4 de abril de 2016

Invocar la lluvia

Las nubes albergan en su interior una cantidad de agua descomunal. El volumen de una nube de pequeño tamaño puede alcanzar los 750 kilómetros cúbicos. A razón de medio gramo de agua por metro cúbico, lo que inicialmente parece una delicada pelusa atmosférica se convierte en todo un lago flotante.
Pero pongámonos en el lugar del agricultor, que ve cómo las nubes sobrevuelan sus campos resecos cargadas con el agua suficiente para salvar la cosecha y librarlo de las deudas. Sin embargo, tales nubes solo dejan caer unas pocas gotas antes de esfumarse en el horizonte. Esa exasperante situación motiva que en todo el mundo se inviertan cada año millones de dólares para tratar de controlar la lluvia.
En Estados Unidos, está creciendo el deseo de exprimir más humedad del cielo, sobre todo este año, que viene siendo el cuarto consecutivo de sequías intensas. Desde 2010, en gran parte de las grandes llanuras y el suroeste del país, las precipitaciones han descendido entre uno y dos tercios, mientras que los precios del maíz, el trigo y la soja han aumentado hasta un 25 por ciento. California, donde se cultiva gran parte de la fruta y la verdura de la nación, aún debe reponerse de los tres últimos años de sequía, que han dejado los embalses medio vacíos y han mermado de forma alarmante las acumulaciones de nieve. En febrero, el Servicio Meteorológico Nacional comunicó al estado que la posibilidad de recuperación en un futuro próximo era de uno en un millar. La falta de humedad llevó a los cultivadores de almendra a derribar sus árboles, y hasta el agua potable se vio amenazada.
Millones de personas en el planeta viven en condiciones de extrema sequía y 168 países han alcanzado ya cierto grado de desertificación. Australia ha padecido durante nueve años los estragos de la denominada Gran Sequía. Turquía también ha experimentado la peor de la década. Brasil, China y algunos países de Oriente Medio y el sur de Asia han sufrido drásticas restricciones de agua. Y si la Organización Mundial de Meteorología de las Naciones Unidas está en lo cierto, el cambio climático no hará más que empeorar la situación. A pesar de que solo un 0,04 por ciento del agua dulce del planeta flota en la atmósfera en un momento dado, podríamos acceder a ella con ingenio y suerte.
Algunos visionarios realizan experimentos invadiendo la atmósfera con iones para extraer más humedad del cielo. Pero el principal método para obtener mayores precipitaciones consiste en «sembrar» las nubes, es decir, introducir en ellas sustancias químicas. En 2012, una docena de operadores en nueve estados de EE.UU. practicaron la siembra de nubes en más de 215.000 kilómetros cuadrados. Por su parte, el Gobierno chino despliega un «ejército meteorológico» constituido por 48.000 personas armadas con 50 aeroplanos, 7000 lanzacohetes y 7000 cañones con el fin de favorecer las lluvias.


En síntesis

La siembra de nubes constituye la actividad central de un sector valorado en millones de euros. Sin embargo, durante mucho tiempo ha sido casi imposible demostrar su eficacia.
Los nuevos datos obtenidos a partir de satélites y radares, así como unos modelos computacionales más potentes, han brindado credibilidad a la práctica de la siembra de nubes con yoduro de plata.
Mientras tanto, a medida que nos adaptamos a un planeta cada vez más cálido, siguen apareciendo nuevas y dudosas formas de controlar la meteorología, como la ionización atmosférica.
 
Dan Baumm para Investigación y Ciencia


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