19 de noviembre de 2013

Fracturación hidráulica y contaminación del agua

En Pensilvania, cuanto más cerca vive uno de un pozo utilizado para la obtención de gas natural mediante fracturación hidráulica (fracking) de pizarras subterráneas, más probable es que su agua potable esté contaminada con metano. Esta conclusión, incluida en un estudio publicado en junio en Proceedings of the National Academy of Sciences USA, constituye el primer paso para determinar si los procesos de fracturación hidráulica en la formación de pizarras Marcellus, presente en el subsuelo de gran parte del estado de Pensilvania, son los causantes de la contaminación del agua potable en esa región.
Robert Jackson, ingeniero químico de la Universidad de Duke, encontró metano en 115 de 141 pozos superficiales residenciales de agua potable. La concentración de metano en hogares a menos de kilómetro y medio de un pozo de fracturación era seis veces superior a la de los hogares más lejanos. Los isótopos y restos de etano en el metano indicaban que el gas no había sido creado por microorganismos en los acuíferos subterráneos, sino por calor y presión a cientos de metros de profundidad en la formación rocosa Marcellus, que varias empresas fracturan para liberar el gas y hacer que suba hasta la superficie por un pozo de extracción.
La mayoría de las fuentes de agua subterránea se sitúan a menos de cien metros de profundidad, pero si el recubrimiento protector de metal y hormigón en torno a un pozo de fracturación tuviese filtraciones, el metano podría escapar y afectar al agua subterránea. Sin embargo, el estudio no demuestra que los procesos de fracturación hayan contaminado pozos concretos de agua potable. «Mi objetivo no es acabar con la técnica», afirma Jackson. Las compañías de perforación suelen construir los pozos adecuadamente, señala, pero, al negar incluso la posibilidad de que algunos pozos puedan tener filtraciones, han socavado su propia credibilidad.
El próximo paso para demostrar si la fracturación ha contaminado o no pozos específicos de agua potable consiste en determinar si el metano de esos pozos viene de la formación Marcellus o de otros depósitos. Las compañías energéticas afirman que el gas puede filtrarse de forma natural desde capas muy profundas a través de fisuras en la roca y que, por lo tanto, determinar su origen no resulta fácil. No obstante, algunos científicos defienden que el análisis químico del gas puede revelar si subió burbujeando lentamente a través de cientos de metros de roca o rápidamente por un pozo con filtraciones. Jackson está analizando ahora muestras de metano con esa finalidad.
Otra forma de vincular las filtraciones de un pozo de fracturación con el agua contaminada de un pozo doméstico consiste en mostrar que el terreno entre ambos incluye itinerarios por los que podría fluir el gas. Primero, sin embargo, habría que identificar los pozos con filtraciones. Anthony Ingraffea, experto en fracturación hidráulica de la Universidad Cornell, está revisando minuciosamente los informes de inspección de la mayoría de los 41.311 pozos de gas perforados en Pensilvania desde enero de 2000. Hasta ahora, señala, parece ser que hay un «porcentaje mayor» de filtraciones en los pozos de fracturación de la formación Marcelus que en los pozos tradicionales de petróleo y gas perforados en otras formaciones. Las investigaciones deben continuar.

Investigación y Ciencia

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