsulas biodegradables, que se pueden desechar en los contenedores orgánicos, y sus modelos son compatibles para las máquinas de Nespresso y Dolce Gusto.
La avanzada ecológica contra las tradicionales cápsulas va en paralelo a la expansión de este sistema. En Hamburgo, su gobierno municipal ha prohibido la compra de máquinas y cápsulas en todas las dependencias de la administración pública –entre otras medidas de consumo sostenible-. Quizás con la llegada de estas nuevas cápsulas los funcionarios de esta ciudad del norte de Alemania puedan volver a tomar un café monodosis en una pausa de su trabajo.
Publicado en La Vanguardia
Fuente Ecoportal.net

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